HUMO 1

No, no fumo, pero la mayoría de ellos sí. Yo hago el paripé que fumo pero no sé fumar tragándome el humo (es de las pocas cosas que no me trago jajjaj..) tan sólo les imito porque de ese modo me da la impresión de que les pertenezco un poco más, que soy un objeto cotidiano en sus bolsillos y que pueden echar en falta: cajetila, juego de llaves o un simple mechero. A decir verdad, a mis alfas no les gusta que yo fume y,  menos aún, en presencia de ellos. Sería una falta de respeto.

Pero miradles ¿no son realmente hermosos y seductores? el gesto de la mano sosteniendo el cigarrillo, la mirada desafiante, sólidos y firmes los pies sobre el suelo, el centro de gravedad de sus cuerpos ubicado entre los mulos y alrededor del eje de su sexo: bajo el chándal, sus pollas señalan las doce en punto en el reloj de un día soleado y caluroso.

Nunca les he visto derramar una sóla lágrima aunque sus corazones estén en llamas. Los hombres alfas no lloran.. pero, a veces, no pueden evitar pestañear algunas lágrimas cuando el humo les nublan los ojos. Aunque no me atrevo a decirles nada, me fascina ese destello luminnoso en la mirada porque les hacen parecer  un poco más humanos y vulnerables. Aunque sus rasgos masculinos estén tallados en piedra, un buen pussyboy sabe que nunca se debe interrogar a un hombre conmovido. Veo surgir de sus labios esa ráfaga de aire y humo directamente de sus pulmones.. y me da por pensar que de ser cierto que tenemos alma, el alma no sería más que una respiración del cuerpo. Sólo con escuchar su s exhalaciones, me es suficiente para adivinar sus estados de ánimo y emociones.

Y luego, está ese sabor picante que deja la nicotina en sus salivas cuando escupen sobre la palma de sus manos para lubricarse la polla.  Esa misma mano que luego descansará con el cigarrillo humeante entre sus dedos sobre uno de sus muslos, una vez que se han deslechado. Arrodillado entre sus piernas me dejo embriagar por  el olor del tabaco o el cannabis mezclado con los regueros de esperma aún caliente que voy lamiendo hasta no dejar rastro.

Son secreciones animales lo que percibo: el sudor impregnado de feromonas masculinas, esas gotas de orina del macho en período de celo, el almizcle de los felinos y el ámbar procedente de los cetáceos, madurados por el sol, el desierto, y los océanos. Y de repente, como movidos por un resorte mecánico, cierran las piernas para aprisionar mi cuello entre sus muslos.

–  A ti no te estará follando otro tío ¿verdad? tú no serías capaz de estar con otro sin que yo lo sepa..

Niego cabizbajo sin atreverme a mirarles a los ojos. ¿Cómo pueden hacerme esa pregunta? ¿Cómo pueden dudar de mi entrega y lealtad cuando mis vísceras aún no han absorbido del todo el esperma que me han dejado dentro? las sustancias químicas que producen mi cerebro después de follar, me conducen a la euforia más absoluta. Me es del todo imposible pensar en otro hombre, yo no sé ni puedo hacerlo.

– No beberé ni agua hasta que pasen dos horas mínimo. – respondo.

He llegado a la conclusión de que los hombres alfa no están acostumbrados a experimentar sentimientos que no pueden dominar y escapen a su control, pero tampoco pueden ignorar, ni olvidar, cuando se obsesionan con la posible intrusión de otro alfa en su territorio. Sufren, odian, tienen rabia, sí . ..pero acaso ¿no pueden escapar a esa mezcla de perturbadora curiosidad hacia el intruso, a esa necesidad de saberlo todo sobre ese supuesto rival que imaginan que viene a arrebatarles el puesto?. Llegan a obsesionarse tanto, hasta el punto de establecer con el rival un contacto íntimo, demasiado íntimo para tratarse de dos hombres, un contacto casi femenino.

En todas estas cosas es capaz de pensar un beta pussyboy como yo mientras besa y lame los pies de su dueño. Sólo trato de calmarles y devolverles la seguridad en sí mismos. Podría parecer un acto de humillación (es posible que la verdadera humildad sólo pueda nacer de la humillación, si no, es falsa vanidad) pero no es eso… sólo intento desprenderme de uno de los peores venenos humanos: el ego.