PRESUMIR DE PERRO

Me citó a las 6 de la tarde en la puerta principal del Mercadona. Pero sabiendo que él estaba dentro no me atreví a entrar. Tras media hora de espera, le vi salir con un compañero y pasar a mi lado sin mirarme. Yo sabía que mi obligación era seguirle dócilmente sin llamarle, y menos aún, colocarme a su paso. Cuando llegaron a la parada del bus se despidió de su colega  y entró en el C. Comercial que estaba a tan sólo unos metros. Le seguí. A los pocos minutos recibí un guasap suyo: “Acércate maricón y ponte a mi lado. Invítame a un café y a una copa. Después te cuento lo que hoy me apetece hacer contigo”.

Ha llegado el momento de confesaros algo que muy a menudo me desconcierta respecto a la actitud de algunos tíos dominantes: Soy un chaval de 21 años, aspecto cordial y agradable, y quizá por haber heredado los rasgos nórdicos de mi madre puedo despertar cierta curiosidad. En una ciudad como Sevilla, mi presencia física puede causar dos reacciones: o causo cierto interés, o directamente me rechazan. Aún no sé el motivo por el que suelo atraer y gustar gustar más a las tías que a ellos, digamos que en su coqueteo ellas son más explícitas en este tema. Pero curiosamente, con los tíos dominantes con los que he mantenido una relación en esta ciudad, me ha dado la impresión que presumíam de tener en propiedad a un perro obediente y de “otra raza” que les seguía a todas partes sin rechistar. ¿Se puede presumir de perro?. Si hay algo que realmente me molesta de esta ciudad es el postureo y ese afán por quedar siempre por encima a costa de utilizar la mofa, el cinismo, y el insulto camuflado de guasa. Si existir significase “vivir en el exterior”, este lema les vendría como anillo al dedo.

– ¿Te gusta mi perra? es modosita y educada. Viene de por ahí arriba.

– illo, pues las modositas luego resultan ser las más putonas. Entrénala para que te sepa respetar y se entere lo que es estar con un macho andaluz.

 

Bromas todas las del mundo, eso sí, pero que no se me ocurra mirar a otros tíos, hablar con ellos, y menos aún, hacer el más mínimo comentario sobre el físico de tal o cual…. Me habría ganado una gran bronca y una buena tanda de bofetadas e insultos. Los camareros siempre ojo avizor y más listos que el hambre, son los primeros en percatarse y soltarse de la lengua. No pierden ripio para comentar entre ellos cualquier cosa y soltar una impertinencia o chascarrillo.

– ¿Te puedo hacer una pregunta sin intención ninguna de molestarte?

– (…….)

– ¿Por qué eres siempre tú el que se levanta para llevar las bebidas, las tapas, y el que siempre paga? Tu colega ¿no tiene piernas?. Yo respeto el rollo de cualquiera,soy muy liberal, pero nunca he visto a un tío que mire de la manera con la que  tú miras y le hablas a tu colega. No es que sea raro ni feo, al contrario… Mis compañeros de barra y yo lo hemos comentado, no sé si es que sois hermanos, o algo especial… pero es algo muy bonito que nos llama la atención.

Obviamente esta conversación tuvo lugar porque mi alfa no estaba presente y a punto de regresar del baño. En otra ocasión, con otro camarero y en un bar distinto, fue a preguntarme algo y mi alfa acudió como una flecha.

¿Pasa algo?

– No , nada. Creo que el camarero me iba a preguntar algo..

– Pues cuando te digan precisamente esto: ¿Te puedo preguntar algo? responde “depende de qué”. Punto. Y me avisas, que yo me encargo de responder. Y ahora vete a tu sitio.

Me indicó que entrase con él en los servicios del C. Comercial Los Arcos.  Para mi asombro estaba repleto de chicos jóvenes y hombres de diferentes edades. Él dominaba perfectamente la situación y todos los códigos y señales a seguir, pero yo no. De un empujón me metió en uno de los cubículos situado en el lateral izquierdo de los servicios dejando la puerta entreabierta.. Al poco tiempo se sacó la polla que ya la tenía morcillona y empezó a pajearse discretamente. No tardaron mucho en insinuársele algunos de los que estaban más cerca de nosotros disimulando que meaban cuando en realidad se estaban pajeando para mantener en erección sus badajos.

Entraron dos que mi amo seleccionó, y tras cerrar la puerta,  me colocó de rodillas frente a ellos. Uno, parecía tener mi edad con aspecto de estudiante, el otro, con aspecto de mecánico, obrero, o conductor de furgonetas, no sé.. podría rondar la treintena. Cuando se desabrocharon la bragueta percibí el olor de sus pollas, la humedad de sus capullos que empezaban a aumentar de espesor y tamaño. Mi macho alpha me tenía sujeto por detrás con una cadena al cuello que siempre llevaba consigo cuando salíamos a la calle. Como dije antes, yo seguía arrodillado ante ellos.

– Hazle una buena mamada a estos tíos y trágate sus pollas como te he enseñado a hacerlo. Sin grititos, gemidos, ni aspavientos.

Ya he comentado en varias ocasiones que jamás me atrevería a tener sexo con desconocidos y, menos aún, si es en lugares públicos y estoy solo. Aunque me da mucho morbo cuando me lo cuentan o veo vídeos sobre el tema, no sé por qué motivo la ansiedad y el miedo me comen y me dejan completamente paralizado. Este estado de miedo y bloqueo por mi parte es lo que más puede excitar a un alfa dominante; es la oportunidad idónea para ejercer su dominio y control. Pero ¡ojo! resalto muy claramente la palabra “control”… un verdadero alfa no expone a su sumiso a ninguna violencia gratuita, a ningún riesgo para su salud e integridad física, domina en todo momento la situación y como un buen piloto de fórmula 1 conduce a la perfección: en eso radica su mayor disfrute. Y ese control que él ejerce sobre mí es lo que consigue relajarme y entregarme por completo a su voluntad: a pesar del tono enérgico de voz que emplea, de su actitud de chico duro y agresivo que muestra ante los otros, os puedo asegurar que en su modo de sujetarme con sus brazos, de aferrarme y aplastarme contra su cuerpo, su polla en erección dejando rastros de líquido lubricante sobre mis nalgas, su respiración, etc.. noto claramente como me protege del peligro y estaría dispuesto a cualquier cosa por defenderme llegado el caso. Hablo de mi experiencias reales con ellos, y me molesta cuando los retratan como sádicos y monstruos sin escrúpulos. Un esclavo beta (pussyboy) sólo sirve y obedece a un alfa al que dedica toda su obediencia y veneración. Pero hay muchas maneras de disfrutar del BDSM, del juego de roles, de acudir a una sesión (aún no he asistido a ninguna) con un master donde con absoluto respeto se establece un protocolo y unos límites. Igualmente existen muchos tipos de sumisos y esclavos: algunos necesitan sentir que sirven sólo para dar placer al amo, el placer del amo es lo único que cuenta, y otros… incluso no ser ni personas sino sólo objetos.

Empecé a mamársela primero al estudiante que además de un bonito cuerpo, tenía una buena tranca con dos hermosos huevos colgando entre los muslos. A pesar de notarle claramente excitado y disfrutando de mi mamada, percibí en él un cierto tacto y educación en su comportamiento conmigo. El obrero en cambio, se mostraba más impaciente y fogoso compitiendo por ser él el que mantuviese su pollón en mi boca por más tiempo. Yo alternaba como podía una polla y otra, o bien intentaba tragármelas juntas. Me excitaba ver como dos machos se prestan a que un extraño les coja las pollas para rozarlas entre sí, mirarlas, compararlas, y jugar con ellas estando tan cerca uno del otro. Me gustaba verlos tan entregados a mí. Pero cuando el obrero intentó tomar las riendas colocando sus manos en mi cabeza con intención de follarme solo él la boca, mi amo se lo impidió. Les dijo que se limitasen a que fuese yo quien hiciese todo el trabajo.

A continuación, mi amo me bajo los vaqueros hasta los pies, sacó de mi culo el plug que siempre me obligaba a llevar cuando salíamos a la calle y empezó a follarme ante los presentes como un verdadero semental.

– Correos ahora si queréis sobre su cara pero no intentéis abrirle la boca. Mi perro sólo se alimenta de mi leche.

Se deslecharon ellos primero, y después mi alfa. Volvío a introducirme el plug para mantener su esperma en mi interior. Por último nos vestimos los cuatro.

-¿Es tu novio? preguntó el que tenía aspecto de obrero.

No, es mi perra, mi esclavo. Tengo novia desde hace cuatro años.

– Joder, tío, qué suerte tienes. Ya me gustaría a mí tener a alguien así con quien hacer estas cosas y de la manera en que me gustan. Yo también tengo parienta pero no me la chupa porque dice que le da asco y le entra fatiga. Tampoco me que se la meta por el culo porque se pone a gritar de dolor. Me hubiese encantado follarme a tu chico.

Mi macho alpha le lanzó una mirada que le cortó en seco. “Mi chico” es mío y me pertenece sólo a mí. A él sólo le follo yo”. Fue el mensaje que contenía esa mirada de advertencia. Aún así, el obrero se atrevió a preguntar de nuevo:

– ¿De qué se alimenta un esclavo? antes has dicho que sólo se alimenta de ti.

– Eso sólo me incumbe a mí, y a nadie más le importa. Pero ya que te interesa el tema te diré que “mi chico” se alimenta de todo lo que le da su amo, desde unos buenos azotes hasta un trozo de carne, desde un vaso de agua hasta beberse del tirón toda mi meada. Toda disciplina, toda tortura y castigo, todo el placer que yo le pida.. forman parte del alimiento de mi niño.

Cuando le oí decir “mi niño” me estremecí, sentí un escalofrío profundo. Me hizp pensar que mi macho alpha, en el fondo, sentía un cierto aprecio por mí, me cuidaba y protegía de los intrusos como sólo un verdadero macho superior sabe cuidar y proteger lo que es de su propiedad.

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