UN GRAN FRÍO, UNA ATROZ ABSTINENCIA

 El ojo queda fascinado por las cualidades del color, se excita como el paladar con un manjar picante. Del mismo modo que al tocar el hielo sólo se siente el frío físico y esta sensación se olvida cuando se calienta de nuevo el dedo, así se olvida también el efecto físico del color cuando el ojo se aparta. Pero a mí me pasa algo extraño: el cielo me fluye por las narices como una leche nutritiva y azul. De niño vi la llama, el resplandor del fuego puro, me sentí atraído por la llama, quise tocarla, me quemé, sentí miedo y respeto por ella. Y el fuego se quedó dentro, en la carne. Por eso se me da mejor calentarte las manos que decirte te amo.

El fuego que aleja la oscuridad, alarga el día, calienta los cuerpos, prepara la comida y hace gozar a los amantes.. Tuve la suerte y el privilegio de nacer y vivir en una tierra donde crecí al calor y abrigo de diferentes culturas y religiones. Aprendí a respetarlas y admirarlas de la mano y el cariño de sus gentes. Somos hijos de nuestro paisaje y él nos dicta nuestras emociones para siempre.

Sabor del color, el sol con un traje de purpurina dorada, las nubes de especias, los dulces en las ventanas.

Calor, tu mirada, bajo la ropa, el aire templado del Atlántico, tu polla clavada en la arena.

Olor, el recuerdo vivo de tu ausencia.

El sonido estridente del amarillo duele a la vista más que que el tono estridente de una trompeta al oído. Cierro la boca para imaginar el sol de mediodía… mi lengua sabe a cúrcuma ácida y asfixiante. Es esta necesidad interior la que me lleva a ti: pura intuición. Pura superficie.. ¿Pero hay algo más profundo que la superficialidad? debajo de este colorido flotante nuestros pies pisan la ciénaga.

El verde es como una vaca, gorda, sana e inmóvil, que rumiando contempla el mundo con ojos adormilados y bobos. Puedo oler sus excrementos sobre los helechos del acantilado. Han comido tantos lirios silvestres, tienen las ubres tan hinchadas, que van dejando un sendero lácteo sobre la hierba violeta. A través de la mezcla de amarillo ha entrado en juego una fuerza activa, adquiere otro matiz: se hace grave y pensativo… se hace azul. Y celeste: ese cielo del que no quiero nunca más desprenderme.

Mis ojos descansan.

El color rojo no tolera el frío, pierde su sonido y sabor. El color rojo arde, pero en sí mismo, le falta el carácter demente del amarillo

Cierro los ojos. Oscuridad. La nada anterior al comienzo, al nacimiento. quizá la tierra sonaba así en los tiempos blancos de la era glacial. Allí quiero ir en agosto…a un país de hielo, a ofrecer mi culo pequeño y redondo, imberbe y rubio, al guerrero Norte. Que me lo destroce y haga sangrar como un bebé foca sobre la nieve

El color negro suena como la nada sin posibilidades, como la nada muerta después de apagarse el sol, como un silencio eterno sin futuro y sin esperanza.

Quítame ese hilo de agua de tu lengua, te he abierto ya mis dos hemisferios, injúriame por dentro.

GOOD BOYS ALWAYS LOOK FOR APPROVAL

Llego a casa, enciendo el televisor y oigo fugazmente la noticia: “el chico adolescente disparó contra su hermano también menor de edad causándole la muerte”. No me ha dado tiempo a pillar el hilo argumental del programa. Estoy ante una historia sin principio como lo han sido la mayoría de mis encuentros. Creo deducir que el hermano mayor sometía a su víctima a severos castigos llegando incluso a la agresión sexual. Me sobresalto cuando suena inoportunamente el fijo de casa, lo que me obliga a bajar el volumen del televisor. Al parecer, el chico asesinado – sin decir nada a su hermano mayor – había conocido a su amigo en un chat y tras hacerle cómplice de su situación familiar mantuvieron durante un tiempo una relación virtual, y  posteriormente, tras largas conversaciones telefónicas se enamoraron.

– ¿Estás ahí? 

– sí, si.. perdona. Me has pillado haciéndome la cena. Tengo un filete al fuego.

Habían concertado su primera cita para ese sábado. El ilusionado joven se había imaginado a su salvador como un héroe porque le había dicho que para la ocasión se pondría unas Nike de la talla 48. Saber que su amante tenía los pies grandes le daba confianza al pobre chico.

– Estás haciéndote una tortillita ¿no?

– sí , si.

– ¿Con una sola mano?

-¿Qué ciencia hay que tener para batir dos huevos?


Cuando en el juicio le preguntaron al agresor por qué disparó contra su hermano, sólo se limitó a contestar frío e impasible: “No lo sé. Mi hermano buscaba algo, un destino. Somos negros, en mi familia no tuvimos nunca nada de eso. Además se había enamorado de un extraño”. La conversación me aparta de la historia. Me pierdo el final si es que puede tener final una historia que llegó a mí sin principio. No tengo ganas ya de cenar ese filete que se ha cocido como la suela de un zapato. Y la tortilla nunca existió porque eran mis impacientes dedos tamborileando el bolígrafo.

La historia ya estaba en mí, inevitable: ¿Quíenes eran esos dos chicos? Los dibujo en un trozo de papel e intento imaginar algunas de sus conversaciones. Grabo un audio locutando las dos voces del diálogo, pero siento la presencia del enfurecido hermano en busca de los amantes. Viene hacia mí con la polla negra en una mano, y en la izquierda un calibre 22 aún humeando. Los Alfas son ejecutores, lo sé, pero éste paulatinamente muda de piel y se va convirtiendo en blanco hasta parecerse a mi propio hermano. Detengo la grabación, y tras unos instantes de angustia, decido borrarla.

Ese día, entre los dos el aire tenía gusto de sábado. Era su primera cita, nunca se habían visto antes. Y de pronto los dos eran raros, la rareza en el aire. Ellos se sentían raros, no formando parte de las mil personas que iban por la calle. Ahora, los dos a veces eran cómplices, tenían una vida secreta que nadie comprendía. Y también porque los raros son perseguidos por la gente que no tolera la insultante ofensa de los que se diferencian. Dos chicos negros disimilando su amor para no herir a los otros con la envidia. Para no herirlos con una estrella demasiado luminosa para los ojos de los vecinos.

Y de repente, un disparo. Se acabó. Sorprendentemente sólo unas gotitas de sangre sobre las enormes Nike del gigante que no tuvo tiempo de detener al agresor y salvar a su amante…..en el último suspiro, la víctima quiso aferrarse  a aquellos pies grandes como quien besa un suelo sagrado.

(SD)¿ME HAS ECHADO DE MENOS? (1)

PARTE 1

 Antes de irse por la mañana a trabajar, me dejó desnudo a cuatro patas atado a la pared con la cadena al cuello. No bebí ni comí nada durante las largas horas que estuvo ausente ya que los recipientes metálicos para perros los dejó vacíos. Ni tan siquiera un maldito hueso de colágeno que roer. Durante todo ese tiempo no pude pensar en nadie más que en él, tenía los apuntes de clase cerca pero no podía concentrarme en ellos. Cuando por fín oí la cerradura de la puerta me estremecí en una mezcla de miedo, euforia y terror al mismo tiempo. Se acercó a mí y dejó que le olisqueara la ropa de faena, entre lágrimas hundí el rostro entre sus piernas para besarle y lamerle el paquete. Me apartó de él bruscamente

– ¿Qué estás oliendo perra? Te has dado ya cuenta que a la hora del almuerzo he ido a casa de mi parienta a echarle un polvo ¿no?

Mientras se dirigía a la cocina se fue desprendiendo de su ropa de trabajo, pilló una cerveza del frigo y regresó de nuevo al rincón donde yo permanecía encadenado a cuatro patas. Se sentó sobre mi espalda como quien monta un potro con ambos muslos a cada lomo.. sentí el peso de sus polla  y sus huevos duros y ácidos como un limón sobre mi espalda. Tras beber algunos sorbos del botellín, vertió un poco de cerveza en el recipiente que tenía cerca.

– Bebe perra, debes estar muerta de sed.

 Hundí la nariz en el bebedero con intención de atrapar un poco de líquido acanalando la lengua como hacen los perros, pero de una patada apartó el recipiente metálico de mi rostro. Se desabrochó los vaqueros y orinó en él; a continuación, con l punta del pie me lo acercó de nuevo.

– ¿Tienes sed? pues bebe..

Estaba deshidratado después de todas las horas transcurridas, metí la cabeza y comencé a beber de su meada. Percibí restos de semen y testosterona diseminados en el líquido. No dejé ni una gota.

– Me encanta oírte beber como una perra.

aún sobre mí se inclinó para morderme en el cuello al tiempo que pellizcaba fuertemente mis pezones. Me dolió pero ahogué como pude mis gemidos. Muy cerca de mis oído me susurró:

– ¿Tienes hambre? (no dije nada) escúchame bien: voy- a -darte -la -pastilla -de -la-s vitaminas, ¿de acuerdo? si la vomitas enseguida es señal de que no has comido nada en todo este tiempo, pero si tras tragarla no ocurre nada sabré que me has engañado y el castigo será duro, te aviso.

Por suerte, la pastilla al entrar en mi estómago y mezclarse con la orina ingerida, me provocó náuseas y acabé por vomitarla.

– Buen chico, así me gusta. Que obedezcas a todo lo que te pido. Ahora toca hacerle gozar a tu macho. He follado este mediodía con mi novia, pero tú eres mi putita, ¿verdad que eres mi putita preferida? tú eres mucho mejor porque sabes darme todo lo que me gusta.

 Me acerqué a sus pies para besarlos y lamerlos. A continuación (siempre arrodillado y a cuatro patas) llegué hasta sus huevos para chupárselos e introducirlos uno a uno en mi boca. Se los acaricié dócil y suavemente con la lengua. Se los lamí con esmero. Finalmente, me introdujo su grueso cipote hasta la garganta. Yo ya había aprendido a tomar aire por la nariz y abrir la laringe al máximo para que su capullo entrase sin dificultad. Me rodeo el cuello con sus manos para claramente en vaivel de su polla invadiendo mi garganta.

– ¿Me has echado de menos? si la respuesta es afirmativa, con ese lengüita tan suave que tienes hazme la señal de “Sí” sobre mi capullo. Así muy bien: con la puntita de la lengua arriba y abajo sobre mi frenillo significa “sí, te he echado mucho de menos, amo” Y si me has echado mucho mucho mucho de menos…. además de la señal, succiona y aprieta con los labios como si tu boquita fuese un coño.Así, muy bien… Demuéstrame que eres la mejor de las putas, demuéstrame cuanto quieres a tu macho.

Volvió a sentarse sobre mi espalda, y tras deslizarse un poco por ella, pronto encontró la posición adecuada para penetrarme a cuatro patas. Me dio unos cuantos azotes en el culo y extendiendo los brazos me pellizcó los pezones. Eso era algo que realmente le excitaba porque – como ya dije en otro momento -, Él sabía muy bien que es una de las zonas más sensibles y erógenas que tengo. Mis tetillas tras manosearlas un poco y pellizcarlas aumentan un poco de volumen, y los pezones se vuelven duros y turgentes. La excitación que me produjo aquello hico que empezase a gotear líquido preseminal.

– No te vayas a correr ¿eh, zorra? que te conozco. No tienes mi permiso. Tú sólo sirves para darle gusto a tu macho y para servirle. Tu placer no cuentas, sólo eres una puta de mi propiedad y las putas no se corren.

 

 No tardó en deslecharse y vaciar el contenido de sus huevos dentro de mí. Entonces, no sé si por el efecto de las vitaminas y por todas las horas que pasé sin comer nada, sufrí un mareo y por unos segundos perdí el conocimiento. Me desplomé en el suelo después de que él me preñara. Para mi sorpresa se inclinó sobre mi y empezó a darme suaves palmaditas para reanimarme.

– Javi, Javi.. ¿estás bien? – le oí decir.

– Sí, no pasa nada. Enseguida se me pasa.

CONFESIÓN 3

J.V. presumía de su pequeño esclavo ante sus amigos y compañeros, yo era su juguete, el ser cálido y sumiso con el que se desahogaba y le hacía sentirse poderoso y seguro de su masculinidad y liderazgo. Por mi parte tenía bien claro que jamás podía exigirle nada ni crearle problemas, acudir a él sólo cuando por una seña o mirada me lo ordenase. Me aconsejó y aleccionó como comportarme con mis padres y hermanos, así como con el resto de mis compañeros de curso. Me fue apartando de todo y de todos los que pudieran ejercer cierta influencia sobre mí. Él decidía mi tiempo, mis horas de estudio y deporte, así como con quien o no debía relacionarme.

Teníamos nuestros lugares secretos a los que me llevaba cuando sentía ganas de pajearse o, si estaba cabreado por algún motivo… decidía entonces descargar su furia conmigo. El ritual casi siempre empezaba con insultos, forcejeos, para luego agarrarme el cuello por detrás con su brazo derecho y estrangularme hasta la asfixia. A continuación me calentaba a bofetadas y cogiéndome por el pelo me obligaba a arrodillarme ante él para besar y lamer su paquete. Apretaba y refregaba mi cara contra su entrepierna sintiendo claramente como le iba abultando el paquete y rodear el cilindro de su polla con mis labios. Aspiré bajo la tela de sus vaqueros ese olor a macho alpha que embriaga, anestesia y te hace perder la razón y la voluntad. 

Arrodillado a sus pies veía su saliva apuntar hacia mi boca abierta que él sujetaba con fuerza con su mano y obligándome a tragarla sin rechistar. Aunque sus embestidas mientras le hacía una mamada eran cada vez más salvajes y frenéticas, poco a poco fui aprendiendo a controlar las arcadas y la respiración.

– Traga mientras chupas, maricón. Abre bien la garganta para que entre toda mi polla.

Cuando llegaba el momento de correrse, las primeras sacudidas de esperma las recibía sobre mi cara y, a continuación, el resto de su semen se derramaba sobre mi lengua y garganta. Ver tan cerca brotar su leche caliente y espesa del orificio de su glande húmedo y de aquel grosor tan enorme, me excitaba hasta la desesperación. Con la polla aún en su mano recogía los restos de su corrida y me los hacía lamer cuidadosamente para no desperdiciar ni una gota. Me encantaba esa mirada lasciva que me dedicaba desde lo alto.

– Mi pequeño maricón cada día lo haces mejor. Perdóname si me he pasado con los golpes ¿vale?. 

Rodeándome con sus brazos me daba un beso profundo e intenso… con su lengua lamía las heridas de mis labios y con mucha ternura volvía a besarme hasta tranquilizarme. 

– Javi, si alguien se pasa contigo o te hace daño, me lo dices ¿me oyes?. Si alguno de tus colegas tiene huevos de tocarte o insultarte, lo mato.