BESOS CEREBRALES

Ayer fue un día duro, pero hay que ser valiente (lo dice alguien que está lleno de miedo y temores) sobre todo, cuando crees que puedes hacerle daño a alguien a quien aprecias y no tienes intención de hacerlo. Si ya de por sí resulta difícil vivir la vida, más difícil resulta explicarla. Pero no por difícil que sea, voy a cesar en mi intento: Me habréis oído (mejor dicho, leído) referirme constantemente a los alfas hasta la saciedad y quizá hasta vuestro hartazgo, elogiarles y convertirles en el centro de mi universo, colocarles en el pedestal de los dioses, etc… Pero ¿existen en verdad los alfas o la idea de servir a un hombre alfa (en mi caso han sido heteros pero igualmente hay homosexuales alfa) no es más que una ilusión, la fantasía caliente de un marica desesperadamente descontento?  “Eso nunca sucede en la vida real” – dirán muchos.

Los machos alfa han poseído y utilizado a sus sumisos desde el principio de los tiempos. A los incrédulos les preguntaría: ¿los has buscado realmente? ¿qué tal la digesión de tu ego? ¿qué estás dispuesto a entregar? porque evidentemente hay un precio a pagar. El placer que no está sujeto a convencionalismos siempre exige un precio, se paga con el alma, con la humildad, con la entrega, etc..de lo contrario, el placer resultaría insulso e insípido como todo lo gratuito y regalado.

Mi primer Alfa, J.V (me quedan aún muchos episodios por contar sobre él) me usó como su mascota sexual durante tres años hasta que conoció y se enamoró de una chica de su edad. De repente, J.V. ya no tenía tiempo para mí, ya no era yo su amigo; en verdad nunca me consideró su amigo porque yo tenía doce años y él dieciséis.. sólo fui su “cumbucket” (cubo de esperma). Supe lo que es estar celoso por primera vez en mi vida, y me vi acechando a J,V. en multutud de ocasiones, y con lágrimas en los ojos, enfrentarme a él acerca de “nuestra relación”.

– Voy a pasar el resto de mi vida con ella – dijo J.V. refiriéndose a su chica.

– ¿Y qué hay de mí? Grité.

– ¿Tú?.  Con la mirada me lo dijo todo. Al instante rompí a llorar.

Fue muy doloroso y humillante, y lo sigue siendo cada vez que lo recuerdo.. Por último, un más que enfurecido J.V. me dijo que no quería volver a verme no sin advertirme antes que si me descubría con otro chico me atuviese a las consecuencias. Cambiar de país no fue suficiente para olvidarme de J.V. Entonces apareció A.C. al inicio de mi adolescencia; robusto, compacto, y de actitud dominante (2 años mayor que yo) A.C atrajo mi atención de inmediato. En verdad,  A.C, llamaba la atención por donde quiera que iba. Y le encantaba que le prestasen atención. Mi servidumbre a A.C. tardó meses en consolidarse durante aquel año en el instituto. Absolutamente hetero pero sin estridencias machorras (no necesitaba alardear de masculinidad), pronto contempló la posibilidad de tener a un maricón que atendiese sus necesidades sexuales y, sobre todo, que le adorase como a un dios. Estaba realmente encantado con el descubrimiento. Tengo aún muy fresca en mi memoria esa mirada luminosa suya cuando arrodillado ante él le masajeaba y besaba los pies para a continuación, ir lentamente separando sus muslos para consolidarse ante mí como rey con cetro, trono y altar.

Así que, por supuesto, también  me enamoré de él. A.C. en realidad nunca se dio cuenta de lo mucho que le amaba hasta que comenzó a salir con una preciosa y guapa chica sevillana de la que acabó pillado hasta los tuétanos.  Al igual que sucedió con J.V,  a A.C. repentinamente, le empezó a resultar incómodo tener a un pequeño marica a su alrededor. Ya no quería que le sirviera, ahora tenía a una hembra caliente para cuidar de él. Y lo mismo que con J.V, reaccioné mal, recurrí a la mendicidad emocional y a llenar la almohada de lágrimas. Como era de esperar,  A.C. finalmente me pidió que saliera de su vida.

Estoy relacionando estas historias por una razón: hacer hincapié en que los pussyboys como yo no podemos albergar sentimientos románticos por los hombres alfa a los que servimos. A medida que estamos a su servicio, podemos sentir emociones como admiración, orgullo, honor, respeto, camaradería, bromance, aprecio, lujuria,  felicidad…. éstas son emociones perfectamente aceptables en presencia de nuestros alfas. Sin embargo, el infierno abre sus puertas cuando erróneamente comenzamos a pensar que a estos hombres les gustamos de la misma forma que podrían amar a una novia o una esposa. Un marica, un esclavo, un pussyboy jamás será un sustituto de la compañía femenina. No importa cuántos maricones a su servicio un macho alfa pueda poseer, él continuará buscará coño y una chica atractiva a la que colgar de su brazo. Él simplemente está siguiendo su natural deseo endogámico de procrear y continuar fortaleciendo las normas sociales. Pero con sus esclavos, no dudará en transgredir todos los convencionalismos con tal de conseguir el máximo placer sexual de modo egoísta. Un alfa hombre no quiere amor ni la emoción de un marica, quiere la utilidad de un marica. Servicio. Devoción. Entrega. No siente por su sumiso mayor aprecio que el que tiene por su coche nuevo, su ordenador,su último  móvil de gama alta o cualquiera de sus posesiones más valiosas. No hay cosa que enfurezca más a un hombre alfa que hacerle frente a un marica lloroso, celoso, histérico, liante y molesto por el estado de su relación; por mi experiencia, los alfas reciben ya suficiente abuso emocional (en algunos casos) por parte de sus mujeres. Un hombre busca en su sumiso algo que sea “útil” en el momento que él lo necesite, una herramienta para su placer y beneficio.

Los verdaderos alfas no abundan, son tan escasos como los diamantes puros. No son perfectos, aparecen sin tallar con todas las imperfecciones e impurezas de la marca de fábrica. Aunque su naturaleza dominante y capacidad de liferazgo les viene dadas de nacimiento, pronto aprenden a pulirse y a crecer junto a sus esclavos. Inteligentes y muy sagaces, pronto se dan cuenta que el gritar y emplear la violencia gratuita es menos eficaz que la camaradería y la confianza mutuas. Cuando por fin se estabecen las reglas por ambas partes, cuando ya no queda lugar para las mentiras, las falsas promesas, el chantaje emcocional, los aspavientos e histrionismos… la experiencia comienza a ser fascinante.

Muy lejos de mi intención venderos la relación que mantengo con mis alfas como lo más maravilloso del mundo, no son dioses del Olimpo, no somos ni mejores ni peores, ni más interesantes, ni más exquisitos.. pero sí más valientes y sinceros con nosotros mismos cuando acatamos la verdad de la jerarquía natural. Me emociono y disfruto (lo digo sin atisbo alguno de ironía) cuando veo, leo, y soy testigo de vuestros “amores entre iguales”, pero cuando me descubrís ese otro lado oculto.. Mmmmm de momento, no cambio mis alfas por nada. Mi amor por ellos es un absoluto que lo toma o pierde todo. Los sentimientos restantes, compasión, ternura, cariño y entrega recíprocos, etc.. para mí existen en la periferia y pertenecen a las estructuras de la sociedad y las costumbres.

Yo jamás he tenido un amigo. Lo supe bien pronto desde pequeño. No me duelen prendas reconocerlo. Es otro de los precios que he tenido que pagar por estar junto a ellos. Un alfa nunca va a permitir que tengas un amigo y por su parte, él tampoco será nunca tu amigo. Eso no va a suceder nunca. Tengo un conocimiento teórico de la amistad, pero no práctico. En cuando alguien se acerca a mí con intención de establecer una amistad, mi reacción inmediara es huir dejando a esa persona cruelmente en la estacada. He llegado al convencimiento de que los hombres tienen divididas sus vidas por compartimentos: ésta es mi vida de trabajo, ésta es mi vida familiar, ésta es mi vida con mis amigos, ésta es mi vida privada … todo ha de estar limpio y ordenado. Necesitan mantener muchos de estos aspectos de sus vidas separados unos de otros. Si una vez tuviste un amigo cercano, y de repente le conviertes en tu alfa, comienzas a servirle y tratarle como tal.. más pronto que tarde dejarás de ser su amigo y te convertirás en su “cumdump” (cubo de esperma). Ya no pasará ese tiempo de calidad contigo como lo hacía antes, ahora eres simplemente un agujero dispuesto para su placer. Una vez que la dinámica ha cambiado, es probable que no haya marcha atrás o la combinación de las dos cosas. ¿Por qué? tu nuevo Alfa ha perdido parte del respeto que una vez te tuvo como un amigo, ya no eres “un igual”. Él te ha dividido en compartimientos como lo haría cualquier hombre que oculta a su “zorra secreta” de su familia y amigos. Ir al cine, jugar a la Play, hacer deporte, etc.. es raro  que ahora cuente contigo para esas cosas cuando se ha acostumbrado a verte y tratarte como su esclavo sexual.

A menudo me preguntan: ¿Pero te compensa todo esto? Por supuesto que sí. Amo al hombre cuando lo descontextualizo y le libero de todos de todos los conceptos, signos, arquetipos, y patrones que siempre le han asignado. Me fascina el cerebro de un hombre, su manera de pensar, de sentir,  de procesar la información. Me deduce su libertad, su fuerza y valentía, su carácter indómito e independiente. Me erotizan su piel, sus manos, su olor, su sexo.

¿No te resulta ofensivo y humillante que se refieran a tu ojete como un coño? ajjajjja no, en absoluto, eso es mérito de un buen pussyboy. Soy lo suficientemente versátil, imaginativo, con una sensibilidad ágil y bien entrenada como para barrenar de golpe todos los esquemas de género.. puedo adoptar distintos grados y modos de feminización según el momento y la situación lo requiera. Todo lo que sea por darle el máximo de placer y gozar junto a él. Un buen pintor elige el formato de su lienzo según para qué idea, cada obra le exige un nuevo esfuerzo de abstracción y un mundo aún por descubrir.. no es un artesano, es un artista, no basta con la simple rutina. Un buen pussyboy está bien entrenado para su dueño, y éste no sólo se está follando un culo, ha creado a su chico con “el molde” que mejor se ajuste a su frentico deseo, quiere que su “gatito” sea el receptor de su simiente.

 Hace unos días conversando con alguien al que tengo muy en consideración, le conté lo de mis besos cerebrales con los alfas. Fue algo que descubrí por caualidad. Como ya he dejado constancia de ello en varias ocasiones, a los alfas no les gustan las muestras explícitas de afecto, ni los sentimentalismos ni las fruslerías por el estilo; no besan, no te agarran de la mano ni de la cintura para pasear contigo bajo la luna., etc…

Pero una vez que estábamos sentados A.C  y yo, muy juntitos y pegados en el sofá viendo una película, me descubrió mirándole de un modo especial.

– ¿Qué quieres?

– ¿Te puedo pedir una cosa? te prometo que no es nada sexual, ni siquiera te voy a tocar. Quiero darte un beso cerebral

– ¿Qué coño es eso?

– Es dejar que nuestras cabezas se toquen, que permanezcan juntas por unos segundos… es sólo un experimento. Como si pudiesen comunicarse por ondas cerebrales o algo así.

Es curioso que un hombre que suele tener un control exhaustivo de cada una de las partes de su cuerpo, le atribuya valor erótico y sexual a una mano, un brazo, muslos, cintura, pecho, oreja, etc.. y sin embargo, al cerebro lo considere como algo independiente de sus zonas tabús, ésas que no deben ser tocadas por otro hombre.

Sin duda algo mágico y fascinante se establece cuando le doy un beso cerebral a un hombre. Surge una corriente eléctrica que no sabría explicar pero puedo dar fe que sucede. Al girar un poco la cabeza y apoyar mi frente en su sien… el alfa se desmorona, se desprende de todos sus escudos, realmente es cuando se queda desnudo. Un hombre desnudo de ser hombre

– Qué buen rollito ¿no? es una frase muy repetida que suelen decirme en esos momentos

Es asombroso que no se aparten, que continúen sometidos a ese estado de hipnosis… In cluso me permiten que una de mis manos les acaricie el mentón y la mandíbula para afianzar aún más el contacto. Es durante esos instantes, cuando he visto las sonrisas más hermosas de los hombres, justo cuando se relajan y liberan de sus cargas. He presenciado todo tipo de reacciones, desde pasarme el brazo por el hombro y estrecharme contra ellos, quedarse profundamente dormidos, o como sucedió en dos casos concretos, romper a llorar deseperadamente hasta vaciarse de lágrimas.

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