HABITANDO ESPERAS Y ESCALERAS

Me estrello a menudo con la realidad, con la vida de los otros. Pero ¿cúal es mi propia realidad? no veo lo mismo que los demás, no presumo que sea mejor o peor, pero no es lo mismo. A estas cuatro fotografías nada les une ni nada tienen en común y, sin embargo, para mí pertenecen a una misma melodía, una especie de jazz urbano ¿por qué? las he pasado a blanco y negro porque lo que me transmitían sus colores era algo insufriblemente hermoso. Os juro que nada invento, de alguna manera todo está dentro de mí. Cuando saboreo y me trago el esperma de un tío me llevo todos sus minerales, amores y victorias, pero también sus miedos e inseguridades. Al fin y al cabo, la vida no es más que una digestión tras otra. No me juzguéis, cada cual busca donde puede y desea las proteínas necesarias.

– ¿Por qué sabes tantas cosas de mí si apenas te he contado nada de mi vida?

– Por tu sabor.

¿Le estaba hablando a ella? Nunca lo supe. Mientras tanto, él fingía canturrear, así hace el viento a través del marco de una ventana.

– ¿No dirás nada, verdad?- le dijo él antes de marcharse.

A ella le entró ganas de reír porque había días que después de follar toda la noche con él, amanecía sin conocer las palabras. Mejor así. Decir ¿qué? y ¿a quién? si en el fondo él deseaba que todo el mundo lo supiera. ¿Por qué si no finge que me espera al final de la escalera?

La última vez que le alejé de mi vida, me estrechó contra su abrigo.

Es un milagro haberme desnudado de su vida. Pensó ella mientras le observaba desde la ventana del séptimo piso.

Es elegante en su espera. No tiene prisa. “Yo era el muchacho más apuesto de la escuela”, me cuenta, impasible, a sus casi setenta años. “Si el corazón tiene música, se es joven para siempre.”

Está tanteando la lluvia y escuchando un leve acento áspero que ladra como la tetera de té que su mujer coloca sobre la estufa. Son dos lluvias las que escucha pero su oído experto las descodifica.

– No te lleves el paraguas, no lo necesitas- le dice su esposa cuando le ve salir de casa.

Él sabe esperar y ser elegante sin su paraguas…

El sol

será hoy

un blanco suplicio en el cuello de su camisa.

Como su abuelo le enseñó, no demuestra  impaciencia, prefiere exhibirse, mostrarse… iluminarse en su espera.

Aquí empieza tu música, chaval.

La memoria insegura de tus ancestros reúne el ritmo de las notas como a un rebaño tembloroso.

Pero sabe contenerse no mueve sus inmaculados zapatitos blancos. Y el estrépito de la calle, las estúpidas bocinas de los coches y las sirenas de los bomberos, se convierten en lamento.

La ciudad se burla de los pasos nuevos, de los zapatos de charol, por eso él no quiere moverse y sabe esperar como una fuente a la que gota a gota le falta la voz.

Éste es tu momento, chaval, extiende los brazos: una lluvia clara lavará tus heridas aunque tu abuelo no traiga hoy paraguas. Que empiecen a bailar tus zapatitos blancos como el pespunte de una maquina de coser sobre el asfalto. Suelta los hilvanes y cósete a mi corazón de lino.

 – Un hombre solo. Un hombre libre – canta la mujer ligera y leve, la mujer plumón de ave.

La oscuridad se retira, el teatro se enciende.

Sobre el escenario urbano, iluminado, soliloquia el príncipe mientras los cortesanos escupen sus frustraciones y envidias en la sombra.

Así como se apresura el viento por estrechas calles y parques.

Así como las lechuzas reconocen los campos por la noche.

Un hombre solo. Un hombre libre. ( la letra de la canción la escribí para ella en una noche de borrachera).

La espera desnuda. Los dos sabemos qué es eso. Y si hay soledad, algo mágico destilarán esas lágrimas púrpura en el mejor bourbon.

La imagino actuar. La veo brillar, yo cosí una a una todas las lentejuelas en su vestido, las recorté de una lámina de acetato. Parecen escamas de jurel y lágrimas de sirena.

Sobre el anillo, el mechón de pelo, surje la voz melancólica y ronca,  la sonrosada dentadura de la protagonista cuando abre la boca para cantar la letra que escribí para ella.

Al amanecer, los gorriones seguirán ensuciando los aleros de las ventanas y el martirio de ella será lento y hermoso.

El abrigo sigue colgado en el perchero de la puerta. Él no se fue, le dejamos que se fuera. A ella y a mí nos ponen y excitan los hombres libres. Nos dejó su abrigo, sin embargo. En el bolsillo hay una nota para nosotros que el bourbon nunca nos permitió leer de regreso, de madrugada.

Las dos somos putas y estamos casi siempre borrachas.

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LUNA EN SANTA CLARA

– ¿A qué hora sales hoy de currar?

– Hoy sábado a las 21’30, pero entre que me quito el uniforme, hablo con mi jefe y dejo todo listo.. súmale diez o quince minutos más.

– ¿Y tienes que volver?

– Mañana a la misma hora para el turno de noche. ¿Por…?

– Te cuento: Mis padres se han ido este finde a El Palmar con mi hermana Sara, la peque. Manu (su otro hermano) también, pero con su chica y a su bola. Mis padres quieren que le eche un vistazo al chalé durante estos dos días y medio. ¿Te apuntas a estar fresquito en plan tranqui y pasando de todo hasta de “la calor”? Te recojo a las diez

– Mola.

– Una cenita, y después podemos charlar en las tumbonas del jardín, donde se está tela de a gusto. Me he llevado allí algunos temas que tengo que empollar este verano.

Me chocó un poco que matizara lo de “charlar” y estudiar… después de las semanas que llevamos “conociéndonos” me sonó un poco a  el plan es éste y -es – lo – que – hay.

– Ales, si tienes que estudiar no sé yo si es muy buena idea…

– Qué va, hay muchas horas por delante, casi un día entero. Ayer estuve estudiando toda la noche y madrugada hasta las siete de la mañana. Te eché en falta. Curry (el perro labrador) no sabe charlar ni preparar café con hielo, todavía…

–  Ah, vale jajjajjajjajja…

La conversación se produjo durante los quince minutos que nos dan de descanso a media tarde y después de leer un whatsapp suyo “llámame cuando puedas”, ya que mientras estamos en el curro nos tienen prohibido tocar el móvil.

Cuando acabé mi turno, me duché a toda prisa, me aseé y como por la hora que era no era muy de fiar que El Corte Inglés me dejase entrar al super, decidí ir al HiperOriente que me pilla cerca para comprar la ginebra que a él le gusta. Al pasar por  caja, ví unos salvamanteles que me gustaron y unas velas dentro de unos vasitos planos de vidrio… un ovni de cada color, tres en total: dos celestes y uno ámbar. “Ellos” no caen en estas tonterías, pero un pussyboy está siempre en todo.

Llegué justo a tiempo, odio hacer esperar a los demás. Me abrió la puerta del coche.

– Entra.¿Qué traes ahí? ¿las sobras que has pillado en cocina?

– Qué capullo eres, Ales

– Te lo digo porque antes de aparcar me he pasado a comprar algunas cosas para la cena. ¿Te gusta el salmón?

Odio el salmón y la mayoría de los pescados. Por la cara que puse me lo debió de notar

– Y unos chuletones de carne con chorizos y morcillas picantes al fuego hasta que revienten de pringue por todas partes..lo ideal con toda la calor que hace, te parece?

– Pues.. no sé

– Mira que eres prudente y educado, coño! jajjaja..  he comprado cervezas, refrescos, carne para hamburguesas que me han preparado allí mismo, verduras para asar en la parilla, y lo que encontremos en el frigo para picar ¿esto te gusta más?

– Síiiiiiiiiii

De camino a Santa clara, sonó una canción que me encanta: https://youtu.be/Io0fBr1XBUA

Tenerle tan cerca, las manos al volante tan seguro de sí mismo, con los muslos separados…Las sombras que proyectan sus pestañas, sombras de arañas negras. Casi puedo sentir sus cosquilleos cuando se me acerca. Me mira, le admiro, calla y frunce el entrecejo y el poco sol que queda del día se solidifica en sus ojos, un acerado brillo de escorpiones.


Te va a gustar la piscina de casa, ya verás.

– Hostia! me paso antes por la mía y busco el bañador. Tío, tendrías que haberme avisado.

– Ya te voy conociendo, Javi. A ti hay que pillarte siempre de sorpresa y no dejarte pensar ni un segundo ¡zasca y al vuelo! porque si no te me escapas. ¿Qué problema hay? ya improvisaremos algo.

Tiene razón, pero aún así, no puedo evitar inquietarme ¿Por qué? si aún está en mí desde la última vez que follamos, estamos aún los dos dentro, me lo recuerdan todos mis órganos. Siempre me resulta extraño entrar en una casa que no conozco, es como reconocer una ciudad que aún no he visitado o un cuerpo que todavía no he acariciado. Pero no preguntaré nada; no se puede construir donde no se puede vivir y él ahora tiene mi vida en sus manos. No pensaré en nada, no hablaré durante el corto trayecto. Decir algo sería como abrir una ventana ¿sin cristales? por donde se escaparía el plumón cálido de los nidos, los alocados pájaros. Mi miedo e inseguridad es darle carne al dolor, alimentarle con el dolor mismo. 


– Aquí tienes todos los avíos.. coge lo que te haga falta con total confianza. Estás en mi casa, conmigo. Dame un beso. Ve preparando las hamburguesas, cortando las verduritas y lo que se te ocurra. ¿Qué has pensado?

– Hacer las verduras en brochetas y una salsa de yogur al estilo griego

– Cojonudo. Voy a encender la barbacoa mejor que la parrilla electrica ¿no te parece? esta noche, nosotros a lo grande. Vamos, Curry… vamos.

Que no me quite su mirada.  Ahí están sus ojos húmedos por la falta de sueño, pero frescos y radiantes como frutos. Quizá debería disimular un poco, pero – créedme, no puedo – me resulta imposible… sus ojos son mi alimento y mi estímulo. Yo no sé mirarme más que en sus ojos, en ellos me refugio y con ellos me acorazo. Que no me quite su mirada. Único espejo donde me reconozco, única alegría con la que me peino y me despeino.

Ya sé que todas estas frivolidades acerca de cómo amarle son en definitiva algo absurdas. Es el amor quien me contiene y me coloca frente a él con una exactitud milimétrica. Estratégicamente esta noche el amor me es dado, así como la distribución arquitectónica de las estrellas, exactas e inmóviles, así el despuntar de los jazmines en el jardín de su casa, así el lugar y la hora de este encuentro que no había previsto ni imaginado.

Y mientras tanto, bajo una claridad hermética, respiro el relente de la madrugada, el verde alimento de las plantas… un vaho cadencioso y letal sólo comparable al silencio de su piel que transpira en esta noche calurosa.


– Qué calor, nene. Y eso que he encendido la barbacoa portátil, si llega a ser la otra nos torramos vivos. Subo un momento arriba y tu mientras tanto ve poniendo la mesa, seguro que tienes más arte que yo para esto.

Dudé por un momento si poner los salvamanteles y las velitas que compré en el HiperOriente, si encenderlas o no, si consultarlo antes con él, si… Curry no me quitaba ojo.

Apareció con un par de bañadores tipo short en la mano.

– Ales, por lo que más quieras, no digas nada.

– ¿He abierto la boca para decir algo? (al oído) “estas cositas tuyas” me encantan. Un detallazo por tu parte pero con la ginebra te has pasado o ¿tu intención es emborracharme y luego abusar todo lo que puedas de mí?

Se sentó en la tumbona y me ordenó que me acercase a él. No sé cual es el motivo por el que casi todos mis Alfas sienten ese impulso por desnudarme mientras ellos continúan vestidos. Aquella tarde con Julia, hicieron lo mismo: me tuvieron desnudo pero ellos no, hasta que finalmente nos enrollarnos los tres. Es una especie de ritual lento y parsimonioso con el que parecen disfrutar viéndome tan vulnerable e indefenso. Estuve un rato así, en pelotas, mientras abrimos las primeras cervezas y empezamos a picotear en las bolsas de chips y otros crujientes.

– Almendritas y frutos secos no pongo, no? dicen que hacen crecer los pezones y tetillas..

– Qué cabrón eres, tío. Siempre me pinchas donde más me duele.

– ¿Te vas a mosquear por esta gilipollez? pero si tienes un cuerpecito “pa comerte a bocaos, tontorrón”. Ven, acércate que te voy a probar el bañador.

Se descojonó de risa cuando me vió con aquellos boxers que evidentemente no eran de mi talla (él es más alto y más fuerte) y que se escurrían de mis caderas por mucho que ajustase el cordón de la cinturilla. Curry me olisqueó todo lo que pudo.

– Debo estar patético.

– Que vá, estás muy gracioso. ¿Verdad Curry que está para comérselo? Pareces un niño grande jajjajjaaj… voy a ponerme el mío y montamos las hamburguesas ¿no tienes hambre?

Continuó hablándome y sin dejar de mirarme mientras se desnudaba; en cierto modo, me forzaba a ello…era como decirme: “ahora me toca a mí, quiero que me veas. Somos dos tíos pero te feminizaré a mi antojo siempre que mi deseo sea lo demasiado fuerte e imperioso, Soy el Alfa que llevabas estos meses buscando”.

Hicimos un trato: Él preparaba mi hamburguesa a su gusto, y yo la suya al mío. Un aútentico desastre, la suya paecía un torre con todo lo que metió dentro además de ketchup y mayonesa. En cambio, a mí me gustan simples sólo con un poco de lechuga, tomate y sin queso. Ahora fui yo quien empecé a reirme viendo la cara que puso. Al final, optamos por la decisión salomónica de partirlas en dos mitades y combinarlas.

– Ales ¿me dejas hacer algo que me gusta mucho? me encanta dar de comer a otra persona.

– Vale, pero para eso tienes que acercarte y sentarte en mis piernas.

Soy de comer muy poco,( he tenido ese problema desde chico) enseguida me sacio, y aunque de vez en cuando le daba algunos bocados a su hamburguesa torre, me descojonaba de risa viéndole comer a dos carrillos y pendiente de que no se manchase demasiado. Curry a nuestros pies, daba cuenta de todas las migajas que caían al suelo. Deshacer las brochetas de verduras, comer con las manos, mojar los trozos en la salsa y darnos de comer uno al otro, nos resultó a ambos muy excitante y morboso. Acabé chupándole los dedos y los goterones de salsa que cayeron sobre su torso.

– Y ahora, lo suyo es darse un bañito. Eh ¿donde vas? ven aquí. Espera que te quite el bañador.

Nos zambullimos en la piscina donde calculo que podrían hacerse largos de unos diez metros. Bajo la superficie del agua cerré la memoria como quien corta la llave del gas y las persianas herméticas; le vi acercarse a mí sigiloso y amenazante como un escualo delimitando su territorio. Su boca tan de cerca y tan voraz.. aún la siento , la respiro, la sufro como un escalofrío. Y cuando peligrosamente se aproximó, su boca, cráter o anémona, dejó paso a una voz cálida y agridulce como el vaho incandescente de los volcanes subterráneos.


La luz siempre llega de lo alto y eso me jode porque me hace pensar en algún dios con sus putas linternas. Fue entonces cuando la vi mientras buceaba bajo el agua, era una luna lechosa y lúbrica que imantaba mis pezones. Dos pequeñas islas que emegen y desaparecen con la energía magnética de las mareas.

Lo único que quiero es estar al lado del Alfa a quien amo y admiro. No me importa que él no lo sepa, no me importa que él no sienta lo mismo por mí. Quiero estar al lado de quien amo sin pedirle ni exigirle nada. Quiero estar a su lado porque ha sido capaz de hacerme sentir, el completa mi masculinidad, la dirige y orienta como el guerrero adiestrando al alumno en la batalla, porque a su lado soy mejor persona, por eso. Sólo esperaba que llegase el momento en el que mi piel hablase por mí.


– Javi ¿Qué voy a hacer contigo? ha llegado ya un momento que no sólo pienso en ti varias veces al día, sino que te echo en falta y necesito tenerte un rato a mi lado. ¿Qué piensas?

– Pues que lo mejor es que nos dejemos llevar y ver qué pasa.

– Ya claro, y si lo prefieres, tropezamos, nos miramos, y le llamamos destino jajjajjajaj..  tú no disimules tanto porque también se te ve bien pillado, estás amamonao conmigo.

De un salto, se abalanzó sobre mi y me besó. Cerré los ojos porque sabía que ese beso iba a doler.

– ¿Qué piensas, Javi?

– Que te amo y no sé por donde empezar.

Llamádme estúpido, pero sólo deseaba enterrar mi cara en su cuello y sentir cómo olía, eso significa que mi físico desea el suyo, porque el roce de la carne con la carne desprende un aroma incluso bajo el agua.

– Javi ¿Qué pasa si los hombres abren el corazón?

– Que se curan

– De qué?

– De haber estado año tras año asfixiando y estrangulando sus sentimientos en lo más íntimo de su ser.

– Yo también creo que estoy sintiendo algo por ti, pero también me pregunto lo mismo: ¿Por dónde empiezo? Es increíble lo mucho que te puede cambiar la vida cuando decides decir: “Ya no más de lo de antes” “Quiero experimentar algo nuevo” pero ya sabes que es impotante para mí que entre nosotros, de vez en cuando, intervenga una chica. Lo necesito.

Charlamos un buen rato a la luz de las velas y los reflejos de las pequeñas llamas que se proyectaban sobre nuestros cuerpos mientras duró la muerte y agonía del carbón y la madera. Se sirvió otro gintonic y encendió el tercer canuto de la noche. No me gustaría formar parte de una historia que se cuenta con un porro en una mano y un vaso de alcohol en la otra. Pensé.

Apagó las velas y todas las luces del porche quedándonos a oscuras a la luz de la luna. El mecanismo programado para regar el césped puso en funcionamiento los surtidores.

– Escucha esta canción que me recuerda a ti. Dijo

Enciendo el mechero  y lo acerco a su piel. Leo en ella. Materia viva. Como la tierra de los campos, basta, basta a mi corazón ligera siembra para darse a él sin reservas. Qué eficacia la del amor. Algo parecido a lluvia. Mientras me acerco a oscuras a sus labios, una luciérnaga me guía -fuma- pienso que esta lluvia artfificial no tiene sal de lágrimas. Las mías sí porque están llenas de emoción y entrega.

Quiero estar con él no por verle sino por ver lo mismo que él, cada cosa en la que respira como esta cortina de agua de tanta sencillez, que lava.

Deja tu cuerpo en mis manos, tu piel en mis labios para que sirvan de primicia y sacramento. Tan ancho el mundo y no cabemos en él. Tan encendida esta luna de las tres, y uno de los dos siente encogérsele el alma de escalofríos. Tan enorme, tan horizontal le veo y yo sigo reptando por su epidermis como un insecto hambriento en el envés de una hoja nervuda y carnosa.

Pero es aquí, en la dura penumbra del jadín , mientras le oigo respirar, cuando escucho bramar con furia al toro del laberinto, donde quiero tenerle, desnudarle, sentirle, y encontrarme y perderme soportando su cuerpo. Materia viva, mi amor, mi alimento.


Me condujo a una rincón apartado del jardín , durante el corto trayecto, descalzos por el césped, pisé un caracol que se quedó adherido a la planta de mi pie derecho. Ales me aplastó contra el muro bajo el matorral de jazmines, estrujó su cuerpo contra el mío y empezó a besarme con furia al tiempo que me pellizcaba los pezones. El cosquilleo del caracol sin concha y cubierto de babas bajo mi pie, estimuló mi lengua enroscándose en la suya excitando todo mi cuerpo. Él lo notó y empezó a chupar  y mordisquearme los pezones .

– Estás ardiendo hijoputa.

A continuación, me hizo girar el cuerpo y colocarme de cara a la pared. Sentí cómo abría mis piernas, doblaba mi espalda y ensalivaba mi agujero. Azotó varias veces mis nalgas hasta volverlas tiernas y obedientes.. Se estrujó aún más sobre mi y me mordió el cuello mientras inició  la penetración.

Dolía, pero me tapó la boca para amortiguar mis fuertes gemidos.

– Necesito follarte ahora, de la manera más sucia y exquisita que existe.

A la mañana siguiente, amaneció domingo.Odio los domingos. Nada ocurre en domingo. Nunca encuentras un nuevo amor en domingo. El domingo es el día de los tontos felices. Amanecí entre sus brazos después de echar echar tres o cuatro polvos. Estaba en su cama y me sentía de puta madre porque el amor no se manifiesta en el deso de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien. Eran ya las cinco de la tarde.

Me levanté de la cama, y después de ducharme y asearme, me dirigí a la cocina para recoger y limpiar todo lo que empleamos para la cena. Me preparé un zumo de naranja y salí al jardín para recordar algunos momentos de la noche anterior. Me dolía todo el cuerpo, preñado por todos mis agujeros, orgánicamente fecundado, pero exhultante de alegría, ebrio de felicidad. Las células de mi cuerpo estaban en el proceso de la digestión lenta de asimilar todos sus fluídos y los míos. En la cavidad de mi cerebro reinaba la euforia. Antes de marcharme me pasé por el dormitorio. Ales continuaba durmiendo, en su desnudez , me pareció el hombre más hermoso del mundo. Con mucho cuidado y sigilo para no despertarle, me acerqué a sus muslos abiertos y le besé los testículos.





MOLÉCULAS CRUJIENTES DE NIEVE SOBRE PIANO

IRINA

Vive en la plaza Dª Elvira, y aunque este invierno no ha sido tan duro, las noches y los días para ella ya no existen más que en las regiones hiperbóreas del Guerrero Norte . Rodeada de ese aliento intemporal que desprenden los muebles y objetos, ha conseguido desprenderse de todo.
Abandonadlo todo
Los pretéritos y los presentes. Los deseos que enturbian las fotografías de los días y rompen el aire en mil pedazos.
Abandonad a los amantes que dan la vuelta a las páginas del libro de las horas y espantan las últimas moscas que naufragan en una gota de sol.
Abandonaros a un nuevo comienzo, a un encuentro.
Son despertares, árboles de cabezas rubias
que trenzan sus hojas bajo la lluvia
mientras que al ángel del ángelus (la torre del campanario está cerca)
le castañean los dientes
y se le duermen las alas.

Yo la escucho pensar esto y muchas otras cosas cada vez que voy a hacerle una visita. La considero como mi verdadera abuela sevillana, porque la madre de mi padre y toda su familia no me corre por el alma. Fue mamá quien la conoció al poco tiempo de recalar nosotros en esta ciudad sin mar, como un ombligo en el desierto.
Algunos seres como Irina conservan siempre el secreto de la atracción irresistible y por haberse fraguado con eso que llamamos conciencia universal, o, si se prefiere, por saber recoger sin violentar ni manipular su sentido, las palabras que caen de la “saliva de lo que no se dice ni se nombra”.
Muy ingenuo será el que escuchándola tocar el piano, piense que podrá descifrarla. Si rápidas y virtuosas fueron sus manos en su juventud, su acrobacia y agudeza mental es aún más delicada y compleja. Fué Irina quien me enseñó a dar “besos cerebrales”.
– A este niño sólo le atraen macarras, canis y chulos de barrio. Dice mi madre
– Déjale, mujer. Él sabe que después de que las espinas han sido recogidas, todo lo que resta no es sino un camino de rosas. A mí me han sangrado los dedos antes de dominar algunos nocturnos de Chopin.

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Con cautela, hay que saber hablar con ella sin sobresaltarla, sabiendo darle la importancia justa al método de contacto elegido por ella para acercarse a nosotros. Irina no necesita la ayuda de las palabras ni de los recuerdos, sabe que la música está suspendida en el aire como el polen que asciende de los naranjos de la plaza sin posibilidad de posarse.
Olof, su gato que es ruso y gris azulado, a menudo estornuda con una melodía de Chopin.
Una vez la vi inclinarse sobre la mesa y apoyar su delicada cabecita blanca sobre la superficie
pulida de roble. Azorado pensé que le vencía el sueño, y, sin embargo, se desplomó aún más sobre la mesa e hizo el simulacro de nadar.
– Nadaré esta noche con los peces.
– ¿Podrás respirar bajo el mar?
– Sí, cada noche pongo mi corazón en un vaso de agua.
– ¿Irás muy lejos?
– Depende de ELLA
– ¿Quién es ella?
– La mujer que tiene una boca en un pozo.
(E hizo sonidos guturales imitando el gotear de algo cayendo en la profundidad… una nota musical que jamás había oído antes)

Me quedo callado. Desde que el alzehéimer vino a por ella, me doy cuenta que la ausencia de música también es una música… una melodía inacabada pero gestándose en alguna parte. Irina me mira y sonríe. Le beso las manos. ¿Cómo podemos darnos cuenta la mayoría de los profanos, que una melodía se convierte en fuente de misterio después de no haber sido durante mucho tiempo más que una especulación sobre el misterio? Sólo los iluminados consiguen devolver la música a su auténtico destino.

Pura emoción cuando la oigo deslizar sus dedos sobre el piano…
Cae la tarde/despacio y lentamente/sobre un naranjo que aletea./Sin humos, balanceante, pasa el viento su incensario./Lo que creímos que era el cantar de los grillos/ era el ring ring de alegres bicicletas./Cae la tarde como siempre/sin darnos cuenta/ligero velo o mortaja sobre nuestros cuerpos vigilantes./Cae la tarde, sin aliento/desplomada por el aire/como un ave al que hieren por sorpresa.

 

Irina vive atada al duermevela, asomada al fondo del sueño. Y aunque viene de tierras frías como mi madre, su leve peso lo constituyen moléculas crujientes de nieve, esa latitud de donde nace la luz blanca. Golpetea la lluvia sobre las ventanas pero ella no aparta los dedos del piano… corretean los niños y los paraguas inesperados. Pienso en tus pies descalzos que calentaré con mis manos.. pequeños charcos sobre los huecos y adoquines recolectan la lluvia en bolas diminutas. Imagino peces rojos y urbanos viviendo en esos huecos de la calzada
Pasan seis bicicletas y sus grillos metálicos las alejan.
Se desmelenan hilos de agua.
Llueve sin consuelo
pero la taza té calienta mis manos. No sé decir “te amo” pero sé calentar las manos frías de un hombre cuando las trae heridas de trabajar o cuando se siente solo.

 

Dentro: cortinas de algodón teñidas con té, sedas, encajes, epidermis superpuestas.
Oigo una nueva melodía… te pienso ¿recuerdas?
Mi cuerpo puse en la tierra, tierra en el vientre,
tierra que descubre su raíz más honda,
la tierra más desnuda del amor.
Tus manos y tus pies en la tierra buscando,
escarbando, desenterrando
como busca el amor un corazón hasta devorarlo.
¿Recuerdas? sólo quedan los pasos.

Olof, se encarama de un salto sobre la estantería y comienza a afilarse las uñas sobre el lomo de un libro de Kafka…
Mi estancia ha terminado.

SUSPENDIDO

Dicen mis psicólogas que el motivo por el que elijo a mis alfas es porque busco en ellos a “ejecutores”.

– Eso suena como a matones.

– En cierto modo es lo que son. ¿Te has planteado por qué esos chicos a los que tú llamas alfas son siempre impulsivos, dominantes, macarras, machistas, agresivos, e incluso me atrevería a decir con cierta actitud homófoba?

– Para nada son como tú los describes. No tengo esa opinión de ellos. Cuando se les conoce y ellos ven que vas de legal y les quieres tal como son, cuando les escuchas y consigues que a pesar de su apariencia de chulos y macarras se abran, descubres que tienen sentimientos muy nobles, y te das cuenta que merecen muy mucho la pena. Con ellos he aprendido el valor exacto que tiene la amistad y lo que significa ser colegas. Entre nosotros no existen trampas, mentiras, ni chantajes emocionales.

– Pero todo eso que dices lo podrías encontrar perfectamente en otro tipo de chicos, por ejemplo, en un compañero de tu facultad.

– Claro que sí, tengo buenos compañeros con los que me llevo muy  bien.Con algunos me siento más cómodo que con otros, pero eso no tiene nada que ver. Los únicos que me atraen física, emocional y sexualmente son ellos.

– ¿Quiénes son ellos?

– Los alfas

– ¿Cómo definirías tú a un alfa?

– (No disimulo mi sensación de fastidio) uff! creo haberlo hecho ya un millón de veces como mínimo..¿otra vez más? de verdad, no me apetece. Lo que sí me gustaría saber es por qué les llamáis vosotras “ejecutores”

– Porque los eliges de este estilo como un sustitutivo. Tus alfas funcionan como mecanismo de compensación, son los idóneos para destruir la imagen que guardas de tu padre.

– ¿De mi padre? que yo sepa y recuerde, mi padre no es un macarra, y menos aún un alfa. Él y su hijo, mi hermano de sangre por mucho que me duela, son tipos despreciables. ¿Que yo sustituyo a mis alfas por mi padre y su hijo? ¡por favor! mi padre y su hijo no son lo suficientemente hombres ni tienen cojones para rozar la categoría de alfas ni en cien vidas que volviesen a nacer. A mis alfas les admiro, les amo, les venero como hombres y como machos.. a mi padre y a todos los que son tan cobardes, liantes, falsos, hipócritas, desleales y manipuladores como él, los quiero bien lejos de mi vida. De la mía y de la de mi madre. Perderlos de vista es la mayor felicidad que nos ha sucedido. Me queda muy poco para acabar mi carrera, entonces abandonaré su país porque hasta eso pesa sobre mis hombros como una condena.

– Pero estar con tus alfas para ti es más cómodo porque no hay sentimientos ni afectividad por medio, quizá sea por eso por lo que nunca te decepcionan. Si no arriesgas sentimentalmente, no hay decepción. Eso no es ser muy de valientes ni por parte de ellos ni por la tuya.

– Sí hay sentimientos y afectividad, lo que no hay entre nosotros es “paripé”. Lo que no hay entre nosotros es toda esa basura de “eres el amor de mi vida” y a la mínima de cambio, estás diciéndole lo mismo a otra persona a espaldas de la primera, traicionándola únicamente para sentirte el rey del mambo. Nosotros no tenemos el cinismo de prometernos amor eterno para vivir en una casita como una feliz parejita con nuestros hijitos y un perrito… cuando lo que estás buscando es la mínima oportunidad para seducir y follarte a todas las tías a tu alcance para sentirte más macho- mamarracho. Tampoco existe entre nosotros el “no me gustas nada cuando te juntas con esa gente, cuando te vistes y te peinas así, cuando hablas de esas cosas, cuando hablas y gesticulas de ese modo, cuando no eres políticamente correcto, cuando llamas la atención en la calle, cuando no te comportas conmigo como a mi me gusta que te comportes, cuando no me prestas atención ni me quieres como a mi me gusta que me quieran, etc etc etc..

– Eso es lo que hacía tu padre..

– Por supuesto. Mi padre es de los que pregonan a todas horas que lo más importante de la vida es el amor, los sentimientos, la familia, el cariño jajjajajjaj… qué bonito!

Pero los que se pasan la vida suspirando por encontrar ese amor que no llega nunca porque al parecer tienen la mala suerte de no encontrarlo, como mi padre, es falso que busquen el amor ni un carajo que se le parezca, son tipos infectados de su propio ego, lo único que quieren es que les regalen los oídos con lo que quieren oír de sí mismos; para ellos los demás tienen que “cambiar” para ajustarse a sus gustos y manera de ser. Ellos creen estar en la posesión de la verdad absoluta del amor, de cómo ha de ser una pareja  y en qué debe consistir una relación amorosa, ellos son perfectos… son los demás quienes están cargados de defectos.

– Y todo esto con tus alfas no sucede.

– Obviamente, no. (me estoy sintiendo incómodo y alterado) A ver, Ainara… os he dado las razones, estas mismas razones, una infinidad de veces. Sinceramente, me canso de dar las mismas explicaciones.

– ¿Qué explicaciones?

– Que tanto ellos como yo no necesitamos afectividad ni ningún tipo de sentimentalismos como convencionalmente se entiende. No nos mentimos con ese tipo de compromisos, no hay promesas ni autoengaños.

– Ya, pero los sentimientos son comunes a todas las personas independientemente de si son del mismo sexo, del contrario, o de distinta condición social.. si eres humano, tienes sentimientos.

– A ver.. mis alfas son tíos, yo soy un tío, tanto a ellos como a mí nos cuelgan entre las piernas lo mismo. Estamos encantados de tener el mismo sexo y disfrutar teniéndolo. Hasta aquí todo claro, no? yo estoy sometido voluntariamente a un alfa porque representa para mí todo lo que me gusta en un hombre, TODO, incluído el sexo. Pero a mí no se me ocurre pensar en ser su princesa, su novio, su novia, su amante, etc… no siento la menor necesidad de copiar ninguna conducta heteronormativa. Y ellos conmigo tampoco. No creo que el sexo se conciba y se practique únicamente siguiendo unos patrones heterosexuales. Tampoco pongo en duda el amor de Romeo y Julieta, ni tampoco el de Romeo y Julio… sé que son perfectamente posibles en ambos casos y es precioso cuando eso sucede. Pero en un hombre yo busco otra cosa.. Lo que me gusta es romper y transgredir los esquemas de “género”. Mi alfa me coloca una jaula de castidad, me feminiza para su propio placer, me hace buscar otras zonas erógenas, convierte mi pene en clítoris, mi culo en vagina, etc… y todo ello sin hacerme renunciar a mi sexo, sin prtender que yo sea una chica, sin imitar ningún modelo femenino, porque el resultado sería ridículo “en mi caso” porque no es eso lo que busco ni me excita.

– Quizá lo que buscabas era que tu padre mostrase los sentimientos que cabe esperarse de un esposo con su mujer, y un padre con su hijo…

– Estaba hablando de verdaderos hombres, de mis alfas, no de mi padre

– Pero son tus alfas los que te “libran” del dolor de esos sentimientos que deberías haber recibido por parte de tu padre. Por eso los hemos llamado “ejecutores” o “exterminadores”

Javi, Javi… Vamos a dejarlo por hoy. Por favor… trabaja esto en casa tranquilamente, pero cuando veas que es el momento adecuado para reflexionar sobre ello. Seguimos revisándolo en la próxima cita.

No sé, tal vez las cosas que nos afectan no valen más que por su interpretación. Lo que me apasiona de mis alfas es que son hombres de acción, no son esclavos del entendimiento. Para ellos la vida es más sencilla, vivir es sentirse vivido. Nada más. No sería capaz de estar con un intelectualoide jajjajja

Miro la foto y apenas puedo controlar el temblor de todo mi cuerpo.

Un trabajador sube a un poste eléctrico para arreglar una avería. Sufre una fuerte descarga y queda inconsciente suspendido en lo alto. Su compañero, que no lo duda un instante, sube a socorrerle…. le entrega lo único que tiene: la vida. La vida que sólo se puede insuflar a través de los labios.

Sí, lo sé, es un acto humano, una muestra de auxilio, muchos también lo hubieran hecho, un acto heroico, no hay nada sexual en esta hermosa imagen… pero descontextualizando la fotografía, para mí es la representación gráfica de lo que significa entrega absoluta al tipo de hombre que amo y al que quiero servir. Aunque no hubiese nunca el menor roce sexual entre nosotros, aunque sólo se produjese entre nosotros un único beso como el de la imagen, un único beso para devolverle la vida al filo de la muerte…  sin haber nada de sexo, sin beso, sin ninguna muestra de afecto, mi entrega y adoración al alfa seguiría siendo exactamente la misma.

HUMO 1

No, no fumo, pero la mayoría de ellos sí. Yo hago el paripé que fumo pero no sé fumar tragándome el humo (es de las pocas cosas que no me trago jajjaj..) tan sólo les imito porque de ese modo me da la impresión de que les pertenezco un poco más, que soy un objeto cotidiano en sus bolsillos y que pueden echar en falta: cajetila, juego de llaves o un simple mechero. A decir verdad, a mis alfas no les gusta que yo fume y,  menos aún, en presencia de ellos. Sería una falta de respeto.

Pero miradles ¿no son realmente hermosos y seductores? el gesto de la mano sosteniendo el cigarrillo, la mirada desafiante, sólidos y firmes los pies sobre el suelo, el centro de gravedad de sus cuerpos ubicado entre los mulos y alrededor del eje de su sexo: bajo el chándal, sus pollas señalan las doce en punto en el reloj de un día soleado y caluroso.

Nunca les he visto derramar una sóla lágrima aunque sus corazones estén en llamas. Los hombres alfas no lloran.. pero, a veces, no pueden evitar pestañear algunas lágrimas cuando el humo les nublan los ojos. Aunque no me atrevo a decirles nada, me fascina ese destello luminnoso en la mirada porque les hacen parecer  un poco más humanos y vulnerables. Aunque sus rasgos masculinos estén tallados en piedra, un buen pussyboy sabe que nunca se debe interrogar a un hombre conmovido. Veo surgir de sus labios esa ráfaga de aire y humo directamente de sus pulmones.. y me da por pensar que de ser cierto que tenemos alma, el alma no sería más que una respiración del cuerpo. Sólo con escuchar su s exhalaciones, me es suficiente para adivinar sus estados de ánimo y emociones.

Y luego, está ese sabor picante que deja la nicotina en sus salivas cuando escupen sobre la palma de sus manos para lubricarse la polla.  Esa misma mano que luego descansará con el cigarrillo humeante entre sus dedos sobre uno de sus muslos, una vez que se han deslechado. Arrodillado entre sus piernas me dejo embriagar por  el olor del tabaco o el cannabis mezclado con los regueros de esperma aún caliente que voy lamiendo hasta no dejar rastro.

Son secreciones animales lo que percibo: el sudor impregnado de feromonas masculinas, esas gotas de orina del macho en período de celo, el almizcle de los felinos y el ámbar procedente de los cetáceos, madurados por el sol, el desierto, y los océanos. Y de repente, como movidos por un resorte mecánico, cierran las piernas para aprisionar mi cuello entre sus muslos.

–  A ti no te estará follando otro tío ¿verdad? tú no serías capaz de estar con otro sin que yo lo sepa..

Niego cabizbajo sin atreverme a mirarles a los ojos. ¿Cómo pueden hacerme esa pregunta? ¿Cómo pueden dudar de mi entrega y lealtad cuando mis vísceras aún no han absorbido del todo el esperma que me han dejado dentro? las sustancias químicas que producen mi cerebro después de follar, me conducen a la euforia más absoluta. Me es del todo imposible pensar en otro hombre, yo no sé ni puedo hacerlo.

– No beberé ni agua hasta que pasen dos horas mínimo. – respondo.

He llegado a la conclusión de que los hombres alfa no están acostumbrados a experimentar sentimientos que no pueden dominar y escapen a su control, pero tampoco pueden ignorar, ni olvidar, cuando se obsesionan con la posible intrusión de otro alfa en su territorio. Sufren, odian, tienen rabia, sí . ..pero acaso ¿no pueden escapar a esa mezcla de perturbadora curiosidad hacia el intruso, a esa necesidad de saberlo todo sobre ese supuesto rival que imaginan que viene a arrebatarles el puesto?. Llegan a obsesionarse tanto, hasta el punto de establecer con el rival un contacto íntimo, demasiado íntimo para tratarse de dos hombres, un contacto casi femenino.

En todas estas cosas es capaz de pensar un beta pussyboy como yo mientras besa y lame los pies de su dueño. Sólo trato de calmarles y devolverles la seguridad en sí mismos. Podría parecer un acto de humillación (es posible que la verdadera humildad sólo pueda nacer de la humillación, si no, es falsa vanidad) pero no es eso… sólo intento desprenderme de uno de los peores venenos humanos: el ego.

PIEL MARINA

 

Hoy voy a contaros algo que no es un sueño ¿vale? sino más bien una ensoñación.. una serie de imágenes que aunque estés instalado en una escena real, el deseo y el anhelo te transportan a un estado semiinconsciente. Este último fin de semana (como algunos sabéis)  nos fuímos al apartamento de la playa mamá con su novio, mi amiga Marga , y yo. No hizo buen tiempo en esos cuatro días pero igualmente me lo pasé genial. A esa hora de la mañana (debían ser las nueve) sólo nos habíamos levantado mi madre y yo; su novio seguía envuelto entre las sábanas del dormitorio grande y Marga en mi habitación. Mamá estaba planchando junto a la terraza y entre las prendas vi que estaba una de las camisas que ella se empeña que yo me ponga pero que yo nunca me pongo jajjjaj.. porque suelo usar siempre camisetas. a ver, yo desde muy chico estoy acostumbrado a hacer las tareas de la casa, cocinar lo básico, y a planchar. Desde que mi padre y mi hermano se separaron de nosotros cuando yo tenía doce años (no entiendo por qué todo ocurre a esa maldita edad) mi madre y yo nos vimos obligados a afrontar muchos problemas y vicisitudes juntos. Es una mujer a la que admiro, y aunque somos madre e hijo, tenemos un vínculo tan especial basado en una confianza y complicidad  tan sólidas, que una simple mirada nos basta para  entendernos. Sí, ya sé que no suelo contar muchas cosas de mi día a día, pero a medida que me vaya abriendo y cogiendo confianza, acabaré hablando de personas y hechos más cercanos y cotidiamos. Lo que viene a continuación es una escena de lo más normal: yo mirando por la cristalera de la terraza a un chico en la orilla de la playa, y a un metro de distancia, mi madre planchando su ropa y mi camisa (que nunca me pongo) a las nueve de la mañana… es mi diálogo interior quien superpone los planos,y es el lenguaje del deseo quien agita las olas.

Si estuviese ante un lago golpearía la piel del agua para hallar respuestas pero no me gustan las aguas quietas – a saber qué habrán hecho para estan tan calladas-  mejor que suba en mí la marea como en la playa. Siempre el mar. No logro desprenderme de esos movimientos marinos que liberan sombras. Y las sombras, ya se sabe, sólo producen sed. Tampoco ninguna ola se asemeja a otra aunque descanse en la misma orilla. No quiero preguntar. No suelo hacer muchas preguntas. En mi mundo nunca se interroga a un hombre conmovido. Yo estaba en el apartamento de mi madre probándome una camisa blanca aún sin planchar. Mi madre dijo:

– Ese barco lleva en el agua más de dos horas, flota, chapotea, y se sumerge con las olas. ¿crees que debo llamar a los bomberos?

Miré y sólo ví el mar que debía estar muy salado a esa hora de la mañana, mar cobalto y arenas blancas.

– No es un barco, mamá. Es un cuerpo joven, un chaval moreno

¿Muerto acaso? mi camisa blanca aún sin planchar y yo muerto de deseo, pero al menos no muerto en ese mar tan yodado y salobre de la costa gaditana .¿Y si fuera un barco? si verdaderamente es un barco o un cuerpo ¿quién me lo envía? Yo me baño a menudo en ese mar sin respuestas pero hoy sólo estoy junto a que mi madre mientras me plancha la camisa. Ella es minuciosa con la plancha y el barco-hombre.. ¿se está muriendo minuciosamente? ¿y por qué frente a mi?

– No debí decirte nada, dice mi madre sin levantar la vista de la plancha, te oigo respirar y no son las olas.

Y luego acaba su labor, y me ayuda a colocarme la camisa y me besa, y me besa porque percibe por el cuello aún desabotonado de la prenda un aroma a pan recién hecho. Como si ella misma me hubiese amasado y horneado. Pero en realidad,  husmea por mi piel para cerciorarse que no tengo moratones, rasguños, ni heridas. Así son las madres.

– No tomes mucho el sol, Javi. Somos de piel muy blanca, mejor un tono dorado. (Está nublado)

– Tienes razón, es un barco.

Pero sigo mirando por el ventanal de la terraza. No consigo apartar la vista de ese cuerpo-barco cuya presencia en el mar convierte este hecho en un simple y liviano juego de existir. Veo su sexo como proa rasgando con un escalofrío la superficie verdosa y azul. Así nace el deseo… como un filo cortante sobre esa prenda de seda que cuidadosamente mi madre plancha. Mi casisa es de algodón.

El cuerpo regresa a la arena. Pero nada digo. Está desnudo y brillante de agua y de sal, y de  sol nublado. Ha superado un reto. Un desafío tan humano como el propio existir. Como esa piel de agua que respira a sus espaldas.

– Voy a avisar a los bomberos para que te quedes tranquilo.

– No hace falta. Ya se ha ido.

Mi madre me pregunta si la camisa debe ajustarse tanto. Le respondo que sí, que la camisa debe verse ajustada. En ese momento mi cuerpo se sentía vacío de brazos y abrazos. Estaba atónito viendo a ese barco convertido en cuerpo saliendo del mar. Pálido en mi camisa blanca recién planchada.

– Qué guapo estás, Javi. Pareces un novio. (¿Por qué a este niño sólo tiene ojos para los canallas y macarras, seguramente piensa).

EL HERMANO CLAUDIO

Mi relación con J.V. – aunque mayoría de la gente aún no sabía muy bien de qué iba el tema-, poco a poco se fue haciendo pública en la ciudad y en el colegio de los H.H. Maristas donde yo estudiaba. Era mi último curso con ellos ya que al año siguiente pasaría a formar parte del grupo de mediana edad en otro colegio situado a 150 metros del primero.

El hermano Claudio era el profesor encargado de impartir Educación física y el entrenador del equipo de fútbol de los Maristas. Era moreno, atractivo y de complexión atlética, pero lo que más destacaba en él aparte de unos inmensos ojos negros era su carácter jovial, su porte masculino, y una entusiasta afición por los todos deportes en general y el fútbol en particular. Era un verdadero líder para nosotros que veíamos en él un modelo a seguir. Nuestras madres y el resto de las chicas de la colonia europea no tardaron en comentar lo atractivo y encantador que era el joven hermano Marista. Mis compañeros de clase también le adoraban porque podían comentar con él el desarrollo de la liga de fútbol europea y discutir sobre las excelencias de los equipos favoritos de unos y otros. El hermano Claudio (al igual que el resto de los profesores) durante el horario de clases vestía con ropa sobria y discreta, pero para sus clases y entrenamientos se ponía un chándal gris claro.

Despeinado y con ese atuendo deportivo, parecía más joven aunque no debía tener más de 25 años. La primera media hora la dedicaba a ejercicios de gimnasia, aparatos de saltos, etc y el resto del tiempo a atletismo. Se colocaba frente a nosotros dispuestos en semicírculo para que repitiésemos con él la tabla de ejercicios. Me resultaba imposible apartar la vista de su entrepierna ya que bajo el chándal se le insinuaba perfectamente el volumen de sus genitales. Era algo espectacular, imposible no reparar en ello. Incluso mis compañeros de curso ( que ya empezaban a ejercer y alardear de machitos) hacían comentarios al respecto: “Vaya paquetón que tiene el hermano Claudio” decía uno, “el otro día cuando se sentó en el banco para amarrarse los cordones de las zapas cuando encogió una pierna, le vi por debajo de la calzona un huevo que era así de grande” comentó otro que mascaba chicle, y tras hacer una pompa exclamó: “ Os lo juro por mi madre que era así de grande”.

 

Todos estos comentarios no hicieron más que aumentar mi interés y atracción sexual por el hermano Claudio aunque por mi parte tenía muy claro que yo pertenecía en cuerpo y alma a J.V. Tanto mis compañeros de curso como los chicos mayores del otro colegio ya sospechaban de nuestra relación; de algún modo se había corrido la voz por la ciudad que yo era uno de ésos “que se dejaban” de los que la chupaba y se dejaba dar por el culo.

– Javi, ten cuidado. Como te pille el hermano Claudio a solas y le pongas cachondo, con el pollón que debe tener seguro que te parte ese culito que tienes y te lo destroza. – Bromeaban los chicos a mi costa.

Tengo que aclarar que tanto mi comportamiento, gestos, y modales no eran ni han sido nunca afeminados ni delicados. Mi aspecto en nada difería del resto de los niños de mi edad exceptuando que a causa de mi origen holandés (por vía materna) era muy rubio, tez blanca con ojos claros, delgado aunque bien proporcionado y sin nada de vello en el cuerpo. Eso sí, era muy tímido, vergonzoso, y bastante reservado. Cuando comenzó mi relación con J.V me volví aún más distante y desconfiado con los demás chicos que para ofenderme y humillarme me llamaban “el chico de la voz rubia (cantaba en el coro) y con el mejor culito de la escuela”.

 

El hermano Claudio que representaba para mí y el resto de los alumnos un ejemplo de virilidad tanto por sus gestos, manera de andar, y cuerpo atlético, así como por su facilidad para el deporte, no tardó en reparar sobre mi personita.

– Javi Dubois., no eres mal deportista, pero podrías dar mucho más de ti si te esforzaras lo suficiente. Tienes buena constitución aunque todavía no has empezado el desarrollo, pero seguro que cuando des el estirón dejas al resto de tus compañeros por debajo de tus hombros. Tu madre y hermana mayor son altas, y tu padre también. No juegas mal de defensa pero te falta, además de confianza en ti mismo, que le eches más garra y seas más competitivo. Ah, y una cosa quería decirte: no te conviene andar con chicos mayores del otro colegio porque aún eres muy niño para relacionarte con ellos.

Por la forma en la que me miró mientras me hablaba, me hizo pensar que “sabía o sospechaba algo” de mi relación con J.V. o tal vez, se había dado cuenta de la forma tan descarada con la que le miraba el paquete durante las clases de educación física, el modo con el que sus enormes bolas se movían y rebotaban dentro del chándal en cada uno de los ejercicios. Los días lluviosos y de mucho frío, cambiábamos el  enorme campo de fútlbol por el salón de deportes. Con el fin de hacer más dura la disciplina deportiva y conseguir mejores resultados, los alumnos en complicidad con el hermano Claudio, establecieron una tabla de castigos para los más torpes, tantas flexiones de brazos por tal prueba no superada, carreras alrededor de la sala por no saltar la mínima marca estipulada, etc.. hasta llegar al castigo que se consideraba más duro: 15 azotes si aún no se superaba el mínimo exigido, y 15 azotes más a calzón bajado si el alumno se rendía y abandonaba la prueba.

Al principio, los azotes tenían bastante de pantomima, el hermano Claudio apenas empleaba fuerza alguna, y servían más para hacer reír que como verdadero castigo. Para mí, en cambio, aquella situación lejos de hacerme reír me excitaba enormemente cuando el profesor de gimnasia se sentaba y colocaba sobre sus rodillas a un alumno torpe y empezaba a azotarle el culo. Algo dentro de mí despertaba ese ardor sexual que ya había experimentado anteriormente con mi macho dominante, pero ver la escena desde fuera y ser testigo directo del castigo sobre alguien que no fuera yo, me hacía temblar de miedo y me provocaba placer al mismo tiempo.

Los ejercicios físicos que requerían contacto físico y la ayuda de un compañero para realizarlos, me resultaban incómodos y desagradables, y para colmo de mi desgracia, aquella mañana me tocó un compañero al que detestaba por las continuas ofensas y bromas que me gastaba a diario. Me negué en rotundo y me aparté del grupo.

– Javi, regresa a tu sitio y continúa con los ejercicios. No te puedes saltar la clase por simple capricho. ¿Qué te pasa?

Negué con la cabeza y me dirigí a una esquina de la sala. No quise explicar el motivo para no quedar como un chivato ante los demás.

– Si continúas con esa actitud soberbia tendré que castigarte.

Mis compañeros empezaron a aplaudir y alentaron al hermano Claudio a que aplicase en consecuencia el castigo estipulado. Me condujeron al entarimado donde estaban las sillas junto a las espalderas y colchonetas. Él se sentó en una de ellas y me tumbó sobre sus rodillas. Primero me azotó con la palma abierta de una de sus manos.

– ¿Qué has decidido, Javi? ¿Te incorporas o no al grupo de tus compañeros?

Continué negando con la cabeza.

Le pasaron una vara y continuó azotándome. Entonces sí, mis nalgas comenzaron a calentarse… el dolor aún no era muy intenso, (yo ya estaba acostumbrado a recibir golpes aunque J.V. era mucho más cruel y despiadado) cuando uno de los chicos exclamó:

– Profe, Javi está haciendo trampas. Está apretando el culo y protegiéndose con las manos bajo el pantalón.

El hermano Claudio me bajó primero el short de deporte y a continuación mis calzoncillos blancos hasta dejar al descubierto mis nalgas enrojecidas por los azotes. Oí a mis compañeros gritar eufóricos al ver mi culito desnudo e indefenso. Por algún motivo la visión de mis redondos glúteos contribuyó a que mi verdigo aumentara la intensidad de los cachetes. A partir de ese momento el dolor se hizo más agudo, me agarré a uno de sus muslos y aplasté la cara en uno de ellos para ahogar mis gemidos. Alternaba para los azotes tanto la vara como su mano izquierda puesto que era zurdo –  ¿vas a continuar empeñado en tu soberbia?

No respondí. Tumbado sobre sus piernas, arqueaba la espalda cada vez que me azotaba… aferrado a uno de sus muslos, noté claramente sobre mi vientre aumentar su abultado paquete hasta que su pollón alcanzó un poderosa erección.

– Está bien, vamos a parar porque como siga no vas a poder sentarte durante todo el día. Y vosotros dejad de reír, se acabó la clase por hoy. Y a usted, señorito Dubois le voy a dar un masaje para que no le queden moratones.

 

Con las dos manos manoseó mis nalgas como quien trabaja una masa de pan, hundiendo los nudillos en ellas, estirando los músculos y abriendo las dos mitades de mi dolorido culete. Al ver el rosado y estrecho agujerito entre los dos hemisferios de mi culo, noté que su erección se hacía aún más fuerte y poderosa.. disimuladamente deslizó uno de sus dedos por la hendidura de mis nalgas hasta rozar el pequeño y apretado orificio Tenía las manos húmedas por el esfuerzo que empleó en azotarme, una gota de sudor se descolgó de su frente yendo a parar directamente al canal que ardía como un volcán. Sus manos húmedas y ese dedo mojado refrescó mi ojete e hizo que me relajara. Tras una leve presión lo introdujo dentro de mí colocando la mano encima para disimular la penetración. Gemí y me arqueé sobre sus rodillas.. aprovechando que los chicos no miraban en ese momento ( estaban vistiéndose y recogiendo las prendas de deporte), escupió sobre mi ojete e introdujo primero un dedo y luego dos. Agarró una de mis manitas y se la llevó a la entrepierna para que comprobase el tamaño de sus genitales. “¿Te gusta tocármela, verdad? Te aseguro que te van a faltar manos para cogerla entera, pero ya veremos como lo haremos en otra ocasión. Vaya  culo que tienes, chico. Está para lamértelo, follarlo con la lengua y comértelo a bocados.

No me atreví a decir nada

– Bueno, Javi, ya ha sido suficiente castigo por hoy. Levanta y vístete. Sabes que no te conviene decir nada de esto porque con lo que ya sé de ti tienes todas las de perder. Así que esa boquita mantenla bien cerradita ¿de acuerdo?. Ya hablaremos más detenidamente sobre esto. Si eres discreto y confías en mí, ganarás un amigo y un buen protector para que nadie se pase contigo en clase ni te haga daño.

 

Cuando me incorporé, él continuó sentado. Dirigí la mirada descaradamente a su paquete para darle a entender que me había dado cuenta de que había estado empalmado todo el tiempo. Se incorporó un poco del asiento tensando los muslos para que viese una vez más su paquetón; aún la tenía morcillona al tiempo que una mancha (tal vez de líquido preseminal) humedecía su chándal gris de algodón. Me guió un ojo y sonrió diciéndome en voz baja:

– Llevas el diablo en el cuerpo, Javi. Sabes como tentar y poner caliente a un hombre.