DESPUÉS DE RECOGIDAS LAS ESPINAS

Tendido boca abajo al borde de la cama con las nalgas separadas y la cabeza lo más inclinada posible, mi Alfa después de entretenerse un rato en la contemplación de mi culo que sumisamente le ofrezco, después de azotarlo y morderlo, humedece con su boca el pequeño y delicado orificio que va a perforar y prepara la penetración con la punta de su lengua. ¿Qué soy ahora que dejo abierta la maquinaria del alma, el tic-tac de un reloj abierto que muestra las pulsaciones del deseo? – Ofrécete – me digo, nadie es capaz de un bello dolor de carnosos pétalos, de entregar su culo en su más ardiente volumen si no es por amor. Nada más tentador que horadar los oscuros abismos del ser cuando es un esclavo quien sucumbe al más fuerte.

Con una mano conduce y maneja el grueso tronco de su polla y con la otra separa mis nalgas; una vez que su furioso glande me ha penetrado, es necesario que empuje con firmeza tratando especialmente de no perder terreno. Ya no siento el alma a la izquierda del pecho, ahora es un alma que no tiene rajas, ni espíritu, ni origen… sólo una brutal y loca necesidad de placer en medio de un sentimiento de dolor y embrutecimiento animal.

A veces, si el orificio es estrechito y pequeño como el mío, se suele sufrir mucho en el momento de la penetración; pero, sin hacer caso a a mis gritos y súplicas de dolor, el verdugo ebrio de poder embiste con su polla gradualmente hasta alcanzar la meta, es decir, hasta que siento que el vello púbico que corona su duro cipote frota deliciosamente mi dilatado agujerito. y lo dilata

– Dime que quieres de mi

– (inaudible)

– No te escucho. ¿Qué carajo quieres de mí? Dí-me-lo

– Ales no puedo pensar ahora mi mente no llega hasta donde llega mi emoción. Estoy castrado por ti. He perdido el corazón por entre los cojines del sofá y no lo encuentro.

– Entonces, pídelo, suplícame.

– Fóllame como un animal hasta el punto que se licúe toda tu alma en mí, por favor, por favor.. “carnéame” (no sé por qué me acordé de Marcus carneando en su granja de Argentina a sus lechoncitos)

Llego a esa nada hambrienta que hay en mí, a ese lugar de la sensibilidad donde cuerpo y espíritu al fin de reconocen y se besan.

Es el momento en el que el macho hambriento prosigue su ruta con rapidez;

después de recogidas las espinas del dolor, todo lo que resta  no es sino un camino de rosas.

Las palpitacionesa gustosas que me producen sus embestidas hacen que contraiga prodigiosamente las paredes de mis entrañas para succionar y acariciar su polla con mi esfínter…¡maldita sea! durante toda mi adolescencia estuve entrenando los músculos de mi suelo pélvico para aprender a redoblar los placeres de un macho alpha, quien ahora colmado de satisfacción y voluptuosidad, no tardará en verter en lo más hondo de mí un esperma abundante y espeso por las lúbricas contracciones que le he proporcionado a su duro y grueso cipote. Es un perfecto código Morse que él recibe después de ajustarse a mí como un guante. Materia viva y carnosa donde ha fabricado a conciencia el molde exacto de su deseo. ¿Cómo describir el inmenso placer que me provoca en mi zona prostática su delicioso prepucio abriendo y dilatando su ojo de polifemo antes de deslecharse?

Ya no puedo pensar en mí, pero sí en la carne, en el sentido sensible de la palabra “carne” antes de que mi pensamiento se derrube definitivamente.

Anuncios

(SD)¿ME HAS ECHADO DE MENOS? (1)

PARTE 1

 Antes de irse por la mañana a trabajar, me dejó desnudo a cuatro patas atado a la pared con la cadena al cuello. No bebí ni comí nada durante las largas horas que estuvo ausente ya que los recipientes metálicos para perros los dejó vacíos. Ni tan siquiera un maldito hueso de colágeno que roer. Durante todo ese tiempo no pude pensar en nadie más que en él, tenía los apuntes de clase cerca pero no podía concentrarme en ellos. Cuando por fín oí la cerradura de la puerta me estremecí en una mezcla de miedo, euforia y terror al mismo tiempo. Se acercó a mí y dejó que le olisqueara la ropa de faena, entre lágrimas hundí el rostro entre sus piernas para besarle y lamerle el paquete. Me apartó de él bruscamente

– ¿Qué estás oliendo perra? Te has dado ya cuenta que a la hora del almuerzo he ido a casa de mi parienta a echarle un polvo ¿no?

Mientras se dirigía a la cocina se fue desprendiendo de su ropa de trabajo, pilló una cerveza del frigo y regresó de nuevo al rincón donde yo permanecía encadenado a cuatro patas. Se sentó sobre mi espalda como quien monta un potro con ambos muslos a cada lomo.. sentí el peso de sus polla  y sus huevos duros y ácidos como un limón sobre mi espalda. Tras beber algunos sorbos del botellín, vertió un poco de cerveza en el recipiente que tenía cerca.

– Bebe perra, debes estar muerta de sed.

 Hundí la nariz en el bebedero con intención de atrapar un poco de líquido acanalando la lengua como hacen los perros, pero de una patada apartó el recipiente metálico de mi rostro. Se desabrochó los vaqueros y orinó en él; a continuación, con l punta del pie me lo acercó de nuevo.

– ¿Tienes sed? pues bebe..

Estaba deshidratado después de todas las horas transcurridas, metí la cabeza y comencé a beber de su meada. Percibí restos de semen y testosterona diseminados en el líquido. No dejé ni una gota.

– Me encanta oírte beber como una perra.

aún sobre mí se inclinó para morderme en el cuello al tiempo que pellizcaba fuertemente mis pezones. Me dolió pero ahogué como pude mis gemidos. Muy cerca de mis oído me susurró:

– ¿Tienes hambre? (no dije nada) escúchame bien: voy- a -darte -la -pastilla -de -la-s vitaminas, ¿de acuerdo? si la vomitas enseguida es señal de que no has comido nada en todo este tiempo, pero si tras tragarla no ocurre nada sabré que me has engañado y el castigo será duro, te aviso.

Por suerte, la pastilla al entrar en mi estómago y mezclarse con la orina ingerida, me provocó náuseas y acabé por vomitarla.

– Buen chico, así me gusta. Que obedezcas a todo lo que te pido. Ahora toca hacerle gozar a tu macho. He follado este mediodía con mi novia, pero tú eres mi putita, ¿verdad que eres mi putita preferida? tú eres mucho mejor porque sabes darme todo lo que me gusta.

 Me acerqué a sus pies para besarlos y lamerlos. A continuación (siempre arrodillado y a cuatro patas) llegué hasta sus huevos para chupárselos e introducirlos uno a uno en mi boca. Se los acaricié dócil y suavemente con la lengua. Se los lamí con esmero. Finalmente, me introdujo su grueso cipote hasta la garganta. Yo ya había aprendido a tomar aire por la nariz y abrir la laringe al máximo para que su capullo entrase sin dificultad. Me rodeo el cuello con sus manos para claramente en vaivel de su polla invadiendo mi garganta.

– ¿Me has echado de menos? si la respuesta es afirmativa, con ese lengüita tan suave que tienes hazme la señal de “Sí” sobre mi capullo. Así muy bien: con la puntita de la lengua arriba y abajo sobre mi frenillo significa “sí, te he echado mucho de menos, amo” Y si me has echado mucho mucho mucho de menos…. además de la señal, succiona y aprieta con los labios como si tu boquita fuese un coño.Así, muy bien… Demuéstrame que eres la mejor de las putas, demuéstrame cuanto quieres a tu macho.

Volvió a sentarse sobre mi espalda, y tras deslizarse un poco por ella, pronto encontró la posición adecuada para penetrarme a cuatro patas. Me dio unos cuantos azotes en el culo y extendiendo los brazos me pellizcó los pezones. Eso era algo que realmente le excitaba porque – como ya dije en otro momento -, Él sabía muy bien que es una de las zonas más sensibles y erógenas que tengo. Mis tetillas tras manosearlas un poco y pellizcarlas aumentan un poco de volumen, y los pezones se vuelven duros y turgentes. La excitación que me produjo aquello hico que empezase a gotear líquido preseminal.

– No te vayas a correr ¿eh, zorra? que te conozco. No tienes mi permiso. Tú sólo sirves para darle gusto a tu macho y para servirle. Tu placer no cuentas, sólo eres una puta de mi propiedad y las putas no se corren.

 

 No tardó en deslecharse y vaciar el contenido de sus huevos dentro de mí. Entonces, no sé si por el efecto de las vitaminas y por todas las horas que pasé sin comer nada, sufrí un mareo y por unos segundos perdí el conocimiento. Me desplomé en el suelo después de que él me preñara. Para mi sorpresa se inclinó sobre mi y empezó a darme suaves palmaditas para reanimarme.

– Javi, Javi.. ¿estás bien? – le oí decir.

– Sí, no pasa nada. Enseguida se me pasa.