DESPUÉS DE RECOGIDAS LAS ESPINAS

Tendido boca abajo al borde de la cama con las nalgas separadas y la cabeza lo más inclinada posible, mi Alfa después de entretenerse un rato en la contemplación de mi culo que sumisamente le ofrezco, después de azotarlo y morderlo, humedece con su boca el pequeño y delicado orificio que va a perforar y prepara la penetración con la punta de su lengua. ¿Qué soy ahora que dejo abierta la maquinaria del alma, el tic-tac de un reloj abierto que muestra las pulsaciones del deseo? – Ofrécete – me digo, nadie es capaz de un bello dolor de carnosos pétalos, de entregar su culo en su más ardiente volumen si no es por amor. Nada más tentador que horadar los oscuros abismos del ser cuando es un esclavo quien sucumbe al más fuerte.

Con una mano conduce y maneja el grueso tronco de su polla y con la otra separa mis nalgas; una vez que su furioso glande me ha penetrado, es necesario que empuje con firmeza tratando especialmente de no perder terreno. Ya no siento el alma a la izquierda del pecho, ahora es un alma que no tiene rajas, ni espíritu, ni origen… sólo una brutal y loca necesidad de placer en medio de un sentimiento de dolor y embrutecimiento animal.

A veces, si el orificio es estrechito y pequeño como el mío, se suele sufrir mucho en el momento de la penetración; pero, sin hacer caso a a mis gritos y súplicas de dolor, el verdugo ebrio de poder embiste con su polla gradualmente hasta alcanzar la meta, es decir, hasta que siento que el vello púbico que corona su duro cipote frota deliciosamente mi dilatado agujerito. y lo dilata

– Dime que quieres de mi

– (inaudible)

– No te escucho. ¿Qué carajo quieres de mí? Dí-me-lo

– Ales no puedo pensar ahora mi mente no llega hasta donde llega mi emoción. Estoy castrado por ti. He perdido el corazón por entre los cojines del sofá y no lo encuentro.

– Entonces, pídelo, suplícame.

– Fóllame como un animal hasta el punto que se licúe toda tu alma en mí, por favor, por favor.. “carnéame” (no sé por qué me acordé de Marcus carneando en su granja de Argentina a sus lechoncitos)

Llego a esa nada hambrienta que hay en mí, a ese lugar de la sensibilidad donde cuerpo y espíritu al fin de reconocen y se besan.

Es el momento en el que el macho hambriento prosigue su ruta con rapidez;

después de recogidas las espinas del dolor, todo lo que resta  no es sino un camino de rosas.

Las palpitacionesa gustosas que me producen sus embestidas hacen que contraiga prodigiosamente las paredes de mis entrañas para succionar y acariciar su polla con mi esfínter…¡maldita sea! durante toda mi adolescencia estuve entrenando los músculos de mi suelo pélvico para aprender a redoblar los placeres de un macho alpha, quien ahora colmado de satisfacción y voluptuosidad, no tardará en verter en lo más hondo de mí un esperma abundante y espeso por las lúbricas contracciones que le he proporcionado a su duro y grueso cipote. Es un perfecto código Morse que él recibe después de ajustarse a mí como un guante. Materia viva y carnosa donde ha fabricado a conciencia el molde exacto de su deseo. ¿Cómo describir el inmenso placer que me provoca en mi zona prostática su delicioso prepucio abriendo y dilatando su ojo de polifemo antes de deslecharse?

Ya no puedo pensar en mí, pero sí en la carne, en el sentido sensible de la palabra “carne” antes de que mi pensamiento se derrube definitivamente.

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LUNA EN SANTA CLARA

– ¿A qué hora sales hoy de currar?

– Hoy sábado a las 21’30, pero entre que me quito el uniforme, hablo con mi jefe y dejo todo listo.. súmale diez o quince minutos más.

– ¿Y tienes que volver?

– Mañana a la misma hora para el turno de noche. ¿Por…?

– Te cuento: Mis padres se han ido este finde a El Palmar con mi hermana Sara, la peque. Manu (su otro hermano) también, pero con su chica y a su bola. Mis padres quieren que le eche un vistazo al chalé durante estos dos días y medio. ¿Te apuntas a estar fresquito en plan tranqui y pasando de todo hasta de “la calor”? Te recojo a las diez

– Mola.

– Una cenita, y después podemos charlar en las tumbonas del jardín, donde se está tela de a gusto. Me he llevado allí algunos temas que tengo que empollar este verano.

Me chocó un poco que matizara lo de “charlar” y estudiar… después de las semanas que llevamos “conociéndonos” me sonó un poco a  el plan es éste y -es – lo – que – hay.

– Ales, si tienes que estudiar no sé yo si es muy buena idea…

– Qué va, hay muchas horas por delante, casi un día entero. Ayer estuve estudiando toda la noche y madrugada hasta las siete de la mañana. Te eché en falta. Curry (el perro labrador) no sabe charlar ni preparar café con hielo, todavía…

–  Ah, vale jajjajjajjajja…

La conversación se produjo durante los quince minutos que nos dan de descanso a media tarde y después de leer un whatsapp suyo “llámame cuando puedas”, ya que mientras estamos en el curro nos tienen prohibido tocar el móvil.

Cuando acabé mi turno, me duché a toda prisa, me aseé y como por la hora que era no era muy de fiar que El Corte Inglés me dejase entrar al super, decidí ir al HiperOriente que me pilla cerca para comprar la ginebra que a él le gusta. Al pasar por  caja, ví unos salvamanteles que me gustaron y unas velas dentro de unos vasitos planos de vidrio… un ovni de cada color, tres en total: dos celestes y uno ámbar. “Ellos” no caen en estas tonterías, pero un pussyboy está siempre en todo.

Llegué justo a tiempo, odio hacer esperar a los demás. Me abrió la puerta del coche.

– Entra.¿Qué traes ahí? ¿las sobras que has pillado en cocina?

– Qué capullo eres, Ales

– Te lo digo porque antes de aparcar me he pasado a comprar algunas cosas para la cena. ¿Te gusta el salmón?

Odio el salmón y la mayoría de los pescados. Por la cara que puse me lo debió de notar

– Y unos chuletones de carne con chorizos y morcillas picantes al fuego hasta que revienten de pringue por todas partes..lo ideal con toda la calor que hace, te parece?

– Pues.. no sé

– Mira que eres prudente y educado, coño! jajjaja..  he comprado cervezas, refrescos, carne para hamburguesas que me han preparado allí mismo, verduras para asar en la parilla, y lo que encontremos en el frigo para picar ¿esto te gusta más?

– Síiiiiiiiiii

De camino a Santa clara, sonó una canción que me encanta: https://youtu.be/Io0fBr1XBUA

Tenerle tan cerca, las manos al volante tan seguro de sí mismo, con los muslos separados…Las sombras que proyectan sus pestañas, sombras de arañas negras. Casi puedo sentir sus cosquilleos cuando se me acerca. Me mira, le admiro, calla y frunce el entrecejo y el poco sol que queda del día se solidifica en sus ojos, un acerado brillo de escorpiones.


Te va a gustar la piscina de casa, ya verás.

– Hostia! me paso antes por la mía y busco el bañador. Tío, tendrías que haberme avisado.

– Ya te voy conociendo, Javi. A ti hay que pillarte siempre de sorpresa y no dejarte pensar ni un segundo ¡zasca y al vuelo! porque si no te me escapas. ¿Qué problema hay? ya improvisaremos algo.

Tiene razón, pero aún así, no puedo evitar inquietarme ¿Por qué? si aún está en mí desde la última vez que follamos, estamos aún los dos dentro, me lo recuerdan todos mis órganos. Siempre me resulta extraño entrar en una casa que no conozco, es como reconocer una ciudad que aún no he visitado o un cuerpo que todavía no he acariciado. Pero no preguntaré nada; no se puede construir donde no se puede vivir y él ahora tiene mi vida en sus manos. No pensaré en nada, no hablaré durante el corto trayecto. Decir algo sería como abrir una ventana ¿sin cristales? por donde se escaparía el plumón cálido de los nidos, los alocados pájaros. Mi miedo e inseguridad es darle carne al dolor, alimentarle con el dolor mismo. 


– Aquí tienes todos los avíos.. coge lo que te haga falta con total confianza. Estás en mi casa, conmigo. Dame un beso. Ve preparando las hamburguesas, cortando las verduritas y lo que se te ocurra. ¿Qué has pensado?

– Hacer las verduras en brochetas y una salsa de yogur al estilo griego

– Cojonudo. Voy a encender la barbacoa mejor que la parrilla electrica ¿no te parece? esta noche, nosotros a lo grande. Vamos, Curry… vamos.

Que no me quite su mirada.  Ahí están sus ojos húmedos por la falta de sueño, pero frescos y radiantes como frutos. Quizá debería disimular un poco, pero – créedme, no puedo – me resulta imposible… sus ojos son mi alimento y mi estímulo. Yo no sé mirarme más que en sus ojos, en ellos me refugio y con ellos me acorazo. Que no me quite su mirada. Único espejo donde me reconozco, única alegría con la que me peino y me despeino.

Ya sé que todas estas frivolidades acerca de cómo amarle son en definitiva algo absurdas. Es el amor quien me contiene y me coloca frente a él con una exactitud milimétrica. Estratégicamente esta noche el amor me es dado, así como la distribución arquitectónica de las estrellas, exactas e inmóviles, así el despuntar de los jazmines en el jardín de su casa, así el lugar y la hora de este encuentro que no había previsto ni imaginado.

Y mientras tanto, bajo una claridad hermética, respiro el relente de la madrugada, el verde alimento de las plantas… un vaho cadencioso y letal sólo comparable al silencio de su piel que transpira en esta noche calurosa.


– Qué calor, nene. Y eso que he encendido la barbacoa portátil, si llega a ser la otra nos torramos vivos. Subo un momento arriba y tu mientras tanto ve poniendo la mesa, seguro que tienes más arte que yo para esto.

Dudé por un momento si poner los salvamanteles y las velitas que compré en el HiperOriente, si encenderlas o no, si consultarlo antes con él, si… Curry no me quitaba ojo.

Apareció con un par de bañadores tipo short en la mano.

– Ales, por lo que más quieras, no digas nada.

– ¿He abierto la boca para decir algo? (al oído) “estas cositas tuyas” me encantan. Un detallazo por tu parte pero con la ginebra te has pasado o ¿tu intención es emborracharme y luego abusar todo lo que puedas de mí?

Se sentó en la tumbona y me ordenó que me acercase a él. No sé cual es el motivo por el que casi todos mis Alfas sienten ese impulso por desnudarme mientras ellos continúan vestidos. Aquella tarde con Julia, hicieron lo mismo: me tuvieron desnudo pero ellos no, hasta que finalmente nos enrollarnos los tres. Es una especie de ritual lento y parsimonioso con el que parecen disfrutar viéndome tan vulnerable e indefenso. Estuve un rato así, en pelotas, mientras abrimos las primeras cervezas y empezamos a picotear en las bolsas de chips y otros crujientes.

– Almendritas y frutos secos no pongo, no? dicen que hacen crecer los pezones y tetillas..

– Qué cabrón eres, tío. Siempre me pinchas donde más me duele.

– ¿Te vas a mosquear por esta gilipollez? pero si tienes un cuerpecito “pa comerte a bocaos, tontorrón”. Ven, acércate que te voy a probar el bañador.

Se descojonó de risa cuando me vió con aquellos boxers que evidentemente no eran de mi talla (él es más alto y más fuerte) y que se escurrían de mis caderas por mucho que ajustase el cordón de la cinturilla. Curry me olisqueó todo lo que pudo.

– Debo estar patético.

– Que vá, estás muy gracioso. ¿Verdad Curry que está para comérselo? Pareces un niño grande jajjajjaaj… voy a ponerme el mío y montamos las hamburguesas ¿no tienes hambre?

Continuó hablándome y sin dejar de mirarme mientras se desnudaba; en cierto modo, me forzaba a ello…era como decirme: “ahora me toca a mí, quiero que me veas. Somos dos tíos pero te feminizaré a mi antojo siempre que mi deseo sea lo demasiado fuerte e imperioso, Soy el Alfa que llevabas estos meses buscando”.

Hicimos un trato: Él preparaba mi hamburguesa a su gusto, y yo la suya al mío. Un aútentico desastre, la suya paecía un torre con todo lo que metió dentro además de ketchup y mayonesa. En cambio, a mí me gustan simples sólo con un poco de lechuga, tomate y sin queso. Ahora fui yo quien empecé a reirme viendo la cara que puso. Al final, optamos por la decisión salomónica de partirlas en dos mitades y combinarlas.

– Ales ¿me dejas hacer algo que me gusta mucho? me encanta dar de comer a otra persona.

– Vale, pero para eso tienes que acercarte y sentarte en mis piernas.

Soy de comer muy poco,( he tenido ese problema desde chico) enseguida me sacio, y aunque de vez en cuando le daba algunos bocados a su hamburguesa torre, me descojonaba de risa viéndole comer a dos carrillos y pendiente de que no se manchase demasiado. Curry a nuestros pies, daba cuenta de todas las migajas que caían al suelo. Deshacer las brochetas de verduras, comer con las manos, mojar los trozos en la salsa y darnos de comer uno al otro, nos resultó a ambos muy excitante y morboso. Acabé chupándole los dedos y los goterones de salsa que cayeron sobre su torso.

– Y ahora, lo suyo es darse un bañito. Eh ¿donde vas? ven aquí. Espera que te quite el bañador.

Nos zambullimos en la piscina donde calculo que podrían hacerse largos de unos diez metros. Bajo la superficie del agua cerré la memoria como quien corta la llave del gas y las persianas herméticas; le vi acercarse a mí sigiloso y amenazante como un escualo delimitando su territorio. Su boca tan de cerca y tan voraz.. aún la siento , la respiro, la sufro como un escalofrío. Y cuando peligrosamente se aproximó, su boca, cráter o anémona, dejó paso a una voz cálida y agridulce como el vaho incandescente de los volcanes subterráneos.


La luz siempre llega de lo alto y eso me jode porque me hace pensar en algún dios con sus putas linternas. Fue entonces cuando la vi mientras buceaba bajo el agua, era una luna lechosa y lúbrica que imantaba mis pezones. Dos pequeñas islas que emegen y desaparecen con la energía magnética de las mareas.

Lo único que quiero es estar al lado del Alfa a quien amo y admiro. No me importa que él no lo sepa, no me importa que él no sienta lo mismo por mí. Quiero estar al lado de quien amo sin pedirle ni exigirle nada. Quiero estar a su lado porque ha sido capaz de hacerme sentir, el completa mi masculinidad, la dirige y orienta como el guerrero adiestrando al alumno en la batalla, porque a su lado soy mejor persona, por eso. Sólo esperaba que llegase el momento en el que mi piel hablase por mí.


– Javi ¿Qué voy a hacer contigo? ha llegado ya un momento que no sólo pienso en ti varias veces al día, sino que te echo en falta y necesito tenerte un rato a mi lado. ¿Qué piensas?

– Pues que lo mejor es que nos dejemos llevar y ver qué pasa.

– Ya claro, y si lo prefieres, tropezamos, nos miramos, y le llamamos destino jajjajjajaj..  tú no disimules tanto porque también se te ve bien pillado, estás amamonao conmigo.

De un salto, se abalanzó sobre mi y me besó. Cerré los ojos porque sabía que ese beso iba a doler.

– ¿Qué piensas, Javi?

– Que te amo y no sé por donde empezar.

Llamádme estúpido, pero sólo deseaba enterrar mi cara en su cuello y sentir cómo olía, eso significa que mi físico desea el suyo, porque el roce de la carne con la carne desprende un aroma incluso bajo el agua.

– Javi ¿Qué pasa si los hombres abren el corazón?

– Que se curan

– De qué?

– De haber estado año tras año asfixiando y estrangulando sus sentimientos en lo más íntimo de su ser.

– Yo también creo que estoy sintiendo algo por ti, pero también me pregunto lo mismo: ¿Por dónde empiezo? Es increíble lo mucho que te puede cambiar la vida cuando decides decir: “Ya no más de lo de antes” “Quiero experimentar algo nuevo” pero ya sabes que es impotante para mí que entre nosotros, de vez en cuando, intervenga una chica. Lo necesito.

Charlamos un buen rato a la luz de las velas y los reflejos de las pequeñas llamas que se proyectaban sobre nuestros cuerpos mientras duró la muerte y agonía del carbón y la madera. Se sirvió otro gintonic y encendió el tercer canuto de la noche. No me gustaría formar parte de una historia que se cuenta con un porro en una mano y un vaso de alcohol en la otra. Pensé.

Apagó las velas y todas las luces del porche quedándonos a oscuras a la luz de la luna. El mecanismo programado para regar el césped puso en funcionamiento los surtidores.

– Escucha esta canción que me recuerda a ti. Dijo

Enciendo el mechero  y lo acerco a su piel. Leo en ella. Materia viva. Como la tierra de los campos, basta, basta a mi corazón ligera siembra para darse a él sin reservas. Qué eficacia la del amor. Algo parecido a lluvia. Mientras me acerco a oscuras a sus labios, una luciérnaga me guía -fuma- pienso que esta lluvia artfificial no tiene sal de lágrimas. Las mías sí porque están llenas de emoción y entrega.

Quiero estar con él no por verle sino por ver lo mismo que él, cada cosa en la que respira como esta cortina de agua de tanta sencillez, que lava.

Deja tu cuerpo en mis manos, tu piel en mis labios para que sirvan de primicia y sacramento. Tan ancho el mundo y no cabemos en él. Tan encendida esta luna de las tres, y uno de los dos siente encogérsele el alma de escalofríos. Tan enorme, tan horizontal le veo y yo sigo reptando por su epidermis como un insecto hambriento en el envés de una hoja nervuda y carnosa.

Pero es aquí, en la dura penumbra del jadín , mientras le oigo respirar, cuando escucho bramar con furia al toro del laberinto, donde quiero tenerle, desnudarle, sentirle, y encontrarme y perderme soportando su cuerpo. Materia viva, mi amor, mi alimento.


Me condujo a una rincón apartado del jardín , durante el corto trayecto, descalzos por el césped, pisé un caracol que se quedó adherido a la planta de mi pie derecho. Ales me aplastó contra el muro bajo el matorral de jazmines, estrujó su cuerpo contra el mío y empezó a besarme con furia al tiempo que me pellizcaba los pezones. El cosquilleo del caracol sin concha y cubierto de babas bajo mi pie, estimuló mi lengua enroscándose en la suya excitando todo mi cuerpo. Él lo notó y empezó a chupar  y mordisquearme los pezones .

– Estás ardiendo hijoputa.

A continuación, me hizo girar el cuerpo y colocarme de cara a la pared. Sentí cómo abría mis piernas, doblaba mi espalda y ensalivaba mi agujero. Azotó varias veces mis nalgas hasta volverlas tiernas y obedientes.. Se estrujó aún más sobre mi y me mordió el cuello mientras inició  la penetración.

Dolía, pero me tapó la boca para amortiguar mis fuertes gemidos.

– Necesito follarte ahora, de la manera más sucia y exquisita que existe.

A la mañana siguiente, amaneció domingo.Odio los domingos. Nada ocurre en domingo. Nunca encuentras un nuevo amor en domingo. El domingo es el día de los tontos felices. Amanecí entre sus brazos después de echar echar tres o cuatro polvos. Estaba en su cama y me sentía de puta madre porque el amor no se manifiesta en el deso de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien. Eran ya las cinco de la tarde.

Me levanté de la cama, y después de ducharme y asearme, me dirigí a la cocina para recoger y limpiar todo lo que empleamos para la cena. Me preparé un zumo de naranja y salí al jardín para recordar algunos momentos de la noche anterior. Me dolía todo el cuerpo, preñado por todos mis agujeros, orgánicamente fecundado, pero exhultante de alegría, ebrio de felicidad. Las células de mi cuerpo estaban en el proceso de la digestión lenta de asimilar todos sus fluídos y los míos. En la cavidad de mi cerebro reinaba la euforia. Antes de marcharme me pasé por el dormitorio. Ales continuaba durmiendo, en su desnudez , me pareció el hombre más hermoso del mundo. Con mucho cuidado y sigilo para no despertarle, me acerqué a sus muslos abiertos y le besé los testículos.





SUEÑO DEL ÁRBOL

Sabéis una cosa? cualquier semilla no puede saber lo que va a suceder, nunca ha conocido la flor o el árbol. Bajo la superficie de la vida, la semilla no se conoce a sí misma no sabe lo que es. Aún no cree en su potencial de convertirse en flor, fruta o árbol. Sólo es un sueño de sí misma…

Largo es el camino y nada está garantizado. Mil y uno son los peligros del viaje que le espera, muchos los escollos e incertidumbres. Qué segura está la semilla dentro de su núcleo duro, durmiendo bajo la tierra, en esa noche oscura que la cobija y acuna.

Pero un día sucede. Así es el misterio. La semilla despierta, deja caer la cáscara que era su seguridad y comienza a moverse.

Eso mismo me ocurrió con el amor y el sexo. Casualidad más terrible. Aún dormido en mi niñez, una extraña y fatal coincidencia hizo que al despertar adorase al primer guerrero dominante que se cruzó en mi camino.

Inmediatamente comienza la lucha: la lucha contra el suelo, contra la piedras y las rocas. La semilla era dura en su origen … pero el tierno brote germinado, ahora es suave y frágil frente a los muchos peligros que le acechan. No podrá sobrevivir sin la protección del amo.

La semilla podría haber sobrevivido por milenios escondida bajo la cálida tierra, pero ahora, para ese tierno brote que despertó al corazón enamorado los peligros son muchos. Sin embargo, el viaje hacia lo desconocido es inevitable: hacia el sol, hacia la fuente de luz y calor, hacia ese cuerpo que le espera para entrelazarse y someterlo.

No sé hacia dónde voy, no sé por qué tiene que sucederme…

Un sueño posee la semilla.

La semilla se mueve.

¿Cómo es posible que una sola gota de saliva, sudor, y semen alfa despierte en mí esta devoradora sed?

–  Confieso que este blog lo he podido abrir recientemente porque hace cinco meses que no estoy con nadie. Tuvimos que separarnos. En este post he utilizado la imagen de la semilla para que entendáis esa “necesidad imperiosa” que tengo de entregarme y servir al amo.

Más pronto que tarde, sucederá, sucumbiré ante un nuevo dueño, es inevitable. Ojalá tenga la oportunidad (no depende sólo de mí) de transmitiros los preámbulos, los primeros pasos, cómo es el día a día cotidiano hasta que se establecen las reglas y normas  Dom/Sum entre los dos.

He pensado en utilizar para las entradas, fotografías que no fuesen tan explícitas y que tuviesen una mayor calidad estética y artística, pero ¿por qué mentirme a mí mismo? esas imágenes reflejan el carácter, la mirada, y la esencia de los tíos con los que he estado.

LA VISITA AL MÉDICO

Al contrario de lo que pudiera pensarse J.V.  llevaba muy bien el curso con excelentes resultados en todas las asignaturas. En aquel país donde viví hasta los 16 años, la comunidad europea no era muy grande y nos conocíamos prácticamente todos. J.V. estudiaba en un colegio para mayores, en cambio yo, aún estaba en la escuela para niños de los cuatro hasta los 12 años. Desde que le conocí no podía concentrarme en los estudios, mi rendimiento bajó considerablemente a pesar de que hasta entonces no había sido mal estudiante. Pero hubo algo peor, algo que hizo saltar todas las alarmas: estaba perdiendo mucho peso a pesar de que mi constitución siempre fue atlética y bien proporcionada. El poder de dominación tanto físico como mental al que me sometía J.V. hizo que perdiese el apetito y todo interés por la comida. Tengo que confesar y admitir que él controlaba mi dieta 

– “Quiero que estés siempre hambriento, pero hambriento sólo de mí. Como me entere que comes a mis espaldas de la paliza que te doy lo vomitas todo del tirón.¿Te queda claro? a las nenas como tú hay que controlarlas hasta en la comida, porque si comen lo que les gusta se vuelven desobedientes y caprichosas. Te traeré un bote de vitaminas, y te iré dando una cápsula que tragarás  cuando yo te lo ordene ¿De acuerdo? Además con mi leche ya estás bien alimentado.”


En efecto, sus órdenes surtieron efecto: no podía tragar nada, ni siquiera los platos favoritos que cocinaba mi madre. El truco que ideé consistía en colocar estratéticamente una bolsa de plástico en mis rodillas y y volcar en ella casi todo lo que había en el plato aprovechando un descuido de mis padres cuando estábamos sentados en la mesa viendo la tele a la hora del almuerzo o cena. Si por algún motivo no lograba mi objetivo y tenía que comer, al acabar y levantarme del asiento me iba al baño para vaciar el estómago. Me sentía indigno si comía algo sin el consentimiento de mi macho, sólo pensaba en él, quería obedecerle en todo. También me pidió que me mantuviese en absoluta castidad.


– Javi, no te hagas pajas cuando estés en tu habitación o en el baño. Te lo repito: nada de pajas ¿Me oyes? mírame: Aunque no te lo creas yo me daría cuenta si te has pajeado, así que ni se te ocurra engañarme. Te correrás sólo cuando yo te lo ordene, te digo desde ya que normalmente no me gusta que mis putitas se desahoguen a su voluntad. Tienes que aprender a controlar eso, o si no, te coloco en la pilila una goma elástica hasta estrangularte esos huevecillos de paloma que tienes. Quiero a mi maricón siempre ansioso y hambriento como una perra en celo. Además, si tú aún no te has desarrollado todavía, cabrona. Pareces una niña sin ningún vello en todo el cuerpo, y ni tan siquiera te sale leche del pito sólo un chorrito transparente como un pegamento ¿Para qué necesitas tú hacerte pajas
?

En eso también le obedecí pero algunas noches mientras dormía no pude evitar mojar la cama. Me despertaba asustado y cambiaba las sábanas para que mi madre ni mi hermano se enterase de que me había corrido en sueños. J.V. tenía razón:  yo aún no tenía leche en mis testículos, tan sólo me salía un líquido infantil y transparente. Sin embargo a él cuando yo estaba arrodillado a sus pies, veía como le brotaba del capullo en cada sacudida de su corrida, un surtidor de semen blanco, espeso, y abundante. Me encantaba esas últimas gotas de leche desbordándose desde la punta de la polla, para luego descender por el grueso cilindro de carne y acabar cubriéndole los huevos. Yo se lo lamía todo sin desperdiciar ni gota. Era mi alimento, y me sentía plenamente feliz por tener el gran privilegio de alimentarme de mi macho alpha, el dios supremo al que entregaría mi vida si me lo pidiese. Como él no estaba circuncidado, al bajarle la erección le chupaba delicadamente el prepucio subiendo y retirando la piel y acariciándolo con la lengua. Eso le encantaba.

Mi madre al ver mi delgadez optó por llevarme al médico para un reconocimiento completo. Me negué varias veces hasta que no me quedó más remedio que acompañarla. Estaba muerto de miedo por si el médico al desnudarme para su análisis viese algo raro sexualmente en mí y se lo dijese a mi madre estando ella presente conmigo en la consulta. El doctor no encontró nada fuera de lo normal, le dijo que me parecía a ella y que había sacado los rasgos típicos del país de mi madre que es holandesa.

– Javi, estamos muy preocupados por ti, hijo. Ya sé que estás en la edad de dar un estirón pero es que no comes nada, tu padre y yo siempre tenemos que obligarte a sentarte a la mesa. El doctor te ha recetado un complejo vitamínico y unos sobres con sabor a batido de fresa como complemento a las comidas.– Ya estoy tomando vitaminas en cápsulas. No necesito nada de eso. – ¿Qué vitaminas estás tomando, Javi? Ahora me estoy enterando, no me habías dicho nada.Me puse rojo hasta la raíz del pelo. Yo mismo me había delatado… empecé a temblar sin control y acabé llorando.– Javí ¿a ti qué te está ocurriendo? – insistió mi madre.– Nada, de verdad. No me ocurre nada, mamá. Me refería a las vitaminas que hay en la fruta.El médico que presenció toda la escena, obviamente al hacerme el reconocimiento le llamó la atención las muchas heridas, cortes, moratones, y marcas que tenía por todo mi cuerpo. Al referírselo a mi madre, ésta le respondió que me las hacía jugando al fútbol, Correteando en el acantilado de la playa o en las peleas de chicos propias de la edad. 

 Dime, chaval ¿Seguro que todas esas marcas y magulladuras se deben a todo eso que dice tu madre?

Asentí cabizbajo. No me creyó pero lo dejó pasar. Mis padres y el doctor se conocían lo suficiente como para saber que las heridas no eran producto de un castigo paternal o familiar. – Vigílalo por si acaso – le dijo a mi madre,. Y habla con sus profesores, ellos son los que mejor deben saber algo al respecto.La paga semanal que mis padres me daban los sábados, así como el dinero diario para comprar chuches, bocadillos o algún refresco, se lo entregaba íntegro a J.V para sus gastos y cigarrillos. Y si íbamos a un burguer, sólo me permitía comer de los restos que dejaba en su bandeja. También me apartó de todos mis amigos y compañeros. A la salida de clase debía ir directamente a mi casa, o esperar a que él viniese a recogerme en la puerta de la escuela que no estaba lejos del colegio donde él estudiaba. Yo vivía en un continuo estado de pánico por temor al duro castigo si desobedecía o incumplía alguna de sus leyes.En una ocasión, mi compañero de curso me ofreció su lata de cocacola para compartirla conmigo… J.V. me pilló desprevenido bebiendo cuando se acercaba a mí. Ante la mirada que me lanzó me oriné en los pantalones de puro terror.

CONFESIÓN 3

J.V. presumía de su pequeño esclavo ante sus amigos y compañeros, yo era su juguete, el ser cálido y sumiso con el que se desahogaba y le hacía sentirse poderoso y seguro de su masculinidad y liderazgo. Por mi parte tenía bien claro que jamás podía exigirle nada ni crearle problemas, acudir a él sólo cuando por una seña o mirada me lo ordenase. Me aconsejó y aleccionó como comportarme con mis padres y hermanos, así como con el resto de mis compañeros de curso. Me fue apartando de todo y de todos los que pudieran ejercer cierta influencia sobre mí. Él decidía mi tiempo, mis horas de estudio y deporte, así como con quien o no debía relacionarme.

Teníamos nuestros lugares secretos a los que me llevaba cuando sentía ganas de pajearse o, si estaba cabreado por algún motivo… decidía entonces descargar su furia conmigo. El ritual casi siempre empezaba con insultos, forcejeos, para luego agarrarme el cuello por detrás con su brazo derecho y estrangularme hasta la asfixia. A continuación me calentaba a bofetadas y cogiéndome por el pelo me obligaba a arrodillarme ante él para besar y lamer su paquete. Apretaba y refregaba mi cara contra su entrepierna sintiendo claramente como le iba abultando el paquete y rodear el cilindro de su polla con mis labios. Aspiré bajo la tela de sus vaqueros ese olor a macho alpha que embriaga, anestesia y te hace perder la razón y la voluntad. 

Arrodillado a sus pies veía su saliva apuntar hacia mi boca abierta que él sujetaba con fuerza con su mano y obligándome a tragarla sin rechistar. Aunque sus embestidas mientras le hacía una mamada eran cada vez más salvajes y frenéticas, poco a poco fui aprendiendo a controlar las arcadas y la respiración.

– Traga mientras chupas, maricón. Abre bien la garganta para que entre toda mi polla.

Cuando llegaba el momento de correrse, las primeras sacudidas de esperma las recibía sobre mi cara y, a continuación, el resto de su semen se derramaba sobre mi lengua y garganta. Ver tan cerca brotar su leche caliente y espesa del orificio de su glande húmedo y de aquel grosor tan enorme, me excitaba hasta la desesperación. Con la polla aún en su mano recogía los restos de su corrida y me los hacía lamer cuidadosamente para no desperdiciar ni una gota. Me encantaba esa mirada lasciva que me dedicaba desde lo alto.

– Mi pequeño maricón cada día lo haces mejor. Perdóname si me he pasado con los golpes ¿vale?. 

Rodeándome con sus brazos me daba un beso profundo e intenso… con su lengua lamía las heridas de mis labios y con mucha ternura volvía a besarme hasta tranquilizarme. 

– Javi, si alguien se pasa contigo o te hace daño, me lo dices ¿me oyes?. Si alguno de tus colegas tiene huevos de tocarte o insultarte, lo mato.

EL MOLDE DE TU DESEO

Qué sumamente emocionante y gratificante me resultó como beta (pussyboy) aprender a disociar placer y orgasmo – que inicialmente sólo localizaba en mi pene y testículos – hasta conseguir concentrarlos únicamente en mi “vagina”. Ahora, la liberación de mi orgasmo la consigo sólo a través de la penetración a la que me somete mi macho alpha mientras me usa egoístamente para su propio placer. Él es mi hombre, y como tal, el único que tiene polla y puede utilizarla.

– Por favor, fóllame…. por favor, por favor ¡te lo suplico!

Mi mente se queda en blanco; sólo me queda voluntad para ponerme a cuatro patas y ofrecerme a él. Entonces, mi ojete comienza a contraerse y dilatarse …palpitando como un corazón oxigenado y hambriento que espera ansioso ser horadado.  Necesito desesperadamente que él me posea y someta a su voluntad hasta vaciar en mis entrañas su esperma caliente. Mi estrecho y apretado orificio se ha hecho más flexible y elástico hasta adquirir poco a poco el tamaño de la cavidad que él ha excavado en mi para su propio deleite. Ahora soy un molde exacto de su deseo.

 Él está sobre mí aplastándome con su cuerpo, presionando mi cuello contra la almohada con una de sus fuertes manos. Arqueo la columna y levanto mis nalgas temblorosas incapaz de apaciguar las contracciones de mi ano.

– Por favor, fóllame ¡no puedo más! , le digo.

La punta de su polla primero acaricia y luego presiona el anillo de músculos de mi esfínter.. su capullo está lubricado, dilatado y duro como la cabeza de un percutor. Sus primeros intentos de penetración me duelen  pero tras unos segundos de resistencia, le doy la gozosa bienvenida.

– Ábrete a mí, niño! Venga vamos, ábrete por completo, – Me grita al oído.

 

Su cuerpo cubre la superficie de mi piel por completo hasta enfundarse en mí como un guante. Dejo que su polla encuentre el lugar que le pertenece, su guarida. Me estremezco de placer y excitación con ese duro cilindro de carne dentro de mi culo. Le suplico que se mueva cuando su polla conquista el espacio de mi próstata y mis muslos comienzan a temblar incapaces de contener ese fuerte deseo de ser follado por un macho alpha. Gimo y maúllo como un gatito, estoy demasiado caliente y excitado…. con el anillo de mi ojete alrededor del eje de su cipote, comienzo a succionar, dilatar y contraer los músculos de mi esfínter para acoger lo mejor posible dentro de mí su virilidad y proporcionarle el máximo placer en la follada. Cuando le llega el momento de correrse, sus huevos se contraen para a continuación vaciarse en mi vagina; siento perfectamente las sacudidas de su esperma y esa respiración animal en mi oído mientras se deslecha. Se incorpora un poco sobre mí y exprime con una de sus manos hasta la última gota de semen en mi ojete. Él nota mi desesperación por gozar y abandonarme al orgasmo, sabe que estoy muy excitado porque su semen se espesa y acrecienta en mi interior como la masa de pan fermentado. ¡No puedo más, necesito abandonarme al orgasmo! pero él me detiene.

– Todavía no, hasta que yo te de permiso.

Es su palabra, palabra de dios. Tengo que obedecerle. Presiona con una mano mi espalda para obligarme a curvarme aún más con el fin de meter nuevamente su polla en mi ojete; aún está dura y muy lubricada. A continuación, se tiende sobre mí y atenaza mis piernas entre sus muslos.. muerde mi cuello y me susurra al oído no sin antes pedirme que cubra mi sexo con las dos manos:

– Ahora, nene. Ahora te doy permiso para que te corras.  Haz que sienta en mi polla las contracciones de tu coño mientras gozas y notar la intensidad  de ese orgasmo interno que te va a provocar mi polla… 

Me pellizca los pezones y la tensión sexual es tan insufrible que rompo a llorar y a gemir al mismo tiempo hasta que mis manos – que sujetan y esconden mi clítoris – se desbordan con el inmenso placer que acaba por derramarse abundantemente entre mis dedos.      

BAJARSE LOS PANTALONES

Hay algo que puedo constatar sin miedo a equivocarme: Los hombres alpha (al menos con los que he estado) someten a sus chicos beta a prácticas que jamás harían con sus chicas. Sus naturalezas dominantes les impulsan a convertir nuestras gargantas y culos en ese coño al que disfrutan follando de una manera frenética y salvaje sin importarles un carajo nuestro dolor o humillación. En su mentalidad no existe respecto a nosotros ningún tipo de consideración o empatía.

– Has nacido para proporcionarme el mayor placer posible y estás conmigo porque sabes que yo tengo “eso” que tanto deseas y sólo yo puedo darte. Yo no te habría encontrado si en cierto modo tú no hubieras ido por la vida buscándome. Eres un chico fuerte, guapo, inteligente y con estudios, educado.. no creas que me “vale ni me sirve” cualquier marica sumiso que me pueda encontrar por la calle. No me van los tíos. Tú me gustaste porque eres un chaval fuerte y con buen físico capaz de soportar sin quejarse el modo con el que me gusta tratar a una chica cuando me la follo, ya sabes que disfruto como un animal dando caña a tope. Me excita hacer contigo lo que no puedo hacer con “mi chica” porque no aguantaría el ritmo que le doy a la mamada sin atragantarse y  empezar a dar arcadas, porque no me permitiría tampoco que le diese por el culo (cosa que me encanta porque me pone a cien dominar y provocar dolor), porque pensaría que estoy siendo violento con ella, que la degrado como mujer o, peor aún,  que no la quiero lo suficiente y la trato como a una puta. Yo a mi novia la respeto porque deseo crear con ella una familia y que sea la madre de mis hijos; a ti en cambio te “uso” para mi placer – disfruto al máximo dominándote -, del mismo modo que tú me usas a mí para satisfacer tus deseos de estar junto a un macho sirviéndole y obedeciéndole. Te lo vuelvo a repetir para que te quede bien claro: no te he elegido por azar ni por puro capricho; no me molan los tíos pasivos y afeminados que sólo ven en mí una polla más con la que llenar sus bocas, y a la media hora, ya están soñando con otra polla y cuantas más mejor. Mi rollo contigo es diferente, Javi. Eres el colega con quien me siento cómodo tomando cervecitas y charlando, el tío en quien puedo confiar, conversar sobre cualquier tema e incluso  hablarte de mis sentimientos respecto a las mujeres porque sé que tienes una sensibilidad especial para comprender mis emociones y sentimientos masculinos, eres el amigo con el que me río y me lo paso de puta madre…  y por supuesto, lo más importante para mí, eres “mi chico” al que me gusta follar obligándote a comportarte como una tía dócil y obediente en la intimidad. Te juro que lo que más me gusta de ti es que eres un tío nada afeminado, un chaval que atraes a las chicas y se comporta en la calle como un colega más de mi grupo de amigos. Estoy seguro que si me llevo una tía a casa y yo te lo pido, – me daría mucho morbo hacer un trío contigo- te la follarías sin mayor problema, al igual que sé que podrías tirarte a un chaval que te atrajese y se te pusiese por delante… pero ya sabes que soy muy posesivo con la gente que quiero y considero exclusivamente de mi propiedad; no te permitiría jamás que estuvieras con nadie que no fuese yo. Entre nosotros el único que ordena y manda soy yo,  la única polla que debes tener en la cabeza a la que debes dar gusto y servir es la mía. Confía en tu macho alpha, javi, ten por seguro que conmigo disfrutarás un montón y te haré gozar a tope. Pero no olvides que me costó mazo trabajarte poco a poco hasta que finalmente caíste y te “conquisté”, que me he preocupado en enseñarte todo lo posible hasta convertirte en “mi chico” y en sacar lo más dócil, lo más dulce y femenino que hay en ti para que los dos disfrutemos al máximo cuando estemos juntos.

Hay otra característica bastante común en los machos alpha que me resulta muy curiosa y significativa: cuando salimos a la calle o estamos en un bar con los colegas – a pesar de que mi talante natural tiende a ser discreto, y me comporto como un chaval más de mi edad – él no puede evitar ejercer un férreo y obsesivo control sobre cada una de mis miradas y actos. Es como si me advirtiese con la mirada “no olvides que eres mío y me perteneces sólo a mí”. Obviamente, como cabría esperarse, sus celos posesivos ya nos han jugado varias malas pasadas porque para colmo de males mi trato con los demás es la de un tío afable , de buen rollo y que suele caer bien a casi todo el mundo. Recuerdo que una mañana en el metro a una hora punta y lleno a rebosar… se pegó a mi espalda cubriéndome por completo y rodeando mi cintura con uno de sus brazos. Le advertí disimuladamente que ese “acercamiento” tan descarado llamaría la atención de los viajeros más próximos a nosotros, a lo que me respondió:

– Me importa un carajo. Mientras no te ordene lo contrario, a ti no te roza ni te toca nadie más que yo.

He comprobado que fuera de su apartamento, (no sé si por competir o por mantener su rol de macho alpha) su nivel de ansiedad aumenta considerablemente hasta el punto de volverse más nervioso y posesivo de lo habitual. A pesar de que casi todos los findes en los que salimos de fiesta nos acompaña su novia ( me llevo bastante bien con ella pero no sospecha lo más mínimo de “lo nuestro”) lejos de serenarse y apaciguarse, por el contrario, le siento más intranquilo y alterado. Cuando se lo he hecho saber me ha respondido lo siguiente:

– Mamona, para mí no me resulta nada fácil ¿sabes? Ten en cuenta que me veo obligado a vigilar y proteger a dos “hembras”. Eso sí, reconozco que cuando te veo “cerca de ella” y la veo reír estando cómoda contigo, entonces me tranquilizo bastante y me siento más seguro. “Vosotras” no os dais cuenta de la cantidad de tíos salidos que hay siempre rondando cerca.

Pero en otras ocasiones cuando le ha entrado “el repente” o una especie de siroco y sin venir a cuento, me ha sacado del local dando cualquier excusa a los demás para montarme en su coche y llevarme a un lugar apartado. En esos momentos está tan alterado que es mejor no preguntarle nada porque lo único que recibiría de él sería una serie de insultos y bofetadas… no hay excusas ni razonamientos que valgan. El macho alpha está a tope de adrenalina y la testosterona le rebosa hasta por los ojos .. así pues, lo mejor es callar y obedecerle.  Tanto si es en un servicio, en su coche o en un lugar al resguardo de miradas indiscretas, con el fin de desahogar sus tensiones y apaciaguar su furia, se desabrocha los vaqueros y me obliga a hacerle una mamada pero sin bajarse los pantalones. Ésta suele ser otra característica muy común entre los machos alpha héteros: permanecen vestidos porque creo que ese “bajarse los pantalones” cuando están en la calle o fuera de su “territorio” tiene para ellos una connotación de debilidad, un gesto poco masculino; bajarse las bragas y los pantalones sólo lo hacen las tías y los maricones para que un buen macho se los follen.

El macho alpha cuando se exhibe en el exterior se desabrocha la bragueta lo justo y suficiente para mostrar su polla dura y empujando sus caderas hacia adelante para hacer aún más evidente su erección. Acto seguido y sin perder tiempo, lo que suele hacer mi alpha es aplastar mi cabeza en su entrepierna para que aspire y me impregne con el olor de su polla, y después, abrirme la boca para que se la coma hasta atragantarme. Este gesto que puede parecer un tanto agresivo y violento refuerza su sensación de dominio y mantiene intacto su poder y status masculino frente al resto del mundo. Cuando sujeta mi cabeza con sus dos manos es porque necesita ejercer un férreo control sobre mi garganta mientras me folla la boca. Es él quien impone el ritmo, la fuerza necesaria para conseguir el máximo placer sobre cada centímetro de su gruesa polla. Según el modo de presionar y clavar sus dedos en mi cráneo puedo saber su grado de excitación y lo mucho que está disfrutando con la mamada que le hago. Son unos momentos muy intensos y sumamente emocionantes para mí  porque tras emplear cierta violencia en sus bofetadas al principio, luego se va calmando poco a poco e instintivamente sus manos comienzan a acariciar mi cabello de una manera tierna y delicada hasta llegar ese instante en la que dispara su carga y se vacía por completo en mi garganta.

– Traga, trágatelo todo. Es todo para ti.

 Este miércoles pasado que hizo un frío del carajo me llevó en su coche a la facu antes de irse a currar. En el trayecto le entró ganas de mear y paró un momento para desahogarse. A esa hora de la mañana la temperatura no pasaba de los siete grados; le tiritaban las manos que a duras penas lograban sujetar una polla asustada y encogida. Me hizo gracia verle de espaldas tan vulnerable y tierno al mismo tiempo en una situación que no podía controlar.

– Qué mamona eres ¿de qué te ríes cabronazo? se me congela la polla con este frío de mil demonios.

Cuando entró de nuevo en el coche se la hice revivir hasta alcanzar el grosor y longitud habituales.

– Qué sería de mí sin tu boquita, javi.  Dime la verdad: ¿tanto me quieres y deseas?

Asentí con la cabeza y le sonreí. “Me bajó los pantalones” y tras echar el asiento hacia atrás me ensartó en su polla que ya estaba lo suficientemente dura y lubricada con mi saliva.

– ¿Por qué tienes siempre los muslos tan suaves y calentitos rubito de mierda?  voy a follarme ese coño tan ardiente que tienes…

Fue un polvo rápido pero muy intenso y placentero. Cuando acabó de correrse me acompañó hasta la entrada de la facu no sin antes advertirme:

– Quillo, ten cuidadito ¿vale? Seguro que ahí dentro hay un montón de tíos desenado tener algo contigo. No me engañes porque tú no sabes mentir con la cara y además yo siempre me entero de todo.

Le sonreí para tranquilizarle, y llevándome las manos al vientre le respondí:

– ¿De verdad crees que teniendo toda tu leche dentro de mí puedo pensar en otro macho alpha que no seas tú? eso es imposible.

Me hizo una señal para que me acercase de nuevo al coche. “Pégate a la ventanilla”- dijo. me levantó la camiseta y tras acariciarme el vientre sentí el roce tierno de sus labios.

– Ten cuidadito, Javi. Llámame al mediodía o envíame un Guasap.