CRISTINA MECA – “BY MY ANGEL”

Tras varios años inmersa en tierra yerma y cuarteada por la sequía emocional, bastaron cuatro gotas para que la semilla sonmolienta iniciara el despertar del árbol. Hambriento devoro ahora cualquier poema que me licúe el alma. Es por eso que Cristina Meca me acojona, me acojona de verdad. Su poesía me sesga el cuello de lado a lado con las afiladas agujas de una brújula instalada en el corazón. Curiosamente, no es hacia afuera sino hacia dentro, toda esa sangre que emana de sus versos; y yo – que me lo trago todo – saboreo con deleite hasta la última gota. Cristina Meca me mata, me mata de tanta verdad.

La puedes encontrar AQUÍ

BY MY ANGEL

Regálame flores, hazme llorar, que me sienta bien la tristeza que me traes. Dame besos en los dedos, no quiero mojarme en esa saliva dulce que has comprado en otra boca. Méteme ese dedo por debajo del alma, deja que compruebe a qué día de la semana hueles. Me gusta esta versión de ti en la que todo parece tragedia.

Tócame el pelo. Trae contigo ese elegante color granate, trae tus manos, devuélveme mis vestidos.

Hay algo de angelical en tus charcos, algo de oscuro en tus luces, hay algo de dolor en tu belleza y hay armonía en tus miedos.

Rózame esta tela que cubre lo que soy; decórame. Prepárame un baño de ideas, de cosas dulces, háblame de lo perverso, de la lluvia y el oro; háblame de todo lo que tienes, arráncame lo que te falta.

Quiero que cosas tus dedos a los míos con hilo color carmesí, quiero que escribas enredaderas encima de mi.

Mi ángel, lléname el cuerpo de naturaleza, que hace un día horrible, que hoy no brillo nada. Cúranos de esta belleza que nos duele tanto dentro, cúranos de tanta humanidad.

¿Sabes? No recuerdo qué colores tenía el mundo antes de ti. Léeme una novela en la intimidad, una que hable sobre ratas, ratones y gotelé.

Yo quería ser una obra de arte pero sin dolor, y eso no es posible; ahora lo sé.

Por eso tú dueles tanto, por eso me muero contigo con tanta intensidad. Me muero tan de verdad…

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RESPIRACIÓN Y VIDA

“Algo grande está a punto de pasarme: voy a amar mucho a alguien…”
– Jack Kerouac

Mamá y su novio se fueron muy de mañana a Grazalema para huir de este puto calor asfixiante; cuando fui a mear a eso de las seis y media, les vi desayunar en la terraza. No me llamó porque me viera ir desnudo al baño, sino porque los dos, tanto mi madre como Eliah, saben que Ales y yo hemos follado en mi habitación. Toda la noche. Ella es tan escandalosa como yo follando, así que no se le ocurra decirme nada. De una rápida ojeada, ha visto que no llevo marcas, mordiscos en el culo, sangre ni heridas visibles.. y se tranquiliza.

– good morning, sweet boy

– morning, Eliah

– Javi, tienes que sacar al perro

– Vale.

Ocurre que es domingo y salgo a pasear con Tíbet, mi fiel y amigable perrito. Yo en bici y él a un gracioso trote, llegamos al parque aún desierto e inamimado a estas horas de la mañana. Tras jugar y corretear un rato con él me tumbo sobre el césped. Para miticar el vapor sofocante bajo la copa de los árboles, una fina y encantadora lluvia de riego humedece una gran parte de la superficie vegetal . Tíbet se extraña de verme tendido sobre la hierba húmeda y decide averiguar si estoy dormido. Noto su patita golpeándome el brazo; sonrío con disimulo con esa felicidad tonta de quien saca a pasear su ropa de domingo. Está muy cerca de mi oído y le escucho jadear. Una respiración vibrante y alegre que me contagia de euforia con su compás, es simplemente ritmo.

La mayor parte de las cosas que hacemos, y de las cuales depende en buena medida nuestra felicidad son sólo una cuestión de ritmo, esto es, de pulso, de respiración. Por ese motivo resultan tan acertadas expresiones del tipo perder el pulso de la vida, respirar con el mundo, frases hechas que además del lugar común encierran una honda verdad espiritual. Hay que tomarle el ritmo a cualquier asunto, y hasta que no lo conseguimos hacer estamos listos. Una mirada, un poema, tienen su respiración, y si no acompasamos nuestra respiración a la suya, por lo que sea, lo abandonamos o nos abandona. Sucede lo mismo con una ciudad, un clima, o un amor. Al regresar de un viaje nos sentimos deshabitados por la ruptura violenta de un ritmo que ya habíamos adoptado como propio, y durante los días posteriores necesitamos respiración artificial, aire idéntico al anterior bajo la especie de conversaciones que relaten lo vivido en el viaje, fotografías, hasta que de nuevo el aire habitual de nuestra ciudad nos hace sobrevivir sin melancolía, o con melancolía, porque de algunos viajes como de ciertos amores uno ya no se recupera nunca, de ciertos viajes y amores se permanece esclavo para el resto de la vida. Lo único que me gusta de esta ciudad es el carril bici

Todo es cuestón de ritmo y, si perdemos el compás, la vida nos convierte en pobres diablos. Así de sencillo, así de claro y así de triste. Hay quien no lo alcanza jamás , y por ello la vida se le hace insoportable, como un baile estúpido al que nos obligan y en el que alguien estúpido y molesto nos pisa continuamente.

Es la respiración y el ritmo de Tíbet quien me hace levantar del suelo y a bromear con él. Se trata de un baile simple y primitivo, irracional. De una palabra a la otra, de un gesto a otro, lo que digo se desvanece. Sé que estoy vivo entre dos paréntesis… la danza de un hombre con su perro.

.- illo, a ver si cambias de camello.. te va a dar un jamacuco…¿me dejas darte un paseo en tu bici tú delante y yo detrás?  jajajaj. qué guapo el perrito. – escucho decir a un grupo de chavales.

Pero no pierdo el compás, no quiero perder el ritmo de la vida. Dios me libre de desacompasar mi respiración a la de la vida, de perder el pie en el estribo de la existencia, y, por consiguiente, el equilibrio; de olvidar el pie forzado que debemos cantar para no volvernos locos, porque es la contraseña de la puerta de la alegría.

Aquí, quien no hace pie se ahoga.

CHARLES BUKOWSKY 1

EL GENIO DE LA MULTITUD

Hay suficiente traición y odio, violencia, necedad en el ser humano corriente
como para abastecer cualquier ejército o cualquier jornada.
Y los mejores asesinos son aquellos que predican en su contra
y los que mejor odian son aquellos que predican amor
y los que mejor luchan en la guerra son al final aquellos que predican la paz.
Aquellos que hablan de Dios necesitan a Dios.
Aquellos que predican la paz no tienen paz.
Aquellos que predican amor no tienen amor.
Cuidado con los predicadores.
Cuidado con los que saben.
Cuidado con aquellos que están siempre leyendo libros.
Cuidado con aquellos que detestan la pobreza o están orgullosos de ella.
Cuidado con aquellos de alabanza rápida, pues necesitan que se les alabe a cambio.
Cuidado con aquellos que censuran con rapidez, tienen miedo de lo que no conocen.
Cuidado con aquellos que buscan constantes multitudes, porque no son nada cuando están solos.
Cuidado con el hombre corriente, con la mujer corriente, cuidado con su amor.
Su amor es corriente, porque busca lo corriente, pero es un genio al odiar.
Es lo suficientemente genial al odiar como para matarte, como para matar a cualquiera.
El hombre corriente al no querer la soledad, al no entender la soledad intentarán destruir cualquier cosa que difiera de lo suyo.
Al no ser capaces de crear arte no entenderán el arte.
Considerarán su fracaso como creadores, sólo como un fracaso del mundo.
Al no ser capaces de amar plenamente, creerán que tu amor es incompleto y entonces te odiarán.
Y su odio será perfecto, como un diamante resplandeciente
Como una navaja
Como una montaña
Como un tigre
Como veneno o cicuta
porque ése
es su verdadero
arte.

ESTÁN POR TODOS LADOS

Los oledores de tragedias están
por todos lados
se levantan a la mañana
y ya empiezan a encontrar las cosas
mal.

Y se sumergen
en la rabia,
una rabia que dura hasta
que se van a la cama,
e incluso ahí
se retuercen en su
insomnio,
incapaces de quitar
de sus mentes
los pequeños obstáculos
que han hallado.

Se sienten siempre en contra de todo el mundo,
es un complot.
Y por estar constantemente
furiosos sienten que
siempre tienen
la razón.

Los ves en el tráfico
tocando el claxon como salvajes
ante la más leve infracción,
puteando
desparramando sus
insultos.

Los sentís
en las colas
de los bancos,
de los supermercados,
de los cines
presionan
en tu espalda
te pisan los talones
están impacientes siempre por
una furia.

Están por todos lados
y en
todas las cosas,
esas almas
violentamente
infelices.

En realidad están asustados,
como siempre quieren
tener razón
fustigan
sin cesar…
es un mal
una enfermedad de
esa raza.

El primero de ellos
que vi fue
mi padre
y desde entonces
he visto mil padres
malgastando sus vidas
en el odio,
arrojando sus vidas
al pozo ciego
y
gritando
enloquecidos.-

DESPUÉS DE RECOGIDAS LAS ESPINAS

Tendido boca abajo al borde de la cama con las nalgas separadas y la cabeza lo más inclinada posible, mi Alfa después de entretenerse un rato en la contemplación de mi culo que sumisamente le ofrezco, después de azotarlo y morderlo, humedece con su boca el pequeño y delicado orificio que va a perforar y prepara la penetración con la punta de su lengua. ¿Qué soy ahora que dejo abierta la maquinaria del alma, el tic-tac de un reloj abierto que muestra las pulsaciones del deseo? – Ofrécete – me digo, nadie es capaz de un bello dolor de carnosos pétalos, de entregar su culo en su más ardiente volumen si no es por amor. Nada más tentador que horadar los oscuros abismos del ser cuando es un esclavo quien sucumbe al más fuerte.

Con una mano conduce y maneja el grueso tronco de su polla y con la otra separa mis nalgas; una vez que su furioso glande me ha penetrado, es necesario que empuje con firmeza tratando especialmente de no perder terreno. Ya no siento el alma a la izquierda del pecho, ahora es un alma que no tiene rajas, ni espíritu, ni origen… sólo una brutal y loca necesidad de placer en medio de un sentimiento de dolor y embrutecimiento animal.

A veces, si el orificio es estrechito y pequeño como el mío, se suele sufrir mucho en el momento de la penetración; pero, sin hacer caso a a mis gritos y súplicas de dolor, el verdugo ebrio de poder embiste con su polla gradualmente hasta alcanzar la meta, es decir, hasta que siento que el vello púbico que corona su duro cipote frota deliciosamente mi dilatado agujerito. y lo dilata

– Dime que quieres de mi

– (inaudible)

– No te escucho. ¿Qué carajo quieres de mí? Dí-me-lo

– Ales no puedo pensar ahora mi mente no llega hasta donde llega mi emoción. Estoy castrado por ti. He perdido el corazón por entre los cojines del sofá y no lo encuentro.

– Entonces, pídelo, suplícame.

– Fóllame como un animal hasta el punto que se licúe toda tu alma en mí, por favor, por favor.. “carnéame” (no sé por qué me acordé de Marcus carneando en su granja de Argentina a sus lechoncitos)

Llego a esa nada hambrienta que hay en mí, a ese lugar de la sensibilidad donde cuerpo y espíritu al fin de reconocen y se besan.

Es el momento en el que el macho hambriento prosigue su ruta con rapidez;

después de recogidas las espinas del dolor, todo lo que resta  no es sino un camino de rosas.

Las palpitacionesa gustosas que me producen sus embestidas hacen que contraiga prodigiosamente las paredes de mis entrañas para succionar y acariciar su polla con mi esfínter…¡maldita sea! durante toda mi adolescencia estuve entrenando los músculos de mi suelo pélvico para aprender a redoblar los placeres de un macho alpha, quien ahora colmado de satisfacción y voluptuosidad, no tardará en verter en lo más hondo de mí un esperma abundante y espeso por las lúbricas contracciones que le he proporcionado a su duro y grueso cipote. Es un perfecto código Morse que él recibe después de ajustarse a mí como un guante. Materia viva y carnosa donde ha fabricado a conciencia el molde exacto de su deseo. ¿Cómo describir el inmenso placer que me provoca en mi zona prostática su delicioso prepucio abriendo y dilatando su ojo de polifemo antes de deslecharse?

Ya no puedo pensar en mí, pero sí en la carne, en el sentido sensible de la palabra “carne” antes de que mi pensamiento se derrube definitivamente.

LUJURIA DEL DOLOR

mys

Tomado del blog M&S,  ver Aquí

Hay una sola cosa que excita a los animales más que el placer; el dolor.
Cuando te torturan sientes lo mismo que cuando estás bajo los efectos de las hierbas capaces de provocar visiones…
Cuando te torturan no solo dices lo que quiere el inquisidor sino también lo que imaginas que puede producirle placer, porque se establece un vínculo, este sí verdaderamente diabólico. entre tú y él…
Hay lujuria en el dolor, así como existe una lujuria de la adoración e, incluso, una lujuria de la humildad.
Si los ángeles rebeldes necesitaron tan poco para transformar su ardor de adoración y humildad en ardor de soberbia y rebeldía, ¿qué habría que decir de un ser humano?
Eso fue lo que descubrí cuando era inquisidor.
“El nombre de la rosa” de Umberto Eco

LUNA EN SANTA CLARA

– ¿A qué hora sales hoy de currar?

– Hoy sábado a las 21’30, pero entre que me quito el uniforme, hablo con mi jefe y dejo todo listo.. súmale diez o quince minutos más.

– ¿Y tienes que volver?

– Mañana a la misma hora para el turno de noche. ¿Por…?

– Te cuento: Mis padres se han ido este finde a El Palmar con mi hermana Sara, la peque. Manu (su otro hermano) también, pero con su chica y a su bola. Mis padres quieren que le eche un vistazo al chalé durante estos dos días y medio. ¿Te apuntas a estar fresquito en plan tranqui y pasando de todo hasta de “la calor”? Te recojo a las diez

– Mola.

– Una cenita, y después podemos charlar en las tumbonas del jardín, donde se está tela de a gusto. Me he llevado allí algunos temas que tengo que empollar este verano.

Me chocó un poco que matizara lo de “charlar” y estudiar… después de las semanas que llevamos “conociéndonos” me sonó un poco a  el plan es éste y -es – lo – que – hay.

– Ales, si tienes que estudiar no sé yo si es muy buena idea…

– Qué va, hay muchas horas por delante, casi un día entero. Ayer estuve estudiando toda la noche y madrugada hasta las siete de la mañana. Te eché en falta. Curry (el perro labrador) no sabe charlar ni preparar café con hielo, todavía…

–  Ah, vale jajjajjajjajja…

La conversación se produjo durante los quince minutos que nos dan de descanso a media tarde y después de leer un whatsapp suyo “llámame cuando puedas”, ya que mientras estamos en el curro nos tienen prohibido tocar el móvil.

Cuando acabé mi turno, me duché a toda prisa, me aseé y como por la hora que era no era muy de fiar que El Corte Inglés me dejase entrar al super, decidí ir al HiperOriente que me pilla cerca para comprar la ginebra que a él le gusta. Al pasar por  caja, ví unos salvamanteles que me gustaron y unas velas dentro de unos vasitos planos de vidrio… un ovni de cada color, tres en total: dos celestes y uno ámbar. “Ellos” no caen en estas tonterías, pero un pussyboy está siempre en todo.

Llegué justo a tiempo, odio hacer esperar a los demás. Me abrió la puerta del coche.

– Entra.¿Qué traes ahí? ¿las sobras que has pillado en cocina?

– Qué capullo eres, Ales

– Te lo digo porque antes de aparcar me he pasado a comprar algunas cosas para la cena. ¿Te gusta el salmón?

Odio el salmón y la mayoría de los pescados. Por la cara que puse me lo debió de notar

– Y unos chuletones de carne con chorizos y morcillas picantes al fuego hasta que revienten de pringue por todas partes..lo ideal con toda la calor que hace, te parece?

– Pues.. no sé

– Mira que eres prudente y educado, coño! jajjaja..  he comprado cervezas, refrescos, carne para hamburguesas que me han preparado allí mismo, verduras para asar en la parilla, y lo que encontremos en el frigo para picar ¿esto te gusta más?

– Síiiiiiiiiii

De camino a Santa clara, sonó una canción que me encanta: https://youtu.be/Io0fBr1XBUA

Tenerle tan cerca, las manos al volante tan seguro de sí mismo, con los muslos separados…Las sombras que proyectan sus pestañas, sombras de arañas negras. Casi puedo sentir sus cosquilleos cuando se me acerca. Me mira, le admiro, calla y frunce el entrecejo y el poco sol que queda del día se solidifica en sus ojos, un acerado brillo de escorpiones.


Te va a gustar la piscina de casa, ya verás.

– Hostia! me paso antes por la mía y busco el bañador. Tío, tendrías que haberme avisado.

– Ya te voy conociendo, Javi. A ti hay que pillarte siempre de sorpresa y no dejarte pensar ni un segundo ¡zasca y al vuelo! porque si no te me escapas. ¿Qué problema hay? ya improvisaremos algo.

Tiene razón, pero aún así, no puedo evitar inquietarme ¿Por qué? si aún está en mí desde la última vez que follamos, estamos aún los dos dentro, me lo recuerdan todos mis órganos. Siempre me resulta extraño entrar en una casa que no conozco, es como reconocer una ciudad que aún no he visitado o un cuerpo que todavía no he acariciado. Pero no preguntaré nada; no se puede construir donde no se puede vivir y él ahora tiene mi vida en sus manos. No pensaré en nada, no hablaré durante el corto trayecto. Decir algo sería como abrir una ventana ¿sin cristales? por donde se escaparía el plumón cálido de los nidos, los alocados pájaros. Mi miedo e inseguridad es darle carne al dolor, alimentarle con el dolor mismo. 


– Aquí tienes todos los avíos.. coge lo que te haga falta con total confianza. Estás en mi casa, conmigo. Dame un beso. Ve preparando las hamburguesas, cortando las verduritas y lo que se te ocurra. ¿Qué has pensado?

– Hacer las verduras en brochetas y una salsa de yogur al estilo griego

– Cojonudo. Voy a encender la barbacoa mejor que la parrilla electrica ¿no te parece? esta noche, nosotros a lo grande. Vamos, Curry… vamos.

Que no me quite su mirada.  Ahí están sus ojos húmedos por la falta de sueño, pero frescos y radiantes como frutos. Quizá debería disimular un poco, pero – créedme, no puedo – me resulta imposible… sus ojos son mi alimento y mi estímulo. Yo no sé mirarme más que en sus ojos, en ellos me refugio y con ellos me acorazo. Que no me quite su mirada. Único espejo donde me reconozco, única alegría con la que me peino y me despeino.

Ya sé que todas estas frivolidades acerca de cómo amarle son en definitiva algo absurdas. Es el amor quien me contiene y me coloca frente a él con una exactitud milimétrica. Estratégicamente esta noche el amor me es dado, así como la distribución arquitectónica de las estrellas, exactas e inmóviles, así el despuntar de los jazmines en el jardín de su casa, así el lugar y la hora de este encuentro que no había previsto ni imaginado.

Y mientras tanto, bajo una claridad hermética, respiro el relente de la madrugada, el verde alimento de las plantas… un vaho cadencioso y letal sólo comparable al silencio de su piel que transpira en esta noche calurosa.


– Qué calor, nene. Y eso que he encendido la barbacoa portátil, si llega a ser la otra nos torramos vivos. Subo un momento arriba y tu mientras tanto ve poniendo la mesa, seguro que tienes más arte que yo para esto.

Dudé por un momento si poner los salvamanteles y las velitas que compré en el HiperOriente, si encenderlas o no, si consultarlo antes con él, si… Curry no me quitaba ojo.

Apareció con un par de bañadores tipo short en la mano.

– Ales, por lo que más quieras, no digas nada.

– ¿He abierto la boca para decir algo? (al oído) “estas cositas tuyas” me encantan. Un detallazo por tu parte pero con la ginebra te has pasado o ¿tu intención es emborracharme y luego abusar todo lo que puedas de mí?

Se sentó en la tumbona y me ordenó que me acercase a él. No sé cual es el motivo por el que casi todos mis Alfas sienten ese impulso por desnudarme mientras ellos continúan vestidos. Aquella tarde con Julia, hicieron lo mismo: me tuvieron desnudo pero ellos no, hasta que finalmente nos enrollarnos los tres. Es una especie de ritual lento y parsimonioso con el que parecen disfrutar viéndome tan vulnerable e indefenso. Estuve un rato así, en pelotas, mientras abrimos las primeras cervezas y empezamos a picotear en las bolsas de chips y otros crujientes.

– Almendritas y frutos secos no pongo, no? dicen que hacen crecer los pezones y tetillas..

– Qué cabrón eres, tío. Siempre me pinchas donde más me duele.

– ¿Te vas a mosquear por esta gilipollez? pero si tienes un cuerpecito “pa comerte a bocaos, tontorrón”. Ven, acércate que te voy a probar el bañador.

Se descojonó de risa cuando me vió con aquellos boxers que evidentemente no eran de mi talla (él es más alto y más fuerte) y que se escurrían de mis caderas por mucho que ajustase el cordón de la cinturilla. Curry me olisqueó todo lo que pudo.

– Debo estar patético.

– Que vá, estás muy gracioso. ¿Verdad Curry que está para comérselo? Pareces un niño grande jajjajjaaj… voy a ponerme el mío y montamos las hamburguesas ¿no tienes hambre?

Continuó hablándome y sin dejar de mirarme mientras se desnudaba; en cierto modo, me forzaba a ello…era como decirme: “ahora me toca a mí, quiero que me veas. Somos dos tíos pero te feminizaré a mi antojo siempre que mi deseo sea lo demasiado fuerte e imperioso, Soy el Alfa que llevabas estos meses buscando”.

Hicimos un trato: Él preparaba mi hamburguesa a su gusto, y yo la suya al mío. Un aútentico desastre, la suya paecía un torre con todo lo que metió dentro además de ketchup y mayonesa. En cambio, a mí me gustan simples sólo con un poco de lechuga, tomate y sin queso. Ahora fui yo quien empecé a reirme viendo la cara que puso. Al final, optamos por la decisión salomónica de partirlas en dos mitades y combinarlas.

– Ales ¿me dejas hacer algo que me gusta mucho? me encanta dar de comer a otra persona.

– Vale, pero para eso tienes que acercarte y sentarte en mis piernas.

Soy de comer muy poco,( he tenido ese problema desde chico) enseguida me sacio, y aunque de vez en cuando le daba algunos bocados a su hamburguesa torre, me descojonaba de risa viéndole comer a dos carrillos y pendiente de que no se manchase demasiado. Curry a nuestros pies, daba cuenta de todas las migajas que caían al suelo. Deshacer las brochetas de verduras, comer con las manos, mojar los trozos en la salsa y darnos de comer uno al otro, nos resultó a ambos muy excitante y morboso. Acabé chupándole los dedos y los goterones de salsa que cayeron sobre su torso.

– Y ahora, lo suyo es darse un bañito. Eh ¿donde vas? ven aquí. Espera que te quite el bañador.

Nos zambullimos en la piscina donde calculo que podrían hacerse largos de unos diez metros. Bajo la superficie del agua cerré la memoria como quien corta la llave del gas y las persianas herméticas; le vi acercarse a mí sigiloso y amenazante como un escualo delimitando su territorio. Su boca tan de cerca y tan voraz.. aún la siento , la respiro, la sufro como un escalofrío. Y cuando peligrosamente se aproximó, su boca, cráter o anémona, dejó paso a una voz cálida y agridulce como el vaho incandescente de los volcanes subterráneos.


La luz siempre llega de lo alto y eso me jode porque me hace pensar en algún dios con sus putas linternas. Fue entonces cuando la vi mientras buceaba bajo el agua, era una luna lechosa y lúbrica que imantaba mis pezones. Dos pequeñas islas que emegen y desaparecen con la energía magnética de las mareas.

Lo único que quiero es estar al lado del Alfa a quien amo y admiro. No me importa que él no lo sepa, no me importa que él no sienta lo mismo por mí. Quiero estar al lado de quien amo sin pedirle ni exigirle nada. Quiero estar a su lado porque ha sido capaz de hacerme sentir, el completa mi masculinidad, la dirige y orienta como el guerrero adiestrando al alumno en la batalla, porque a su lado soy mejor persona, por eso. Sólo esperaba que llegase el momento en el que mi piel hablase por mí.


– Javi ¿Qué voy a hacer contigo? ha llegado ya un momento que no sólo pienso en ti varias veces al día, sino que te echo en falta y necesito tenerte un rato a mi lado. ¿Qué piensas?

– Pues que lo mejor es que nos dejemos llevar y ver qué pasa.

– Ya claro, y si lo prefieres, tropezamos, nos miramos, y le llamamos destino jajjajjajaj..  tú no disimules tanto porque también se te ve bien pillado, estás amamonao conmigo.

De un salto, se abalanzó sobre mi y me besó. Cerré los ojos porque sabía que ese beso iba a doler.

– ¿Qué piensas, Javi?

– Que te amo y no sé por donde empezar.

Llamádme estúpido, pero sólo deseaba enterrar mi cara en su cuello y sentir cómo olía, eso significa que mi físico desea el suyo, porque el roce de la carne con la carne desprende un aroma incluso bajo el agua.

– Javi ¿Qué pasa si los hombres abren el corazón?

– Que se curan

– De qué?

– De haber estado año tras año asfixiando y estrangulando sus sentimientos en lo más íntimo de su ser.

– Yo también creo que estoy sintiendo algo por ti, pero también me pregunto lo mismo: ¿Por dónde empiezo? Es increíble lo mucho que te puede cambiar la vida cuando decides decir: “Ya no más de lo de antes” “Quiero experimentar algo nuevo” pero ya sabes que es impotante para mí que entre nosotros, de vez en cuando, intervenga una chica. Lo necesito.

Charlamos un buen rato a la luz de las velas y los reflejos de las pequeñas llamas que se proyectaban sobre nuestros cuerpos mientras duró la muerte y agonía del carbón y la madera. Se sirvió otro gintonic y encendió el tercer canuto de la noche. No me gustaría formar parte de una historia que se cuenta con un porro en una mano y un vaso de alcohol en la otra. Pensé.

Apagó las velas y todas las luces del porche quedándonos a oscuras a la luz de la luna. El mecanismo programado para regar el césped puso en funcionamiento los surtidores.

– Escucha esta canción que me recuerda a ti. Dijo

Enciendo el mechero  y lo acerco a su piel. Leo en ella. Materia viva. Como la tierra de los campos, basta, basta a mi corazón ligera siembra para darse a él sin reservas. Qué eficacia la del amor. Algo parecido a lluvia. Mientras me acerco a oscuras a sus labios, una luciérnaga me guía -fuma- pienso que esta lluvia artfificial no tiene sal de lágrimas. Las mías sí porque están llenas de emoción y entrega.

Quiero estar con él no por verle sino por ver lo mismo que él, cada cosa en la que respira como esta cortina de agua de tanta sencillez, que lava.

Deja tu cuerpo en mis manos, tu piel en mis labios para que sirvan de primicia y sacramento. Tan ancho el mundo y no cabemos en él. Tan encendida esta luna de las tres, y uno de los dos siente encogérsele el alma de escalofríos. Tan enorme, tan horizontal le veo y yo sigo reptando por su epidermis como un insecto hambriento en el envés de una hoja nervuda y carnosa.

Pero es aquí, en la dura penumbra del jadín , mientras le oigo respirar, cuando escucho bramar con furia al toro del laberinto, donde quiero tenerle, desnudarle, sentirle, y encontrarme y perderme soportando su cuerpo. Materia viva, mi amor, mi alimento.


Me condujo a una rincón apartado del jardín , durante el corto trayecto, descalzos por el césped, pisé un caracol que se quedó adherido a la planta de mi pie derecho. Ales me aplastó contra el muro bajo el matorral de jazmines, estrujó su cuerpo contra el mío y empezó a besarme con furia al tiempo que me pellizcaba los pezones. El cosquilleo del caracol sin concha y cubierto de babas bajo mi pie, estimuló mi lengua enroscándose en la suya excitando todo mi cuerpo. Él lo notó y empezó a chupar  y mordisquearme los pezones .

– Estás ardiendo hijoputa.

A continuación, me hizo girar el cuerpo y colocarme de cara a la pared. Sentí cómo abría mis piernas, doblaba mi espalda y ensalivaba mi agujero. Azotó varias veces mis nalgas hasta volverlas tiernas y obedientes.. Se estrujó aún más sobre mi y me mordió el cuello mientras inició  la penetración.

Dolía, pero me tapó la boca para amortiguar mis fuertes gemidos.

– Necesito follarte ahora, de la manera más sucia y exquisita que existe.

A la mañana siguiente, amaneció domingo.Odio los domingos. Nada ocurre en domingo. Nunca encuentras un nuevo amor en domingo. El domingo es el día de los tontos felices. Amanecí entre sus brazos después de echar echar tres o cuatro polvos. Estaba en su cama y me sentía de puta madre porque el amor no se manifiesta en el deso de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien. Eran ya las cinco de la tarde.

Me levanté de la cama, y después de ducharme y asearme, me dirigí a la cocina para recoger y limpiar todo lo que empleamos para la cena. Me preparé un zumo de naranja y salí al jardín para recordar algunos momentos de la noche anterior. Me dolía todo el cuerpo, preñado por todos mis agujeros, orgánicamente fecundado, pero exhultante de alegría, ebrio de felicidad. Las células de mi cuerpo estaban en el proceso de la digestión lenta de asimilar todos sus fluídos y los míos. En la cavidad de mi cerebro reinaba la euforia. Antes de marcharme me pasé por el dormitorio. Ales continuaba durmiendo, en su desnudez , me pareció el hombre más hermoso del mundo. Con mucho cuidado y sigilo para no despertarle, me acerqué a sus muslos abiertos y le besé los testículos.





MASTICAR LOS TUÉTANOS 1

Sí, otra sección más… y eso que aún no he hablado de algunas de mis otras grandes pasiones: la pintura, el arte en general, los audiovisuales, las piedras…

¿Os ha pasado alguna vez, que de repente, comienzas a oír algo que te resulta escalofriante porque a pesar de sentirlo muy cercano a ti, nunca conseguiste verbalizar? Esto fue lo que me sucedió hace apenas dos días con Quenton Veretta y su extraordinario blog “El OjO Rabioso” Ver aquí .Comienzas a leer y no paras hasta roer los huesos y sorber los tuétanos de lo  que escribe. Cuando me ofrecen una buena copa de vino (además de textura, color, aroma..) necesito llevarla al paladar. Lo advierto, no podré resistirme a muchos de sus poemas, pero en esta ocasión sucumbí ante uno de sus textos que fue como una revelación. No conozco mejor manera de hacer “mío” un texto que respirarlo, trotar sobre las patas y cascos de las consonantes y regulando el aliento puesto en las vocales.

 

la vida que quiero – Quenton Veretta

Siempre pienso que me queda poco y anoto y fotografío lo que he hecho, a pie de foto añado notas epilépticas sobre la enseñanza o el porqué me dio por vivir en agujeros.
No nos damos mucha cuenta, de que tan sólo somos la imagen que ven de nosotros.
Tú te crees que eres tú. Yo para ti no soy yo. Siempre buscamos aceptación y hay personas que confunden esa cosa con amor. Dame 1000 likes y estoy más buena. Me aman.
Desenvolvemos automáticamente unos personajes, según el decorado, para meternos en la imagen del sex-symbol de temporada. Ámame.

Partiendo de esa base, la falta de realidad es absoluta entre nosotros. Nos vendemos.
Supongo que algún despistado estará pensando: ‘Yo no, yo siempre voy de cara, me muestro como soy y al que no le guste que no mire’. Bien por ti, embustero.
Tengo otra base, ésta es de mi propio blog; y volviendo a partir de esta otra nueva base, os digo, que estés al lado que estés de la pantalla, lo único exigible para disfrutar de las cosas que escribo, es estar en pelotas. Me vale que des a ‘like’ si llevas la chaqueta puesta, por hacer ruido, para inflar mi ego, o para hacerme pensar que os gusta lo que escribo.
Pero mejor si venís en pelotas, porque el núcleo de lo que escribo es el reconocimiento de verdades que se clavan, verdades que solemos intentar esconder tras esa ropa tan mona, esa sonrisa sincera, o el orgullo de creer que somos lo que nos creemos al esconder nuestras debilidades. Puro Fotoshop. Quizá esa es la razón por la que cientos de personas se miran al espejo para repetirse a diario que son unos triunfadores. Para creerse la careta, y arrasar en este mundo regido por la más absoluta estupidez, y por un cúmulo de peldaños a los que ascender, empujando sentimientos al vacío; despreciando toda su ancestral sabiduría.

En general, eso es lo que mejor funciona para ser un occidental aburguesado ignorante de todo -que es a la postre lo que te permite vivir contento, mirando tu ombligo por comparación con el del vecino del quinto-. Es la opción que nos inoculan.
En el ascensor, comentando estupideces climatológicas -más que obvias teniendo en cuenta la época del año-, nos imaginamos en el valle de nuestros orgullos y nos retamos:

‘Yo soy más digno, yo tengo, y tengo, y tengo y me suscribo y contrato y me aseguro a mí y a los míos; y de seis terminales, tres son iPhone’.

Lo normal es poder soportarlo, poder vivir estrangulando sentimientos, y lograr un peldaño medio en el que nada ‘malo’ puedan decir de tu familia en el pueblo, las orondas clientas de la carnicería.
Los hay que no. Los hay que no podemos. Me revientan los retoques.
La única enseñanza que puedo vislumbrar del tiempo que he vivido colgándome de grúas y cornisas, es que vivir cerca del abismo fue la única manera de intentar luchar y revelarme contra una vida que nunca quise vivir de esa manera. No critico.
Un día escribí, que es muy complicado no gritar ‘¡amén!’ y levantar los brazos, cuando estás en un templo con cien personas que lo hacen; aunque tú hayas caído en ese lugar por otro motivo; quizá ibas sólo a pedir un cigarro, y acabaste gritando amén con la manada para sentirte uno entre ellos.

A nadie le voy a decir cómo vivir, aunque recomendaría que os dejarais sentir sin repetiros estupideces en un espejo. La voz y el ojo interior, como su propio nombre indica, está en el interior, no en un reflejo. No es un consejo. No puedo decir que me ha ido bien, pero siento hacia mí algún pequeño orgullo; y me di dos besos cuando después de un año, salí de una comuna Evangelista sin haber rezado a nadie ni a nada en lo que no creyese cuando entré: Nada.

Me la sopla ser diferente. Que me sonrían con superioridad los empotradores, mirándome con sus chicas de silicona cuando al encender las luces de la sala en que se proyectó: ‘El hijo de la novia’, yo continuaba en un paño de lágrimas. Hace mucho tiempo ya desde que me enfrenté al padre de todos mis padres y salí por la tangente.
Hasta mi chica, en el cine, miraba hacia otro lado.
Qué absurdo, pensé yo. Que absurdo, pensaron ellos.

Yo soy el triste, ese que dicen que desprende una cautivadora belleza en el alma, pero al que la inmensa mayoría nunca ve. Siempre va solo, igual por eso es que va triste… o por ver el desperdicio de mundo que nos han construido. No lo sé. La irrealidad me supera.

Jamás aconsejaría mis vidas, las hay mucho mejor y más cómodas en los bloques de oficinas; sólo digo, que desde que maté al niño miedoso, la única constante en mi vida hasta hoy, la única decisión adulta y mantenida, ha sido renegar de vuestra amanerada forma de vida. Ni puedo, ni he podido; estoy absolutamente impedido bajo pena de muerte cerebral para vivir así, por eso revelarme no tiene ningún mérito. Sólo hago lo que puedo.

Y después de mil suicidios, sigo siendo diferente. Leo, escribo, compongo, sobrevivo, bailo, me emborracho, lloro, amo, río… ‘eso es bien’ -pensaréis. Sí, es ‘muy bien’ como dice mi sobrino el greñudo; te va ayudando a conocerte y a abrir cajones nuevos llenos de cosas de ti.

Es muy guay, eres muy guay, la vida debería ser como piensas, libertad, desnudez y falta de complejos…Lo malo es que te empuja a rechazar muchos trabajos, a muchas personas y a muchas situaciones. Nada es gratis, coger un camino dinamita los demás.

Todos estamos de acuerdo, pero yo y los míos siempre nos quedamos solos.