SENSO

Fue durante un viaje en barco en busca del sol de medianoche. Nada más verle después de la noche anterior le pensé entero de la cabeza a los pies. Ten cuidado porque como te piense del modo mío, me dije, este cuerpo aún mío se te escurrirá entre los brazos y se hará mujer si así lo deseo porque no necesito paredes ni suelos porque tengo un espacio inmenso dentro porque soy agénero porque tengo pensada una casa para ti y me basta con respirar en tu oído para que aparezca ese desierto de arenas rubias que en principio tanto te asusta.

Todo esto dentro de dos meses se volverá un desierto blanco decía él mientras me llevaba a ninguna parte de ese país de hielo. Le di un abrazo de los míos que enrosca más que el humo y anega más que un pensamiento, un abrazo ola a la orilla de su sien para decirle tequierolibre-tequierolibre-tequierolibre y el viento soplaba tan fuerte en aquel barco que mi boca se llenó de aire e importaba un carajo en qué idioma le dijese eso de tequierolibre-libreinclusodeser hombre. Él le habló en noruego a su amigo para consultarle qué podía ser ese abrazo-pensamiento que yo le había dado, a qué país y naturaleza pertenecía, que estábamos los tres naufragando en una página en blanco. Su colega en camiseta de tirantas se encogió de hombros y cruzó los brazos por detrás de su nuca, el olor a sudor me avasalló, me intoxicó de deseo como una ostra podrida al sol.

Él me devolvíó el abrazo justo en el umbral de la puerta antes de entrar en la casa de su amigo,esto no tiene ningún sentido porque puedo ser un niño de deseo con un rosario de flores azules en la cabeza, y al mismo tiempo, la gran ramera del apocalipsis capaz de despertar a tu hurón de hocico rosa que ha crecido tanto entre la hierba rizada de tus muslos que me vas a obligar a que lo mate y me lo coma. Como te pienso hombre así te creo, por lo tanto, borra de tu lengua esa idiotez de que me posees. Ahora no soy dueño de nada difícilmente podría serlo de alguien… los tres en la habitación de madera, su amigo de testigo pensaba que follar conmigo debía ser algo trágico porque aquello era de una belleza que no se entiende y de la que siempre había sido excluído.

Soy un insecto que vive en el corazón de la magnolia para libar tus azúcares y remover tus pólenes con mis patitas antes de deslecharte y descargar en mí tus tinturas internas. Entra en mi casa mientras estrangulo el eje de tu sexo, no tengas miedo porque no pienso darte hijos y el único anillo de compromiso es el que tan perfectamente se ajusta a la circunferencia de tu falo.

Quiero que entres con los ojos abiertos y abriendo los oídos

sin miedo

sabiendo y no sabiendo

efrentándote a otras voces, a otros cauces.

Te quiero un Adán recién despierto en la primera mañana del mundo

olvidando los recuerdos de un paraíso sin pecado original,

desprendido de Dios

para renacer de nuevo

intacto.

Y entonces

tu carne

se

des

pe

da

za

en mi boca.

Una ola lúbrica

que

res

ba

la

y

go

tea

 

 

 

 

DESPUÉS DE RECOGIDAS LAS ESPINAS

Tendido boca abajo al borde de la cama con las nalgas separadas y la cabeza lo más inclinada posible, mi Alfa después de entretenerse un rato en la contemplación de mi culo que sumisamente le ofrezco, después de azotarlo y morderlo, humedece con su boca el pequeño y delicado orificio que va a perforar y prepara la penetración con la punta de su lengua. ¿Qué soy ahora que dejo abierta la maquinaria del alma, el tic-tac de un reloj abierto que muestra las pulsaciones del deseo? – Ofrécete – me digo, nadie es capaz de un bello dolor de carnosos pétalos, de entregar su culo en su más ardiente volumen si no es por amor. Nada más tentador que horadar los oscuros abismos del ser cuando es un esclavo quien sucumbe al más fuerte.

Con una mano conduce y maneja el grueso tronco de su polla y con la otra separa mis nalgas; una vez que su furioso glande me ha penetrado, es necesario que empuje con firmeza tratando especialmente de no perder terreno. Ya no siento el alma a la izquierda del pecho, ahora es un alma que no tiene rajas, ni espíritu, ni origen… sólo una brutal y loca necesidad de placer en medio de un sentimiento de dolor y embrutecimiento animal.

A veces, si el orificio es estrechito y pequeño como el mío, se suele sufrir mucho en el momento de la penetración; pero, sin hacer caso a a mis gritos y súplicas de dolor, el verdugo ebrio de poder embiste con su polla gradualmente hasta alcanzar la meta, es decir, hasta que siento que el vello púbico que corona su duro cipote frota deliciosamente mi dilatado agujerito. y lo dilata

– Dime que quieres de mi

– (inaudible)

– No te escucho. ¿Qué carajo quieres de mí? Dí-me-lo

– Ales no puedo pensar ahora mi mente no llega hasta donde llega mi emoción. Estoy castrado por ti. He perdido el corazón por entre los cojines del sofá y no lo encuentro.

– Entonces, pídelo, suplícame.

– Fóllame como un animal hasta el punto que se licúe toda tu alma en mí, por favor, por favor.. “carnéame” (no sé por qué me acordé de Marcus carneando en su granja de Argentina a sus lechoncitos)

Llego a esa nada hambrienta que hay en mí, a ese lugar de la sensibilidad donde cuerpo y espíritu al fin de reconocen y se besan.

Es el momento en el que el macho hambriento prosigue su ruta con rapidez;

después de recogidas las espinas del dolor, todo lo que resta  no es sino un camino de rosas.

Las palpitacionesa gustosas que me producen sus embestidas hacen que contraiga prodigiosamente las paredes de mis entrañas para succionar y acariciar su polla con mi esfínter…¡maldita sea! durante toda mi adolescencia estuve entrenando los músculos de mi suelo pélvico para aprender a redoblar los placeres de un macho alpha, quien ahora colmado de satisfacción y voluptuosidad, no tardará en verter en lo más hondo de mí un esperma abundante y espeso por las lúbricas contracciones que le he proporcionado a su duro y grueso cipote. Es un perfecto código Morse que él recibe después de ajustarse a mí como un guante. Materia viva y carnosa donde ha fabricado a conciencia el molde exacto de su deseo. ¿Cómo describir el inmenso placer que me provoca en mi zona prostática su delicioso prepucio abriendo y dilatando su ojo de polifemo antes de deslecharse?

Ya no puedo pensar en mí, pero sí en la carne, en el sentido sensible de la palabra “carne” antes de que mi pensamiento se derrube definitivamente.

LUNA EN SANTA CLARA

– ¿A qué hora sales hoy de currar?

– Hoy sábado a las 21’30, pero entre que me quito el uniforme, hablo con mi jefe y dejo todo listo.. súmale diez o quince minutos más.

– ¿Y tienes que volver?

– Mañana a la misma hora para el turno de noche. ¿Por…?

– Te cuento: Mis padres se han ido este finde a El Palmar con mi hermana Sara, la peque. Manu (su otro hermano) también, pero con su chica y a su bola. Mis padres quieren que le eche un vistazo al chalé durante estos dos días y medio. ¿Te apuntas a estar fresquito en plan tranqui y pasando de todo hasta de “la calor”? Te recojo a las diez

– Mola.

– Una cenita, y después podemos charlar en las tumbonas del jardín, donde se está tela de a gusto. Me he llevado allí algunos temas que tengo que empollar este verano.

Me chocó un poco que matizara lo de “charlar” y estudiar… después de las semanas que llevamos “conociéndonos” me sonó un poco a  el plan es éste y -es – lo – que – hay.

– Ales, si tienes que estudiar no sé yo si es muy buena idea…

– Qué va, hay muchas horas por delante, casi un día entero. Ayer estuve estudiando toda la noche y madrugada hasta las siete de la mañana. Te eché en falta. Curry (el perro labrador) no sabe charlar ni preparar café con hielo, todavía…

–  Ah, vale jajjajjajjajja…

La conversación se produjo durante los quince minutos que nos dan de descanso a media tarde y después de leer un whatsapp suyo “llámame cuando puedas”, ya que mientras estamos en el curro nos tienen prohibido tocar el móvil.

Cuando acabé mi turno, me duché a toda prisa, me aseé y como por la hora que era no era muy de fiar que El Corte Inglés me dejase entrar al super, decidí ir al HiperOriente que me pilla cerca para comprar la ginebra que a él le gusta. Al pasar por  caja, ví unos salvamanteles que me gustaron y unas velas dentro de unos vasitos planos de vidrio… un ovni de cada color, tres en total: dos celestes y uno ámbar. “Ellos” no caen en estas tonterías, pero un pussyboy está siempre en todo.

Llegué justo a tiempo, odio hacer esperar a los demás. Me abrió la puerta del coche.

– Entra.¿Qué traes ahí? ¿las sobras que has pillado en cocina?

– Qué capullo eres, Ales

– Te lo digo porque antes de aparcar me he pasado a comprar algunas cosas para la cena. ¿Te gusta el salmón?

Odio el salmón y la mayoría de los pescados. Por la cara que puse me lo debió de notar

– Y unos chuletones de carne con chorizos y morcillas picantes al fuego hasta que revienten de pringue por todas partes..lo ideal con toda la calor que hace, te parece?

– Pues.. no sé

– Mira que eres prudente y educado, coño! jajjaja..  he comprado cervezas, refrescos, carne para hamburguesas que me han preparado allí mismo, verduras para asar en la parilla, y lo que encontremos en el frigo para picar ¿esto te gusta más?

– Síiiiiiiiiii

De camino a Santa clara, sonó una canción que me encanta: https://youtu.be/Io0fBr1XBUA

Tenerle tan cerca, las manos al volante tan seguro de sí mismo, con los muslos separados…Las sombras que proyectan sus pestañas, sombras de arañas negras. Casi puedo sentir sus cosquilleos cuando se me acerca. Me mira, le admiro, calla y frunce el entrecejo y el poco sol que queda del día se solidifica en sus ojos, un acerado brillo de escorpiones.


Te va a gustar la piscina de casa, ya verás.

– Hostia! me paso antes por la mía y busco el bañador. Tío, tendrías que haberme avisado.

– Ya te voy conociendo, Javi. A ti hay que pillarte siempre de sorpresa y no dejarte pensar ni un segundo ¡zasca y al vuelo! porque si no te me escapas. ¿Qué problema hay? ya improvisaremos algo.

Tiene razón, pero aún así, no puedo evitar inquietarme ¿Por qué? si aún está en mí desde la última vez que follamos, estamos aún los dos dentro, me lo recuerdan todos mis órganos. Siempre me resulta extraño entrar en una casa que no conozco, es como reconocer una ciudad que aún no he visitado o un cuerpo que todavía no he acariciado. Pero no preguntaré nada; no se puede construir donde no se puede vivir y él ahora tiene mi vida en sus manos. No pensaré en nada, no hablaré durante el corto trayecto. Decir algo sería como abrir una ventana ¿sin cristales? por donde se escaparía el plumón cálido de los nidos, los alocados pájaros. Mi miedo e inseguridad es darle carne al dolor, alimentarle con el dolor mismo. 


– Aquí tienes todos los avíos.. coge lo que te haga falta con total confianza. Estás en mi casa, conmigo. Dame un beso. Ve preparando las hamburguesas, cortando las verduritas y lo que se te ocurra. ¿Qué has pensado?

– Hacer las verduras en brochetas y una salsa de yogur al estilo griego

– Cojonudo. Voy a encender la barbacoa mejor que la parrilla electrica ¿no te parece? esta noche, nosotros a lo grande. Vamos, Curry… vamos.

Que no me quite su mirada.  Ahí están sus ojos húmedos por la falta de sueño, pero frescos y radiantes como frutos. Quizá debería disimular un poco, pero – créedme, no puedo – me resulta imposible… sus ojos son mi alimento y mi estímulo. Yo no sé mirarme más que en sus ojos, en ellos me refugio y con ellos me acorazo. Que no me quite su mirada. Único espejo donde me reconozco, única alegría con la que me peino y me despeino.

Ya sé que todas estas frivolidades acerca de cómo amarle son en definitiva algo absurdas. Es el amor quien me contiene y me coloca frente a él con una exactitud milimétrica. Estratégicamente esta noche el amor me es dado, así como la distribución arquitectónica de las estrellas, exactas e inmóviles, así el despuntar de los jazmines en el jardín de su casa, así el lugar y la hora de este encuentro que no había previsto ni imaginado.

Y mientras tanto, bajo una claridad hermética, respiro el relente de la madrugada, el verde alimento de las plantas… un vaho cadencioso y letal sólo comparable al silencio de su piel que transpira en esta noche calurosa.


– Qué calor, nene. Y eso que he encendido la barbacoa portátil, si llega a ser la otra nos torramos vivos. Subo un momento arriba y tu mientras tanto ve poniendo la mesa, seguro que tienes más arte que yo para esto.

Dudé por un momento si poner los salvamanteles y las velitas que compré en el HiperOriente, si encenderlas o no, si consultarlo antes con él, si… Curry no me quitaba ojo.

Apareció con un par de bañadores tipo short en la mano.

– Ales, por lo que más quieras, no digas nada.

– ¿He abierto la boca para decir algo? (al oído) “estas cositas tuyas” me encantan. Un detallazo por tu parte pero con la ginebra te has pasado o ¿tu intención es emborracharme y luego abusar todo lo que puedas de mí?

Se sentó en la tumbona y me ordenó que me acercase a él. No sé cual es el motivo por el que casi todos mis Alfas sienten ese impulso por desnudarme mientras ellos continúan vestidos. Aquella tarde con Julia, hicieron lo mismo: me tuvieron desnudo pero ellos no, hasta que finalmente nos enrollarnos los tres. Es una especie de ritual lento y parsimonioso con el que parecen disfrutar viéndome tan vulnerable e indefenso. Estuve un rato así, en pelotas, mientras abrimos las primeras cervezas y empezamos a picotear en las bolsas de chips y otros crujientes.

– Almendritas y frutos secos no pongo, no? dicen que hacen crecer los pezones y tetillas..

– Qué cabrón eres, tío. Siempre me pinchas donde más me duele.

– ¿Te vas a mosquear por esta gilipollez? pero si tienes un cuerpecito “pa comerte a bocaos, tontorrón”. Ven, acércate que te voy a probar el bañador.

Se descojonó de risa cuando me vió con aquellos boxers que evidentemente no eran de mi talla (él es más alto y más fuerte) y que se escurrían de mis caderas por mucho que ajustase el cordón de la cinturilla. Curry me olisqueó todo lo que pudo.

– Debo estar patético.

– Que vá, estás muy gracioso. ¿Verdad Curry que está para comérselo? Pareces un niño grande jajjajjaaj… voy a ponerme el mío y montamos las hamburguesas ¿no tienes hambre?

Continuó hablándome y sin dejar de mirarme mientras se desnudaba; en cierto modo, me forzaba a ello…era como decirme: “ahora me toca a mí, quiero que me veas. Somos dos tíos pero te feminizaré a mi antojo siempre que mi deseo sea lo demasiado fuerte e imperioso, Soy el Alfa que llevabas estos meses buscando”.

Hicimos un trato: Él preparaba mi hamburguesa a su gusto, y yo la suya al mío. Un aútentico desastre, la suya paecía un torre con todo lo que metió dentro además de ketchup y mayonesa. En cambio, a mí me gustan simples sólo con un poco de lechuga, tomate y sin queso. Ahora fui yo quien empecé a reirme viendo la cara que puso. Al final, optamos por la decisión salomónica de partirlas en dos mitades y combinarlas.

– Ales ¿me dejas hacer algo que me gusta mucho? me encanta dar de comer a otra persona.

– Vale, pero para eso tienes que acercarte y sentarte en mis piernas.

Soy de comer muy poco,( he tenido ese problema desde chico) enseguida me sacio, y aunque de vez en cuando le daba algunos bocados a su hamburguesa torre, me descojonaba de risa viéndole comer a dos carrillos y pendiente de que no se manchase demasiado. Curry a nuestros pies, daba cuenta de todas las migajas que caían al suelo. Deshacer las brochetas de verduras, comer con las manos, mojar los trozos en la salsa y darnos de comer uno al otro, nos resultó a ambos muy excitante y morboso. Acabé chupándole los dedos y los goterones de salsa que cayeron sobre su torso.

– Y ahora, lo suyo es darse un bañito. Eh ¿donde vas? ven aquí. Espera que te quite el bañador.

Nos zambullimos en la piscina donde calculo que podrían hacerse largos de unos diez metros. Bajo la superficie del agua cerré la memoria como quien corta la llave del gas y las persianas herméticas; le vi acercarse a mí sigiloso y amenazante como un escualo delimitando su territorio. Su boca tan de cerca y tan voraz.. aún la siento , la respiro, la sufro como un escalofrío. Y cuando peligrosamente se aproximó, su boca, cráter o anémona, dejó paso a una voz cálida y agridulce como el vaho incandescente de los volcanes subterráneos.


La luz siempre llega de lo alto y eso me jode porque me hace pensar en algún dios con sus putas linternas. Fue entonces cuando la vi mientras buceaba bajo el agua, era una luna lechosa y lúbrica que imantaba mis pezones. Dos pequeñas islas que emegen y desaparecen con la energía magnética de las mareas.

Lo único que quiero es estar al lado del Alfa a quien amo y admiro. No me importa que él no lo sepa, no me importa que él no sienta lo mismo por mí. Quiero estar al lado de quien amo sin pedirle ni exigirle nada. Quiero estar a su lado porque ha sido capaz de hacerme sentir, el completa mi masculinidad, la dirige y orienta como el guerrero adiestrando al alumno en la batalla, porque a su lado soy mejor persona, por eso. Sólo esperaba que llegase el momento en el que mi piel hablase por mí.


– Javi ¿Qué voy a hacer contigo? ha llegado ya un momento que no sólo pienso en ti varias veces al día, sino que te echo en falta y necesito tenerte un rato a mi lado. ¿Qué piensas?

– Pues que lo mejor es que nos dejemos llevar y ver qué pasa.

– Ya claro, y si lo prefieres, tropezamos, nos miramos, y le llamamos destino jajjajjajaj..  tú no disimules tanto porque también se te ve bien pillado, estás amamonao conmigo.

De un salto, se abalanzó sobre mi y me besó. Cerré los ojos porque sabía que ese beso iba a doler.

– ¿Qué piensas, Javi?

– Que te amo y no sé por donde empezar.

Llamádme estúpido, pero sólo deseaba enterrar mi cara en su cuello y sentir cómo olía, eso significa que mi físico desea el suyo, porque el roce de la carne con la carne desprende un aroma incluso bajo el agua.

– Javi ¿Qué pasa si los hombres abren el corazón?

– Que se curan

– De qué?

– De haber estado año tras año asfixiando y estrangulando sus sentimientos en lo más íntimo de su ser.

– Yo también creo que estoy sintiendo algo por ti, pero también me pregunto lo mismo: ¿Por dónde empiezo? Es increíble lo mucho que te puede cambiar la vida cuando decides decir: “Ya no más de lo de antes” “Quiero experimentar algo nuevo” pero ya sabes que es impotante para mí que entre nosotros, de vez en cuando, intervenga una chica. Lo necesito.

Charlamos un buen rato a la luz de las velas y los reflejos de las pequeñas llamas que se proyectaban sobre nuestros cuerpos mientras duró la muerte y agonía del carbón y la madera. Se sirvió otro gintonic y encendió el tercer canuto de la noche. No me gustaría formar parte de una historia que se cuenta con un porro en una mano y un vaso de alcohol en la otra. Pensé.

Apagó las velas y todas las luces del porche quedándonos a oscuras a la luz de la luna. El mecanismo programado para regar el césped puso en funcionamiento los surtidores.

– Escucha esta canción que me recuerda a ti. Dijo

Enciendo el mechero  y lo acerco a su piel. Leo en ella. Materia viva. Como la tierra de los campos, basta, basta a mi corazón ligera siembra para darse a él sin reservas. Qué eficacia la del amor. Algo parecido a lluvia. Mientras me acerco a oscuras a sus labios, una luciérnaga me guía -fuma- pienso que esta lluvia artfificial no tiene sal de lágrimas. Las mías sí porque están llenas de emoción y entrega.

Quiero estar con él no por verle sino por ver lo mismo que él, cada cosa en la que respira como esta cortina de agua de tanta sencillez, que lava.

Deja tu cuerpo en mis manos, tu piel en mis labios para que sirvan de primicia y sacramento. Tan ancho el mundo y no cabemos en él. Tan encendida esta luna de las tres, y uno de los dos siente encogérsele el alma de escalofríos. Tan enorme, tan horizontal le veo y yo sigo reptando por su epidermis como un insecto hambriento en el envés de una hoja nervuda y carnosa.

Pero es aquí, en la dura penumbra del jadín , mientras le oigo respirar, cuando escucho bramar con furia al toro del laberinto, donde quiero tenerle, desnudarle, sentirle, y encontrarme y perderme soportando su cuerpo. Materia viva, mi amor, mi alimento.


Me condujo a una rincón apartado del jardín , durante el corto trayecto, descalzos por el césped, pisé un caracol que se quedó adherido a la planta de mi pie derecho. Ales me aplastó contra el muro bajo el matorral de jazmines, estrujó su cuerpo contra el mío y empezó a besarme con furia al tiempo que me pellizcaba los pezones. El cosquilleo del caracol sin concha y cubierto de babas bajo mi pie, estimuló mi lengua enroscándose en la suya excitando todo mi cuerpo. Él lo notó y empezó a chupar  y mordisquearme los pezones .

– Estás ardiendo hijoputa.

A continuación, me hizo girar el cuerpo y colocarme de cara a la pared. Sentí cómo abría mis piernas, doblaba mi espalda y ensalivaba mi agujero. Azotó varias veces mis nalgas hasta volverlas tiernas y obedientes.. Se estrujó aún más sobre mi y me mordió el cuello mientras inició  la penetración.

Dolía, pero me tapó la boca para amortiguar mis fuertes gemidos.

– Necesito follarte ahora, de la manera más sucia y exquisita que existe.

A la mañana siguiente, amaneció domingo.Odio los domingos. Nada ocurre en domingo. Nunca encuentras un nuevo amor en domingo. El domingo es el día de los tontos felices. Amanecí entre sus brazos después de echar echar tres o cuatro polvos. Estaba en su cama y me sentía de puta madre porque el amor no se manifiesta en el deso de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien. Eran ya las cinco de la tarde.

Me levanté de la cama, y después de ducharme y asearme, me dirigí a la cocina para recoger y limpiar todo lo que empleamos para la cena. Me preparé un zumo de naranja y salí al jardín para recordar algunos momentos de la noche anterior. Me dolía todo el cuerpo, preñado por todos mis agujeros, orgánicamente fecundado, pero exhultante de alegría, ebrio de felicidad. Las células de mi cuerpo estaban en el proceso de la digestión lenta de asimilar todos sus fluídos y los míos. En la cavidad de mi cerebro reinaba la euforia. Antes de marcharme me pasé por el dormitorio. Ales continuaba durmiendo, en su desnudez , me pareció el hombre más hermoso del mundo. Con mucho cuidado y sigilo para no despertarle, me acerqué a sus muslos abiertos y le besé los testículos.





LOS SONIDOS DE MI GARGANTA, MÚSICA SUBLIME PARA SUS OÍDOS

Se levanta y al poner los pies en el suelo, se exhibe en todo su esplendor. Busca mi mirada mientras gateo aún somnoliento por las sábanas hasta llegar al borde de la cama embriagado por su olor a macho, y ante la visión de su poderosa erección matinal. No me atrevo a mover ni un solo músculo hasta que él ejecute una orden, chasquee sus dedos o me haga una señal con la mano. Estoy en ayunas pero sé que debo tragármela toda, es mi deber como subordinado beta obedecer a mi guerrero jefe y proporcionarle toda la devoción que se merece antes de irse a trabajar.

Es una auténtica lucha la que se produce en mi mente por controlar el reflejo del vómito por una parte y la desesperación por complacerle al mismo tiempo. Fuerzo al máximo la apertura de mis mandíbulas para introducirme su glorioso vergajo a la vez que empiezo a salivar profusamente. Con la succión se produce una especie de música al compás del golpeteo de sus huevos contra mis labios. Os aseguro que él no necesita emplear ninguna fuerza mientras folla mi garganta, sino que es mi propia hambre la que me empala directamente en su verga presionando el rostro contra su vientre y aspirando el delicioso aroma de su vello púbico. 

 

Estoy tan entregado a él que podría dar la impresión de que me está follando el cerebro ya que mi concentración es tal, que sería incapaz de pensar en otra cosa que en emplear mi boca, garganta, y lengua, para chupar, lamer y acariciar esa polla que entra y sale de mí llevándome al borde de la asfixia. Me he entrenado a conciencia durante muchas horas diarias con un dildo de silicona para aprender a respirar, a abrir al máximo mi garganta y aplicar fuertes y delicados movimientos de succión con mis labios. Pero a veces no puedo evitar que me broten lágrimas por el esfuerzo de tragar, y que mi cavidad bucal se desborde de saliva caliente… llegado ese momento, me agarra por la cabeza y la aprieta con fuerza contra su vientre; desea escuchar los sonidos guturales de mi garganta cuando empala su polla en ella. Es música sagrada para sus oídos, la agonía placentera de su chico beta que se asfixia entre sus manos, el canto de cisne que tiene lugar mientras me ahogo en un inmenso y delicioso lago de esperma.

– Javi, mírame.. abre bien la garganta no quiero hacerte daño. Esa vocecita dulce y rubia la tienes que conservar muchos años. Mírame, no dejes de mirarme, gatito.

Le entran ganas de mear. Me lleva asido por el pelo y gateando hasta el baño. Quiere que vea desde la posición en la que me encuentro arrodillado a sus pies, como brota su orina por el orificio del meato; es hermoso observar como se dilata por unos instantes para a continuación brotar de él, un surtitor de orina caliente y hormonada. Abro la boca dándole señales explícitas de mi sediento deseo, pero él me ignora mientras desahoga su vejiga… al final poco antes de vaciarse del todo, se apiada de mí y permite que saboree las últimas gotas en las que aún percibo rastros de esperma.

PAJOTE EN EL METRO

Una de las muchas formas que él tenía de castigarme en público era entrar juntos en el Metro a hora punta .Me conducía al final del vagón donde el espacio era un amasijo de cuerpos apretados, anónimos y sudados tras una larga jornada de trabajo. Me obligaba a disimular ante los pasajeros que no nos conocíamos de nada, y si alguno de ellos (a veces sucedía) se me insinuaba y me metía mano, no debía oponer resistencia. Eso a él le daba morbo y le excitaba. 

– Si veo se trata de un buen macho como yo estás obligado a complacerle, siempre y cuando yo lo ordene y permita.

Antes de salir los dos de su apartamento con dirección al Metro, me introdujo en el culo un plug que aumentaba progresivamente de tamaño a medida que se apretaba una perilla que lo llenaba de aire. El plug estaba estratéticamente colocado en mi cuerpo al igual que una especie de arnés formado con cadenas de pinchos cubriendo mi vientre, caderas, ingles y muslos. Le oí susurrarme al oído:

– Te voy a follar aquí, puta, delante de todos éstos. Te voy a clavar la polla del tirón después de sacarte el plug que llevas puesto. Tienes que estar ya bien dilatado y caliente. Dime mariconazo ¿te follo aquí dentro? ¿lo estás deseando, verdad? y no te atrevas a gritar ni a insinuar algo porque sabes muy bien que llevo una navaja en el bolsillo. Me conoces bien.

Se apretó más contra mí y con una mano se cercioró de que el plug seguía dentro de mi agujero. Sentí su cuerpo aplastando contra espalda y refregándose como si me estuviese follando allí delante de todos. Apretó la perilla y el aparato aumentó de tamaño dilatando considerablemente mi ojete.

– Ahora, mírale los paquetes a los tíos. Disimula pero míralos imaginando qué se esconde debajo de esos pantalones… ¿Te gustaría ponerte de rodillas y comerle a polla a todos éstos, verdad maricón? Díme ¿te morirías por sacarles la polla y mamárselas, eh? Contesta: sí o no?

Yo estaba muerto de miedo, no me atrevía ni siquiera a asentir. La tensión y angustia que me provocaba el no descubrirle ante el resto viajeros y disimular al mismo tiempo que lo tenía pegado a mí, a él le excitaba muchísimo. Me metía mano, respiraba en mi nuca y seguía aumentando el tamaño del plug…. Apenas podía soportar el dolor en mi ojete.

 

Introdujo una de sus manos libres por debajo de mi chaquetón hasta alcanzar una de msi tetillas. La agarró y comenzó a manosearla para después pellizcar el pezón con fuerza. Gemí sin poder controlarme. Clavó el puño en mi costado para que callase y no hiciese ningún sonido a pesar de que él sabía que esa era una de mis zonas más sensibles y erógenas. Apretó aún más las caderas y muslos sobre mi culo y continuó pellizcándome los pezones.

Los esclavos como tú tenéis tetas ¿lo sabías? os van creciendo día a día porque generais hormonas para complacernos a nosotros, vuestros machos. A ti se te están poniendo como las de una niña en pleno desarrollo, y los pezones cada día los tienes más grandes y rosados. Estás deseando que te desnude ahora mismo y te folle a lo bestia, ¿a que sí puta?

Me costaba controlar la respiración y el pulso. La sangre bombeando mi cerebro me encendía la cara y los labios. Mi excitación comenzaba a ser evidente. Un chico de unos veintitantos años con aspecto de estudiante y mochila al hombro, el más cercano a nosotros en la parte trasera del vagón, se dió cuenta de lo que sucedía. Con un recorrido rápido y veloz de sus ojos sobre mí, me dió a entender que sabía lo que me sucedía. Sonrió disimuladamente y desvió la mirada.

– Roza disimuladamente con dos dedos su paquete. Si se cabrea o monta una escena ya sabré yo como echarle la culpa a él y cortarle en seco.- susurró mi amo al oído.

Cuando le acaricié levemente el paquete, el chico quedó paralizado por unos instantes pero no se inmutó. Tras su asombro inicial, noté que se acercaba aún más a mí y con una de sus manos condujo la mía hasta su polla que ya la tenía gruesa y turgente.

– Sácale la polla del pantalón y pajéale como sabes hacerlo- ordenó mi amo.

El estudiante se acercó aún más e intentó tocarme el culo, pero mi dueño se la apartó de un manotazo.

– Tócale los huevos, acaríciaseos suavemente. Como tendrás la mano húmeda por el fuído de su nabo, llévatela a la boca y haz como si bostezaras. para disimular. Lámete la palma para que él lo vea, y luego sigue pajeándole.

Así lo hice. El chico se estremeció al sentir que mi mano ensalivada le lubricaba la polla y le proporcionaba más placer  aún. Arqueó el cuerpo y tras unas sacudidas vació toda su leche en mi mano. Quise llevame la mano a la boca para saborear ese semen caliente y espeso, tragármelo… pero la voz a mi espalda me amenazó:

– Como hagas eso te mato aquí mismo. Tú sólo tragas mi leche no sé ya como decírtelo. A ti únicamente te toco y te follo yo ¿entendido? Te uso para mi placer y para humillarte ante los otros porque eres una puta, un objeto que uso a voluntad. ¿Tienes ganas de correrte?

Asentí con la cabeza.

– Mírale a los ojos y córrete para que él se de cuenta.

Busqué su mirada y me dejé ir.. tuve un orgasmo intenso desde la nuca hasta la punta de los pies mientras una corriente de placer hacía vibrar eléctricamente mis pezones. Durante mi corrida miré al chico para que contemplase cómo se me abultaban los labios y se me encendían las mejillas hasta sentir mi esperma fluir dentro de mi pantalón.  El chico estaba extasiado sin dejar de mirarme,

y aunque ya se había corrido antes en mi mano, me la condujo de nuevo a su paquete para demostrarme que otra vez estaba excitado. Cuando lllegó su parada descendió al andén, giró la cabeza y me sonrió. Creí leer en sus labios un “muchas gracias” y desapareció entre los viajeros. Me hubiese encantado – de ser libre – bajar también al andén y correr tras él para besarle. Era guapo y de mi edad, me hubiese gustado ser su amigo y tomar un café con él. Mirarle a los ojos y sonreñirle, con eso me hubiese bastado para ser feliz. En esos momentos sentí unas ganas inmensas de llorar con esa energía propia de los esclavos.

CONFESIÓN 7

 

Como esclavo sé que además de trabajar y cuidar mi cuerpo, debo cultivar mi imaginación e ingenio. La imaginación es el aguijón de los placeres, ella lo dirige todo, es el móvil de todo ¿No es a través de ella como experimentamos las más excitantes voluptuosidades?. Pero para que esto se produzca, mi mente hambrienta y deseosa por complacer a mi dueño debe estar libre de prejuicios, sólo una cosa rige mi pensamiento: hacer feliz a a mi amo y complacerle al máximo.  Y lo que es más sucio, infame y prohibido es lo que más le excita y le hace eyacular del modo más delicioso.

 

Él es el único hombre superior capaz de apagar con olas de esperma el divino fuego que inflama mis adentros. Sentirse libre del riesgo de procrear (para ello ya tiene su novia, su chica o la madre de sus hijos) y contrariar de este modo lo que los ignorantes e imbéciles llaman “las leyes de la naturaleza”, el sexo es algo que está lleno de encantos y excitación para el macho alpha que necesita dominar y llevar una vida sexual muy activa.

 

Algunas veces  (cuando mi pene está enclaustrado y reducido en la jaula de castidad) mis muslos cerrados sirven también de refugio para acoger su grueso cipote  ofreciéndole un suave y cálido reducto  donde su semen se derrama sin ningún riesgo. Cuando lo hace suele mirarme fijamente a los ojos mientras siento su cálido mananatial de semen esbalar por el estrecho canal que forman mis muslos apretados. Su mirada amenazante me avisa: “yo soy aquí el único hombre, por eso he encerrado con llave tu pollita dentro de una jaula de castidad y la he convertido en un abultado clítoris permanentemente hambriento de mí, de tu macho que controla tu mente y voluntad  para mi único placer”. Las prácticas y métodos que un sumiso como yo, enamorado hasta la desesperación de su amo, son variadas e infinitas. Diez mil noches, diez mil días… la eternidad entera no bastaría para llevarlas todas a cabo.

 

EL PLACER DE SER CRUEL

No soy yo el único que progresa gozando como esclavo sumiso, mi alpha también necesita placeres nuevos que alimenten su libido. Como buena puta  sé que cultivando y estimulando mi imaginación, los caminos y sendas que traspasaremos él y yo serán infinitos, variados e inagotables. A veces me suelen preguntar mis amigos:¿Cómo puedes admirar e idolatrar a un hombre si le permites que emplee contra ti toda esa violencia, crueldad y dolor? ¿hasta ese punto eres masoca? – y yo les digo que no se queden con lo más simple y obvio a simple vista porque obtendreis una simplonería por respuesta y os quedareis en lo superficial.  El dolor, en mi caso, está directamente relacionado con la entrega absoluta al objeto de mi admiración: EL MACHO DOMINANTE es una cuestión de grado e intensidad: ¿Podéis entender que se pueda amar tanto a un hombre hasta el punto de dolerte el alma? ¿Que el placer que experimento cuando me toca, me acaricia y me folla, llegue a ser tan intenso e inseparable del dolor como el agua de la sal en un océano? ¿Creéis que no hay dolor en el beso? pues te duelen los labios de pura ansiedad después de ser mordidos y a continación su lengua los lama antes de engullirlos entre los suyos; hay amores que matan, exacto. MUERO POR ÉL porque me mata de gusto cuando me folla. Y os aseguro que a él le sucede exactamente lo mismo, somos dos fieras hambrientas e insaciables de placer.

El dolor que él me inflinge provoca en mí una vibración amorosa que conecta con su instinto de animal dominante  y hace que los dos – dominante y dominado –  a través de los órganos de la voluptuosidad nos arrojemos a ese mundo de placeres sin límites ni leyes. Él suele decirme:

– Me gusta estar contigo porque eres una puta que no sabe mentir ni engañar, no me puedes fingir ni engañar respecto a lo que sientes tanto si te follo como si te caliento a cachetadas. Cuando hay dolor por medio es imposible fingir ni engañar. Por eso cuando me haces una mamada y te clavo la polla hasta el fondo de la garganta quiero que no dejes de mirarme a los ojos ni solo un segundo, quiero ver esa expresión de perra hambrienta en tus ojos gozando a tope. Cuando te azoto el culo hasta ponértelo ardiente y tierno siento perfectamente como tiemblas de gusto suplicándome que hunda mi polla en él hasta el fondo. Con muchas tías con las que he estado, en el momento de tocarlas y meterle los dedos en el coño cierran los ojos como si huyeran de mí, cuando las follo siguen cerrando los ojos y comienzan a dar gemiditos… pero por el crispamiento de sus dedos al tocarme, por la densidad y temperatura de su piel y otras cosas más, sé que están fingiendo como bellacas únicamente por complacerme, es el clásico paripé que emplean para mantenerme a su lado como pareja. Se “sacrifican” para retenerme a su lado, pero tú eres distinto. No todas, obviamente, pero sí una gran mayoría de ellas. El mejor modo de follar a una tía es por la oreja diciéndoles al oído lo que quieren escuchar mientras desahogas en su coño tus instintos de macho. En cambio contigo, maricón, me siento libre como hombre, no me siento estoy atado a nada, no tengo que darte ningún tipo de explicaciones porque sé que como macho poseo todo lo que tú tanto deseas, necesitas y estarías dispuesto a sacrificar por mí. Trabajo porque tengo la hipoteca de una casa que pagar y donde viviré con ella cuando nos casemos, y además están las letras del coche, los muebles… pero tú pagarás además de la gasolina, mis gastos, bebidas, tabaco, etc.. todo lo que a tu macho le ponga contento y excitado ¿de acuerdo? el placer que no se paga no tiene gracia, resulta insípido y aburrido como todo lo gratuito. Tú como buena puta pagarás a tu macho.

En cuanto al tema de la crueldad, a él ni por asomo le viene a la cabeza la idea de si es caritativo o ético causarle daño a otro para deleite propio. ¿Qué le importa a un alpha el dolor que provoca en un subordinado?.. Y en lo que a mí me concierne ¿Por qué evitar un dolor que apenas me costará una lágrima y que, por el contrario, además de unirme aún más a mi hombre  me va a provocar un inmenso placer?.  Nosotros hace ya tiempo que ya cruzamos las fronteras de lo socialmente aceptable, las leyes de “lo normal” y la moral establecida.

Estoy seguro de que mi alpha no oye esa voz ilusoria de la naturaleza en cuanto a lo que debemos hacer a los otros, qué agujeros rellenar, qué sexo elegir y preferir, o lo que NO queremos que nos hagan. Ese lema de que “La naturaleza dice que no debemos hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan” sólo puede venir de los hombres débiles. Un verdadero macho superior se cudaría muy mucho de utilizar ese tipo de lenguaje. ¡Qué estupidez es ésa ! , diría  mi amo ¿Acaso la naturaleza que siempre nos aconseja disfrutar, que jamás nos mueve a otra cosa que no sea gozar, sería tan absurda y contradictoria como para privarnos del placer si eso causa dolor al esclavo sumiso que enamorado se entrega a su dueño?

Es cierto, la naturaleza madre de todos nosotros, sólo nos habla a nosotros sus hijos sin religiones, prohibiciones  ni leyes; nada es tan egoísta ni tan voraz como su voz. No hay más que observar las estrategias de los depredadores por saciarse de proteínas. Y es muy claro su consejo de deleitarnos no importa a expensas de qué o quién. La crueldad es el principal sentimiento que nos inculca la naturaleza. Y la crueldad forma parte de la naturaleza de mi amo pero eso no le convierte en ningún depravado. Y yo me someto a él porque le amo sin límites y por la excesiva sensibilidad que mis órganos día a día van adquiriendo.