EL Nº 3, PERFECTO ES

El vídeo que recibí de madrugada por parte de Ales, me sorprendió no por el vídeo en si, sino por no ir acompañado de ningún comentario suyo. ¿Se tratataba de un simple error al confundirse de destinatario? ¿Un deseo de hacerme cómplice de sus gustos? o… se trataba de una advertencia, ¿ un mensaje oculto quizás?

No soy de los que se rayan por mucho tiempo cuando se puede buscar una solución, así que a la mañana siguiente le llamé al móvil:

– Qué morboso (ciertamente lo era) el vídeo de anoche

– ¿Te gustó?

– Sí, el tío estaba muy bien y follaba de escándalo. Lo que más me excitó fue la dominación verbal, el tono que empleaba hablando.. además, no hay que negar que él estaba muy bien servido.

– ¿Y ella?

– Ella también me gustó bastante, la verdad que como pareja funcionaban perfectamente.. de hecho, suelo ver más porno hetero que gay. De éste último, continúo viendo el vídeo si los roles de Dominante /sumiso están muy definidos y lo cumplen todo el tiempo por parte de los dos.

– Pero en el vídeo que te envié… con quién te identificaste más ¿con él o con ella?

(….) Me quedé sin saber qué responder. ¿A qué venía preguntarme eso? Tampoco quise precipitar la respuesta.

– ¿Javi?

– Sí, si.. estoy aquí. Estoy pensando, Ales. ¿Identificarme con él o con ella?

– A ver, si te resultó morboso el vídeo que te envié es porque te excitó viéndolo. ¿Te excitaba ver lo que él le hacía a ella o en algún momento también te gustó sentirte en el rol de él? ¿Me explico?

– Sí, creo que sí. Pero yo creo que me excitó el vídeo en su conjunto. Lo ví una sola vez ya ni me acuerdo.

Lo cierto es que su pregunta me desconcertó. Y tras analizarme por unos segundos, no me recordaba mirándole la polla al actor todo el tiempo, sino que me excitaron varios detalles, por ejemplo su voz.

– ¿Te refieres a que sí ve veo más en el papel de ella, no?

– Sí

– Pues.. digamos que sí. Pero lo que me ha rayado un poco ha sido lo de “identificarme” con una u otro. Ahí no lo veo tan claro, sinceramente. Ya te conté que en sólo tres ocasiones he participado en un trío porque mi Alfa me lo pidió en su momento. Le daba morbo que hubiese una chica entre nosotros.. y la experiencia me encantó, me sentí muy cómodo y disfruté mucho.

– ¿Y follaste tú con ella?

– Sí, por..?. Estaba él, estaba un Alfa, había un macho dominante ahí presente controlando la situación. Y tanto ella como yo, le servíamos sexualmente a él, y era él quien nos follaba y sometía a nosotros dos.

– Entonces, si en lugar de un Alfa dominante por medio, hubiérais sido dos follamigos con una chica, vamos, tres follamigos…tú  hubieses aceptado?

– No.

He oído hablar bastante de follamigos, y lo cierto es que me parecería genial tener un follamigo en mi lista de contactos pero por el tipo de relaciones que mantengo difícilmente se produciría esa circunstancia. No suelo tener amigos, tan sólo mi amiga Marga. Sirviendo a un Alfa no queda apenas espacio para los amigos. Durante un tiempo, Raúl y yo, fuímos buenos amigos. Su novia (Mari) y él tenían frecuentes broncas, se conocieron cuando ambos tenían catorce años y ya llevaban ocho años juntos. Me llevaba muy bien con los tres. Fue Raúl quien dió el primer paso y me convirtió en su “pussyboy”. Tras aquella “primera vez” ambos pensamos que se iba a quedar en una simple experiencia sin más, pero no fue así. Transcurrida una semana, Raúl regresó decidido a convertirse en mi Alfa y yo en su sumiso. Nada volvió a ser igual que antes.. ya no contaba conmigo para jugar al fútbitocon el resto de la peña como hacíamos antes, dejó de existir esa complicidad a la hora de contarme sus problemas y preocupaciones, etc… no es que dejase de tenerme aprecio ni que me faltase al respeto, simplemente, pasé a convertirme en una de sus posesiones más valiosas: su coche, su equipo de música, su Mac, su móvil…. entré a formar parte de una nueva categoría en la que ya no entraba  ser “su amigo”. Me convertí en su objeto sexual con quien poder practicar todo lo que no podía hacer con su novia y otras chicas. Sobre todo, dominar. Él empleaba un término que me llamó mucho la atención cuando se oí decir: “Javi, los tíos como yo somos “cazadores” nos excita la caza y someter a la presa.” En una ocasión que programaron ir a la playa durante un finde, él, Mari y tres colegas más de nuestro barrio, me insistió hasta la saciedad que les acompañara. No podía ir porque tenía que estudiar ante un inminente examen de una asignatura bastante jodida “Historia del pensamiento y de las ideas estéticas” del 4º semestre (2º curso)  pero no había manera de convencerle.

– Os lo pasareís muy bien los cinco. Ya habrá otra ocasión.

– Javi, por muy colegas que seamos, son tres tíos, yo y mi novia, la única tía. Si vienes tú, me quedo mucho más tranquilo. Mari y tú os lleváis muy bien y tenéis buen rollo… y para mí sería como tener “dos hembras” de cara a los otros.

Me dejó pensativo mi conversación con Ales. Obviamente nada se dice ni se pregunta por azar o pura casualidad. ¿Qué pretendía Ales con todo esto? él no es tonto pero yo tampoco soy un pardillo gilipollas. Es cierto que él me confesó que la mayoría ( no me especificó si hubo alguna excepción) de sus parejas y experiencias sexuales habían sido siempre con tías  – una vez más el patrón se vuelve a repetir – y todo apuntaba que su orientación sexual seguiría por ese camino. Me entró el pánico… no lo dudé dos veces. En esta ocasión le envié un whatsapp:

– Ales, te voy a ser muy claro y te pido que seas honesto conmigo: de alguna manera te arrepientes de “lo nuestro” y estás buscando una excusa?

– @_@ ? una excusa?

– sí, una excusa para romper esta relación, para librarte de mí porque se supone un conflicto, un agobio. Si es así, ya te dije que lo que más me fascina de un hombre es su libertad… con mis alfas siempre fue así: yo sabía que ellos tenían sus novias y que yo….

– qué coño estas diciendo javi?

– yo nunca te voy a pedir ni exigir nada

– javi, estás flipando a que?

– estoy rayao

– pues estas apañao si piensas que te vas a librar de mi o que yo te voy a dejar escapar ..un carajo para los dos! eres una perita en dulce para mi, chiquitín

podemos vernos esta tarde a las ocho en mi casa?

– …….

– La pregunta es muy simple:¿puedes o no?

– vale, a las ocho.

Cuando llegué a su casa, fue Nacho (el compañero con quien comparte el dúplex) quien descolgó e telefonillo y me abrió la puerta. Subí directamente a la habitación de Ales quien me recibió muy afectuosamente pero lo encontré un tanto alterado y nervioso.

– ¿Qué pasa Ales?

– Escúchame con atención ¿vale? he quedado esta tarde también con Julia y debe estar al llegar. No pongas esa cara, Javi. Ella y yo nos vemos de vez en cuando para pasar un rato juntos y echar un polvo cuando se encarta la cosa

– Me voy

– No, no te vas a ir. Quiero que estés aquí.

– Tú alucinas, Ales… ¿para esto me has hecho venir? tú estás mal de la cabeza, tío..

Me agarró por los hombros, y acto seguido, me pellizcó con fuerza los pezones con ambas manos. ¿Cómo pudo saber que era el mejor modo de inmovilizarme es esos momentos? un Alfa es puro instinto animal, Raúl estaba en lo cierto: son cazadores. Acercó su rostro al mío y me habló sin pestañear.

– Escúchame bien: Tú no te vas. Quiero que me veas follar  con Julia que ya debería haber llegado. Mira a tu izquierda, en la última puerta del armario empotrado que hace esquina con la cortina…

Sonó el telefonillo, me sobresalté y como acto reflejo intenté huir.

– Javi, por lo que más quieras.. no me montes una escenita. He despejado el espacio de ropa y cabes perfectamente en él. Entra y obedece, e intenta disfrutar viéndome follar con ella. Luego hablamos.

Cuando me soltó, yo había entrado en erección y mis pezones estaban ardiendo de dolor. Es el tipo de dolor que libera substancias químicas en mi cerebro y me conduce a una especie de subspace emocional difícil de explicaros. Tampoco tuve tiempo para pensar ni reaccionar. Entré en mi cubículo. Os juro por lo más sagrado que no recuerdo nada de la conversación que mantuvieron él y Julia durante los cinco o diez primeros minutos, estaba tan asustado y nervioso que apenas podía controlar mi respiración. El sonido de mi pulso bombeando mis sienes era lo único que oía… hasta que poco a poco empecé a distinguir las primeras palabras, frases, roces, respiraciones y gemidos.

Julia le estaba haciendo una mamada. Percibí el reconocible shrup shup que produce una boca cuando chupetea una polla pero apenas pasa de tragarse el capullo y poco más. “Esta hija de puta no sabe comerse un buen cipote” es lo que me atreví a pensar movido por la rabia, el miedo y el despecho. De soslayo y al principio un tanto reticente, me atreví a mirar por la rendija de la puerta y, efectivamente, con la mano aferrada al tronco de la polla y haciendo tope con ella, su boca apenas engullía la cabeza turgente y gruesa de la verga de mi Alfa, quien tumbado sobre la cama, levantaba de vez en cuando sus caderas con la intención de que su cipote conquistase algunos centímetros de aquella boca tan poco apasionada.

Me resultó muy excitante verles desnudarse uno al otro.. se notaba que ya lo habían hecho muchas veces con anterioridad. Julia tiene un cuerpo bastante proporcionado y unos pechos bonitos y apetecibles. Un culo y caderas generosos, manos pequeñas y el pubis completamente depilado dejando al descubierto una vulva cerrada y prieta como una concha marina.

 

Ahora era el turno de Ales, se me aceleró el pulso y  mi polla entró en erección cuando le vi colocarse encima de ella e ir besando y lamiendo su abdomen hasta llegar y detenerse en aquellas dos mitades carnosas y húmedas. Ensalivó dos de sus dedos y los introdujo con delicadeza por la hendidura del coño de Julia, tras varios movimientos de vaivén, se llevó de nuevo los dedos a la boca para saborearlos y lubricarlos mejor. A continuación, pude observar cómo ella le ofrecía aquel botón carnoso y rosado que emergía como un pequeño molusco de un montículo de arena.. Él empezó a estimularle el clítoris, primero con la punta de la lengua para acabar engullendo todo el conjunto. Julia, abrió sus muslos y la cabeza de mi Alfa se hundió en ellos. Introduje mi mano derecha por dentro de mis vaqueros – no cabía ninguna duda – yo también estaba mojando mis calzoncillos.

Mi excitación fue en aumento cuando Ales agarró las tetas de Julia y empezó a lamerle y mordisquearle los pezones. Al principio, ella le dejó hacer.. pero a los pocos segundos, le apartó la cabeza y continuó ella sola acariciando y estimulando sus pezones. Arrodillado y a horcajadas ante Julia, mi Alfa colocó su polla en el canalillo que formaban las dos hermosos pechos de ella. Desde mi escondite, mi deseo era un caballo desbocado:”Venga tía por favor.. junta tus tetas para que su polla se deslice entre ellas, vamos..y si incorporas un poco la cabeza puedes chupársela al mismo tiempo, venga, por lo que más quieras. Hazlo.”

Mi Alfa visiblemente excitado avanzó un poco de rodillas hacia ella y le volvió a ofrecer su hermosa verga con intención de follarle la boca. “Joder, tía, tienes sus huevos a dos centímetros de tu cara. Bésale los huevos, acarícialos… pasa tu lengua por ellos. Por favor te lo pido”. No sé por qué introduje de nuevo mi mano por dentro de los vaqueros para impregnarla con mi líquido preseminal y empezar a lamerlos; tenía necesidad de saborear algo, hambriento de excitación y deseo. ¿Cómo se puede estar ante la presecia de un macho Alfa y no desearle desesperadamente? para colmo de mi frustración, fui testigo de un gesto por parte de ella que me enfureció sobremanera: la polla de Ales estaba húmeda y del agujerito de su glande colgaba un hilo de fluido transparente. Ella, antes de metérsela en la boca,  le limpió el capullo con la mano desperdiciando aquel delicioso néctar que cubría la superficie de carnoso y apetitoso champiñón.. estuve a punto de gritar de rabia y darle una patada a la puerta de mi escondrijo.

Julia se puso a cuatro patas ofreciéndole el coño a Ales. Me excitó ver aquel culo voluminoso debajo del cual asomaba una vulva visiblemente excitada y húmeda. Mi Alfa refregó varias veces su  polla por la cavidad de entrada antes de penetrarla, le hizo curvar la espalda y levantar las caderas… comenzó a penetrarla poco a poco hasta que ví como el cipote de Ales se hundió por completo en el coño de Julia y, a continuación, sacarlo húmedo y palpitante de aquella hendidura. Me hubiese encantado que mi Alfa me hubiese tenido cerca y me ordenase imitarle..”fóllala ahora tú” Sí, yo deseaba hacer como él y follar a Julia pero teniéndole a él cerca, guiándome y yo obedeciéndole. Me moría de ganas por follar en esos momentos…

Siguió penetrándola durante unos segundos hasta que de repente se me heló la sangre cuando escuché..

– Javi, sal de ahí

Me tapé la cara muerto de vergüenza. Tras el frío inicial, la sangre me subió por oleadas  desde los pies hasta encender todo mi rostro.

– Venga, tío, que no pasa nada.. si Julia sabe que estabas ahí dentro. ¿Javí?

Abrí la puerta de golpe e intenté salir corriendo, pero Ales intuyendo cual iba a ser mi reacción me bloqueó la salida. Julia se unió a él

– No seas tonto, Javi… sólo queremos disfrutar y pasárnoslo bien los tres. Dame un beso.

Era ella quien ahora tomó la iniciativa

– ¿Me vas a negar un beso? anda ven….

DOS más UNO

A partir de ahora, me dirigiré a ellos como Ales y Julia. Les conocí aquella misma noche de mi primera cita con él, aquella noche de nuestro primer beso, de esto hace ya algunas semanas. Se lo comenté a los pocos días a un amigo bloguero: “intuyo que “aquella chica” y él, tienen o han tenido algo en el pasado.”

En los días y semanas siguientes – cuando nuestras obligaciones y estudios nos lo permitían – Ales y yo seguimos viéndonos en el café-bar El Plata. Siempre era yo quien llegaba primero para pillar una buena mesa junto a uno de los ventanales con vistas a Resolana  y, sobre todo, porque me encanta verle aparecer por la puerta y digirirse caminando hacia mí , ser yo quien le de la bienvenida con una acogedora sonrisa mientras trato de disimular como puedo el nerviosismo que me produce cada nueva cita con él. Dios mío, es tan guapo y atractivo.. pelo oscuro, ojos negros, piel olivácea, boca grande, y un cuerpo viril, sólido y bien formado. Es apenas cinco centímetros más alto que yo, la altura suficiente que me permite mirarle a los ojos y besarle antes de abandonarme por completo entre sus brazos.

No pasó mucho tiempo hasta que tuvo lugar nuestro primer encuentro sexual en el dúplex que comparte con otro compañero en una calle cercana a su facultad. Aquella tarde, al principio, los dos estábamos un tanto cortados; así que charlamos de varios temas hasta acabar hablando de mi blog que ya conocía; localizó el post que a su juicio más le había gustado y me pidió que se lo leyera en voz alta en el ordenador que había en su mesa de escritorio. Como desde el ángulo de la silla giratoria contigua a la suya no podía leer fácilmente el texto en la pantalla, me invitó a sentarme en su propio sillón haciéndome un hueco entre sus piernas… primero sentí su aliento en mi cuello, y poco después, cómo apoyaba cariñosamente la barbilla en mi hombro. Al notar el temblequeo de mi voz así como el del resto de mi cuerpo, me rodeó con sus brazos y colocó una mano en mi tetilla izquierda.

– ¿Y esto? se te va a salir el corazoncito por la boca.. ¿Tanto miedo te doy?

– No

– ¿Entonces?

– Siempre me pasa al principio, luego ya me tranquilizo.

Introdujo sus manos por debajo de mi camiseta hasta localizar mis pezones. Los estimuló con la punta de sus dedos como quien enrosca y desenrosca dos delicados tornillos… echó mi cabeza hacia atrás para mordisquearme el cuello. ¿Cómo es posible que sin apenas conocerme supiera tan certeramente lo que un Alfa debe hacerme para calentarme y sucumbir a él? su mano y brazo derecho de deslizaron por dentro de mis vaqueros, palpó mis nalgas, y a continuación, su dedo índice jugueteó con mi agujerito. El delicado mordisqueo en mi cuello y los pellizcos sobre mi pezón izquierdo, le hicieron comprobar lo siguiente: mi ojete se contraía y dilataba intermitentemente como el tilitar de una luciérnaga en la oscura noche del deseo.

– Ales, por favor… si sigues, me voy a correr.

– Date la vuelta entonces.

Giré el cuerpo y me coloqué frente a él sentado sobre sus muslos. Tras agarrar fuertemente mis caderas con sus manos, empezó a frotar su paquete en la base de mi culo… no tardé en notar su fuerte erección.

– Vas a poder correrte las veces que quieras, pero antes estoy deseando que pruebes el sabor de mi polla.

Cuando Ales me besa, abarca toda mi boca con sus labios, mordisquea los míos hasta arrancarme varios gemidos antes de introcudirme la lengua. Me acoplo perfectamente a su boca, me entrego a él ofreciéndole el bisel más terso y suave como me es posible. Le ofrezco mi vida en mis labios.. le recibo a modo de colibrí sobre la corola de mis pétalos.

– Besas de puta madre, puñetero. ¿Quién coño te ha enseñado a besar así?

Llevo muchos años deseando un momento como éste.. sentir sobre mi lengua cada uno de los nueve músculos de la suya, enroscarme, acanalarme, servir de suave receptáculo para su saliva y tragármela junto con su ardiente respiración.

A continuación, le desabotoné lentamente la camisa para ir poco a poco descubriendo un torso masculino y medianamente peludo. Apoyé por unos segundos la mejilla sobre esa almohada velluda y, acto seguido, siguiendo el sendero piloso de su abdomen semejante a una vereda de hierba me condujo desde el ombligo hasta acabar directamente en su entrepierna. Cuando le desabroché el cinturón y los vaqueros, percibí el aroma inconfundible que desprende el sexo de un hombre; hundí mi nariz a modo de proa de un barco en aquella vegetación húmeda y almizclada… al instante, tuve ante mis ojos un poderoso y grueso mástil. Arrié las velas, y la piel del prepucio dejó al descubierto un capullo húmedo y aterciopelado, turgente y deseoso de ser engullido. Pero primero quise lamerle los huevos, sostenerlos y sopesarlos con mi lengua. Eran grandes y pesados, se podían diferenciar perfectamente dentro de la bolsa del escroto.

– Chúpamelos, Javi. Me encanta que me coman los huevos.

Como buen pussyboy se cómo chupar, lamer, acariciar los huevos de un hombre, y engullir delicadamente uno a uno (incluso lo dos) en la cavidad de mi boca para así estimularlos con la punta de la lengua.

Le hice una buena mamada durante casi media hora; cada vez que estaba pronto a correrse, me detenía … quería prologar su placer el máximo posible.

Cuando su instinto de macho dominante le pidió pasar a la acción, me tendió sobre la mesa del escritorio, apartó el teclado y la pantalla del ordenador y  me bajó los vaqueros dejando mis nalgas al descubierto. Empecé a gemir cuando sentí sus mordiscos sobre ellas y cómo sus manos abrían los dos hemisferios de mi culo buscando mi rosado agujero.

– Abre las piernas y entrégame tu culo. Ábrete mucho más.

¿Cómo describir el golpeteo de su musculosa lengua sobre el anillo de mi ojete? ¿Qué decir de su saliva resbalando por el canal de mis glúteos para acabar goteando desde mis rubios testículos hasta suelo? Cuando sus manos volvieron a pellizcarme los pezones al tiempo que su lengua penetraba mi ojete, no pude más y me corrí.

Recogió la mayor parte de mi esperma y lubricó con él mi ojete introduciendo en él la mayor cantidad que pudo con sus dedos para lubricarme. Acto segudo, me penetró.

– ¿Te gusta que te muerdan el cuello mientras te follan, verdad?

– Sí…

– Mañana vas a tener el cuello cubierto de todas mis marcas y chupetones, te lo advierto.

– No me importa, me recordarán a ti.

Al poco tiempo sintió como ni ano-vagina empezó a producir contracciones.. estaba alcanzando mi segundo orgasmo.

Me siguió follando furiosa y salvajemente con fuertes embestidas, pero a diferencia de mis anteriores Alfas, noté para mi sorpresa que no me prohibía nada, no me obligaba tapar ni esconder mis genitales con mis manos.. por el contrario, intentaba acoplarse a mí, complementarme.

Me hizo girar el cuerpo, tenderme de espaldas sobre la mesa y tras flexionar las piernas y apoyar los pies en el tablero; en esa postura, mi ojete quedó expuesto y dilatado, del que brotaba un hilo de mi propio esperma.

Se arrodilló y empezó a lamer mis fluídos y a estimular de nuevo mi esfínter. Aquella lengua diabólicamente experta me me estaba matando de gusto.

– Ales, fóllame… no puedo más

– Pídemelo mirándome a los ojos.

– Por favor, tío..

– Por favor, qué?

– Por favor, fóllame.

– ¿Por qué debo follarte?

– Porque te deseo más que a nadie en el mundo, te necesito Ales… necesito sentirte dentro de mí.

Ahora podía ver sus ojos cuando hundió su polla en mí, cómo su vello púbico rozaba mis nalgas durante sus embestidas prococándome un delicioso cosquilleo.. me besaba  y abrazaba cuando intuía que lo necesitaba, nunca antes había experimentado algo tan gradioso: besar y abrazar a un Alfa al tiempo que su polla se hunde en mis adentros. Coloqué mis manos sobre mi sexo para ofrecerme a él como lo que soy: un pussyboy entregado por completo a su macho Alfa. Pero para mi sorpresa él me apartó las manos dejando al descubierto mi pene y testículos.

Comencé a cimbrearme, a mover las caderas, tensado y destensando, contrayendo y dilatando, concentrándome en el placer que poporcionan los músculos bien entrenados del suelo pélvico que todo buen pussyboy debe conocer…  el anillo de mi ojete a modo de código morse le transmitía cuanto le admiraba y deseaba a él como hombre.

No tardé en ver en su mirada la respuesta a mi deseo. No me preguntó si prefería que se corriese en mi cara o inside me… como buen Alfa supo lo que su pussyboy más deseaba en esos momentos.. descargó toda su leche en mí. Me encantó escucharle gemir y tensar sus músculos, participar de su instinto animal mientras vaciaba el contenido íntegro de sus testículos.

En cuando mis entrañas sintieron claramamente las descargas de su lefa, me dejé ir, me abandoné al goce extremo, a “la petite morte”. Por su parte, mantuvo su polla aún dura dentro de mí, así pudo sentir alrededor del eje de su cetro las palpitaciones de mi ojete durante los estertores de mi esperma todo el el tiempo que duró mi orgasmo.

– Impresionante chaval, echar un polvo contigo es una puta locura.

Al día siguiente de nuestro primer encuentro sexual, sobre todo, las horas siguientes que pasaron tras despedirnos, me resultaron insufribles, eternas. Me seguía sintiendo aún unido a él como si me hubiesen arrancado un órgano o algunas de mis vísceras. Mi cuerpo le echaba en falta, mis células hambrientas reclaman su alimento. No tardé en rayame: ¿Se habrá arrepentido? ¿se estará comiendo el coco y buscando una excusa a lo que pasó ayer? ¿Querrá borrar de su cabeza esa experiencia, tomarla como algo puntual y olvidarse cuanto antes?… por fin recibí un whatsapp suyo

– “Lo de ayer fue brutal. Me pude hacer una idea, imaginar algo, pero está claro que me quedé muy corto. Te lo repito: fué brutal, una auténtica pasada.

Seguimos guasapeando durante casi dos horas y como empezamos a calentarnos, continuamos por teléfono hasta el punto que  hizo que corriera… a los pocos segundos, lo hizo él.

Dos días después, ya estábamos follando de nuevo en su habitación, yendo y viniendo con mi bici para verle aunque fuese para tomar un café, y el whatsapp ardiendo a todas horas.

Pero pronto recibí una sorpresa por parte de él: me envió un vídeo.

En él se veía a un tío follando con una chica.