DOS más UNO

A partir de ahora, me dirigiré a ellos como Ales y Julia. Les conocí aquella misma noche de mi primera cita con él, aquella noche de nuestro primer beso, de esto hace ya algunas semanas. Se lo comenté a los pocos días a un amigo bloguero: “intuyo que “aquella chica” y él, tienen o han tenido algo en el pasado.”

En los días y semanas siguientes – cuando nuestras obligaciones y estudios nos lo permitían – Ales y yo seguimos viéndonos en el café-bar El Plata. Siempre era yo quien llegaba primero para pillar una buena mesa junto a uno de los ventanales con vistas a Resolana  y, sobre todo, porque me encanta verle aparecer por la puerta y digirirse caminando hacia mí , ser yo quien le de la bienvenida con una acogedora sonrisa mientras trato de disimular como puedo el nerviosismo que me produce cada nueva cita con él. Dios mío, es tan guapo y atractivo.. pelo oscuro, ojos negros, piel olivácea, boca grande, y un cuerpo viril, sólido y bien formado. Es apenas cinco centímetros más alto que yo, la altura suficiente que me permite mirarle a los ojos y besarle antes de abandonarme por completo entre sus brazos.

No pasó mucho tiempo hasta que tuvo lugar nuestro primer encuentro sexual en el dúplex que comparte con otro compañero en una calle cercana a su facultad. Aquella tarde, al principio, los dos estábamos un tanto cortados; así que charlamos de varios temas hasta acabar hablando de mi blog que ya conocía; localizó el post que a su juicio más le había gustado y me pidió que se lo leyera en voz alta en el ordenador que había en su mesa de escritorio. Como desde el ángulo de la silla giratoria contigua a la suya no podía leer fácilmente el texto en la pantalla, me invitó a sentarme en su propio sillón haciéndome un hueco entre sus piernas… primero sentí su aliento en mi cuello, y poco después, cómo apoyaba cariñosamente la barbilla en mi hombro. Al notar el temblequeo de mi voz así como el del resto de mi cuerpo, me rodeó con sus brazos y colocó una mano en mi tetilla izquierda.

– ¿Y esto? se te va a salir el corazoncito por la boca.. ¿Tanto miedo te doy?

– No

– ¿Entonces?

– Siempre me pasa al principio, luego ya me tranquilizo.

Introdujo sus manos por debajo de mi camiseta hasta localizar mis pezones. Los estimuló con la punta de sus dedos como quien enrosca y desenrosca dos delicados tornillos… echó mi cabeza hacia atrás para mordisquearme el cuello. ¿Cómo es posible que sin apenas conocerme supiera tan certeramente lo que un Alfa debe hacerme para calentarme y sucumbir a él? su mano y brazo derecho de deslizaron por dentro de mis vaqueros, palpó mis nalgas, y a continuación, su dedo índice jugueteó con mi agujerito. El delicado mordisqueo en mi cuello y los pellizcos sobre mi pezón izquierdo, le hicieron comprobar lo siguiente: mi ojete se contraía y dilataba intermitentemente como el tilitar de una luciérnaga en la oscura noche del deseo.

– Ales, por favor… si sigues, me voy a correr.

– Date la vuelta entonces.

Giré el cuerpo y me coloqué frente a él sentado sobre sus muslos. Tras agarrar fuertemente mis caderas con sus manos, empezó a frotar su paquete en la base de mi culo… no tardé en notar su fuerte erección.

– Vas a poder correrte las veces que quieras, pero antes estoy deseando que pruebes el sabor de mi polla.

Cuando Ales me besa, abarca toda mi boca con sus labios, mordisquea los míos hasta arrancarme varios gemidos antes de introcudirme la lengua. Me acoplo perfectamente a su boca, me entrego a él ofreciéndole el bisel más terso y suave como me es posible. Le ofrezco mi vida en mis labios.. le recibo a modo de colibrí sobre la corola de mis pétalos.

– Besas de puta madre, puñetero. ¿Quién coño te ha enseñado a besar así?

Llevo muchos años deseando un momento como éste.. sentir sobre mi lengua cada uno de los nueve músculos de la suya, enroscarme, acanalarme, servir de suave receptáculo para su saliva y tragármela junto con su ardiente respiración.

A continuación, le desabotoné lentamente la camisa para ir poco a poco descubriendo un torso masculino y medianamente peludo. Apoyé por unos segundos la mejilla sobre esa almohada velluda y, acto seguido, siguiendo el sendero piloso de su abdomen semejante a una vereda de hierba me condujo desde el ombligo hasta acabar directamente en su entrepierna. Cuando le desabroché el cinturón y los vaqueros, percibí el aroma inconfundible que desprende el sexo de un hombre; hundí mi nariz a modo de proa de un barco en aquella vegetación húmeda y almizclada… al instante, tuve ante mis ojos un poderoso y grueso mástil. Arrié las velas, y la piel del prepucio dejó al descubierto un capullo húmedo y aterciopelado, turgente y deseoso de ser engullido. Pero primero quise lamerle los huevos, sostenerlos y sopesarlos con mi lengua. Eran grandes y pesados, se podían diferenciar perfectamente dentro de la bolsa del escroto.

– Chúpamelos, Javi. Me encanta que me coman los huevos.

Como buen pussyboy se cómo chupar, lamer, acariciar los huevos de un hombre, y engullir delicadamente uno a uno (incluso lo dos) en la cavidad de mi boca para así estimularlos con la punta de la lengua.

Le hice una buena mamada durante casi media hora; cada vez que estaba pronto a correrse, me detenía … quería prologar su placer el máximo posible.

Cuando su instinto de macho dominante le pidió pasar a la acción, me tendió sobre la mesa del escritorio, apartó el teclado y la pantalla del ordenador y  me bajó los vaqueros dejando mis nalgas al descubierto. Empecé a gemir cuando sentí sus mordiscos sobre ellas y cómo sus manos abrían los dos hemisferios de mi culo buscando mi rosado agujero.

– Abre las piernas y entrégame tu culo. Ábrete mucho más.

¿Cómo describir el golpeteo de su musculosa lengua sobre el anillo de mi ojete? ¿Qué decir de su saliva resbalando por el canal de mis glúteos para acabar goteando desde mis rubios testículos hasta suelo? Cuando sus manos volvieron a pellizcarme los pezones al tiempo que su lengua penetraba mi ojete, no pude más y me corrí.

Recogió la mayor parte de mi esperma y lubricó con él mi ojete introduciendo en él la mayor cantidad que pudo con sus dedos para lubricarme. Acto segudo, me penetró.

– ¿Te gusta que te muerdan el cuello mientras te follan, verdad?

– Sí…

– Mañana vas a tener el cuello cubierto de todas mis marcas y chupetones, te lo advierto.

– No me importa, me recordarán a ti.

Al poco tiempo sintió como ni ano-vagina empezó a producir contracciones.. estaba alcanzando mi segundo orgasmo.

Me siguió follando furiosa y salvajemente con fuertes embestidas, pero a diferencia de mis anteriores Alfas, noté para mi sorpresa que no me prohibía nada, no me obligaba tapar ni esconder mis genitales con mis manos.. por el contrario, intentaba acoplarse a mí, complementarme.

Me hizo girar el cuerpo, tenderme de espaldas sobre la mesa y tras flexionar las piernas y apoyar los pies en el tablero; en esa postura, mi ojete quedó expuesto y dilatado, del que brotaba un hilo de mi propio esperma.

Se arrodilló y empezó a lamer mis fluídos y a estimular de nuevo mi esfínter. Aquella lengua diabólicamente experta me me estaba matando de gusto.

– Ales, fóllame… no puedo más

– Pídemelo mirándome a los ojos.

– Por favor, tío..

– Por favor, qué?

– Por favor, fóllame.

– ¿Por qué debo follarte?

– Porque te deseo más que a nadie en el mundo, te necesito Ales… necesito sentirte dentro de mí.

Ahora podía ver sus ojos cuando hundió su polla en mí, cómo su vello púbico rozaba mis nalgas durante sus embestidas prococándome un delicioso cosquilleo.. me besaba  y abrazaba cuando intuía que lo necesitaba, nunca antes había experimentado algo tan gradioso: besar y abrazar a un Alfa al tiempo que su polla se hunde en mis adentros. Coloqué mis manos sobre mi sexo para ofrecerme a él como lo que soy: un pussyboy entregado por completo a su macho Alfa. Pero para mi sorpresa él me apartó las manos dejando al descubierto mi pene y testículos.

Comencé a cimbrearme, a mover las caderas, tensado y destensando, contrayendo y dilatando, concentrándome en el placer que poporcionan los músculos bien entrenados del suelo pélvico que todo buen pussyboy debe conocer…  el anillo de mi ojete a modo de código morse le transmitía cuanto le admiraba y deseaba a él como hombre.

No tardé en ver en su mirada la respuesta a mi deseo. No me preguntó si prefería que se corriese en mi cara o inside me… como buen Alfa supo lo que su pussyboy más deseaba en esos momentos.. descargó toda su leche en mí. Me encantó escucharle gemir y tensar sus músculos, participar de su instinto animal mientras vaciaba el contenido íntegro de sus testículos.

En cuando mis entrañas sintieron claramamente las descargas de su lefa, me dejé ir, me abandoné al goce extremo, a “la petite morte”. Por su parte, mantuvo su polla aún dura dentro de mí, así pudo sentir alrededor del eje de su cetro las palpitaciones de mi ojete durante los estertores de mi esperma todo el el tiempo que duró mi orgasmo.

– Impresionante chaval, echar un polvo contigo es una puta locura.

Al día siguiente de nuestro primer encuentro sexual, sobre todo, las horas siguientes que pasaron tras despedirnos, me resultaron insufribles, eternas. Me seguía sintiendo aún unido a él como si me hubiesen arrancado un órgano o algunas de mis vísceras. Mi cuerpo le echaba en falta, mis células hambrientas reclaman su alimento. No tardé en rayame: ¿Se habrá arrepentido? ¿se estará comiendo el coco y buscando una excusa a lo que pasó ayer? ¿Querrá borrar de su cabeza esa experiencia, tomarla como algo puntual y olvidarse cuanto antes?… por fin recibí un whatsapp suyo

– “Lo de ayer fue brutal. Me pude hacer una idea, imaginar algo, pero está claro que me quedé muy corto. Te lo repito: fué brutal, una auténtica pasada.

Seguimos guasapeando durante casi dos horas y como empezamos a calentarnos, continuamos por teléfono hasta el punto que  hizo que corriera… a los pocos segundos, lo hizo él.

Dos días después, ya estábamos follando de nuevo en su habitación, yendo y viniendo con mi bici para verle aunque fuese para tomar un café, y el whatsapp ardiendo a todas horas.

Pero pronto recibí una sorpresa por parte de él: me envió un vídeo.

En él se veía a un tío follando con una chica.

A PECHO DESCUBIERTO

Es una de las zonas más hipersensibles y erógenas de mi cuerpo, y lo han sido desde mi temprano despetar sexual cuando aún era muy niño: ese par de botoncitos rosados que se excitan, se vuelven turgentes  y aumentan de tamaño con el más leve roce, con la simple fricción que producen el viento y la velocidad en mi camiseta de algodón cuando voy en bici.

Es algo que siempre me ha acomplejado y causado muchos quebraderos de cabeza porque como ya os he contado en repetidas ocasiones, soy un acérrimo admirador de todo lo relacionado con lo masculino.. me encanta practicar deporte, competir, la testosterona con la que el Alfa impregna su territorio. No me atrae lo refinado y relamido, ni tampoco me siento cómodo en locales y sitios de ese estilo; disfruto mil veces más de la compañía de mis colegas y amiga Marga en una botellona tumbados en el césped o sentados en un banco, que acudir regularmente a las discos y lugares del postureo.

Pero volvamos a mis nipples, a mis tetillas.. no es que por su tamaño o morfología difieran en nada de los de un chico de mi edad (quizá por ser de piel blanca, rubio y no tener vello corporal parezcan más rosados y sensibles que los del resto), sino más bien por lo extremadamente sensibles que son y lo rápido que se excitan ante cualquier estímulo. Cuando se lo confesé a Marga me dijo que podría deberse a  un desarreglo hormonal, que mi cuerpo podría producir más estrógenos de lo normal. ¿Producir yo estrógenos sin tener ovarios? me asusté y no tardé en acudir a mi médico de familia que tras una completa analítica, me dijo que no debía preocuparme porque mi índice de estrógenos era incluso inferior de la media. Le confesé que mi desarrollo físico y genital fué muy tardío respecto a mis compañeros de infancia (no se produjo hasta los 14 años), pero me volvió a tranquilizar diciéndome que eso no tenía nada que ver, que algunos chicos se desarrollan antes que otros.

Hace unos días, Julia, sin mala intención, reavivó mi inquietud diciéndome: “me impresionó lo tuyo. Nunca imaginé que un chico pudiese alcanzar un orgasmo pellizcándole y mordisqueándole los pezones. Me llamó mucho la atención, fue muy bonito.”

– ¿A ti no te pasa? ¿no te ha pasado nunca? le pregunté.

– A ver, me gusta y siento placer cuando me acarician los pechos y los pezones, pero muy al contrario de lo que muchos tíos creen, a nosotras no nos gusta que nos manoseen las tetas ni aprieten con fuerza, y menos aún los pezones. Lo tuyo me resulta muy curioso porque se sale de lo normal.

Tragué saliva y no supe qué responderle. Cuando oyes la temida e hiriente frase de “se sale de lo normal”, y cuando es una chica quien te lo dice (me sorprendió mi orgullo machista ofendido) reconozco que me rayó bastante. Cuando se lo comenté a mi actual Alfa que es médico y estudia un postgrado de psiquiatría, lo primero que me dijo fue que Julia es bastante “cabrona” (ese fue el término que empleó) y, después, me tranquilizó diciendo que el área de los pezones  resulta igual de placentera en los hombres, pero la manera de procesar el estimulo sexual por prejuicios, educación, por tenerlos cubiertos en mayor o menos cantidad de vello.. es lo que establece esa diferencia. O simplemente, que la mayoría de los hombres se niegan a admitirlo.

– ¿A ti te pasa?

– ¿El qué? ¿que si me gusta que me acaricien esa zona? hombre, si es una boquita como la tuya y alguien tan tierno como tú jajjajjajj… en serio, me da cierto gustito pero no me erotiza especialmente. Prefiero ser yo el que chupetee y mordisquee esa zona.

¿Donde ves el problema en tu caso? lo único que te pasa es que las células de tus areolas las tienes ultrasensibles, no hay nada

de raro ni extraño en ello. A mí me pone muchísimo que te pase eso. ¿Acaso ahora no eres mi pussyboy?

Lo doloroso y oscuro también tiene que ver con el placer y la satisfacción, sólo los que nos atrevemos a cruzar la puerta de la sumisión lo sabemos bien. No, de nada sirve que expliquemos nuestro estado a los demás porque no lo van a entender (quizá sea mejor y más sano que no lo comprendan). La realidad en la que vive un sumiso está inmersa en el subconsciente – es su realidad sexual – y el nudo, su principal nudo, es el deseo de servir al macho dominante. El encuentro entre el Alfa y su esclavo escapa del todo de la sexualidad animal que sólo existe para la reproducción. Al sumiso le puede el erotismo (la sola presencia de su macho dominante es suficiente para hacerle temblar de excitación), un erotismo que tampoco se cimienta en la pura sexualidad ni en su finalidad biológica reproductiva. Para nosotros los esclavos, el dolor, el dolor de desear tanto al hombre,es una de las pasiones más intensas, aunque nuestros cuerpos y nosotros mismos como sumisos – en la mayoría de los casos – no  representemos para el Alfa el único sentido que tenemos para ellos: el valor erótico de un objeto.Esto era lo que pensaba meses atrás, ahora es cierto que algo está cambiando.

Cada parte de mi cuerpo azotado, cada músculo o miembro que me dolía, se conviertía para mí en un órgano sexual que me une aún más al Alfa. Había una convulsión de la carne en mi entrega al macho, y cuando el grado de dolor excedía los límites de lo soportable me dejaba llevar por una especie de danza cuyo ritmo era el desfallecimiento. Mis zonas erógenas que son muchas a causa de la continua sobreexcitación de mis sentidos son fuentes inagotables de dolor y placer. Ahora estoy descubriendo que un Alfa puede ser igual de dominante y posesivo utilizando la mirada y su cerebro, las palabras y su respiración al igual que un buen pianista sabe producir diferentes melodías según la firmeza, ritmo, y delicadeza de sus dedos. Él  tiene el poder, un poder que también le erotiza porque aumenta su masculinidad al máximo. Me estoy conviertiendo en un objeto de su creación producto de la mayor y más hermosas de sus fecundaciones: su cerebro igual de excitante que su polla,  aunque su esperma sea el único que salga a la luz, la única leche que resbale por mi piel e inunde mi boca y entrañas.

No sabría, no podría separar el amor del erotismo, el erotismo del placer, y el placer de la entrega absoluta en lo sexual. Para mí es algo sagrado, un sacramento. Me estoy conviertiendo para él en alguien que representa una sexualidad más amplia, intensa y variada – él lo sabía, por eso vino a buscarme -, y por eso viaja conmigo hacia unos límites insospechados que antes de conocerme jamás pudo imaginar. Estando ahora con él puedo verbalizarlo, me ayuda a verbalizarlo. Y si me siento motivado, es porque ahora tengo motivos para estarlo.

LO QUE ME PONE 3 (guerreros)

Todos encontramos motivos y ocasiones para rechazar y resistirnos a otra persona. A todos nos gusta dar batalla contra cualquiera que pasa frente a nosotros, nos reta o nos corta los caminos.

Pero me he dado cuenta de que cuando me opongo a algo o a alguien ya sea mental o físicamente, sólo estoy autorizando y dándole poder al objeto o al sujeto de mi propia resistencia. Es decir, me estoy oponiendo a mí mismo.

¿Luchar contra un dios, contra un Alfa? ¿Por qué motivo y para qué vencerle? Si de verdad quiero disfrutar de mi capacidad de sumisión y entrega, de su poder de influencia, debo comenzar siempre por la aceptación.: “No soy un ser débil, pero tú eres más fuerte”. Pero ya veremos cuando me adiestre y entrene contigo qué pasa.

 Como pussyboy he aprendido algo muy interesante: Si de verdad quieres desarmar al otro, acéptalo. Pero yo nunca lo haría en condicional, no pondría condiciones, no haría trampas ni le exigiría nada. El hombre que amo y admiro, es el hombre libre, inconformista, y que pone en entredicho todas las convicciones. De lo contrario, sólo sería por mi parte una resistencia disfrazada de aceptación porque estaría tratando todavía de controlarlo.

                            

Juntos, el Alfa y yo adiestrándonos en la batalla, nos haremos mejores y más fuertes sin necesidad de pisar cabezas ni ir contra nadie. No hay necesidad de controlarle, además, todos podemos oler a un controlador… ¿Acaso tú no puedes?

Cuando he luchado con mi Alfa (jugando, divirtiéndonos, calentándonos) he comprobado su necesidad innata por dominar, su deseo de liderazgo; es el poder en estado puro lo que le excita y embriaga (puedo notar claramente su erección) y es la propia adrenalina la que le hace eyacular involuntariamente en el fragor de la batalla, ya sea en el ring o en mi compañía.

En la mente de las personas sanas hay una línea que sabe distinguir entre “deseo” y “necesidad”. Un deso es algo que “me gustaría” ver cumplido pero que “no necesito”. En cambio, una necesidad es algo sin la cual no puedo vivir. Yo necesito estar junto a un Alfa.

                                                                         
 

     

HABLA CON ÉL

Basta con preguntarle a cualquier verdadero pussyboy acerca de su admiración al Alfa y te responderá: Hay chicos nacidos para chupar pollas, y chicos nacidos para dominar a los primeros sabiendo cómo utilizar su herramienta.  Es algo así de claro y sencillo, y así de natural. Sin embargo, un buen pussyboy hijo de puta no se limita sólo a chupar la polla de sus Alfas, sino que es una relación simbiótica donde ambos buscan la paz, y su verdadero propósito: el máximo de placer al margen de todas las convenciones y comportamientos sociales aprendidos y/o inculcados. Un buen tragón (cocksucker) como yo, hace mucho más que simplemente conseguir a un tío,  un pyssyboy adora la masculinidad de su protector y sabe valorar el inmenso privilegio que supone que su Alfa le permita alimentarse de su verga. Cuanto más se entrega a él, más hambriento se vuelve y mejor va a realizar su trabajo dedicándose exclusivamente al placer total de su amo.

Así pues, amado Alfa, ya que tu pussyboy hace lo imposible por complacerte, sé comprensivo y generoso con tu gatito y dale las gracias por ese privilegio que te supone también a ti ser tan bien servido y atendido. Una buena tragona como yo hace de la  polla de su hombre el centro de su mundo mientras está de rodillas ante su dueño. Por lo tanto, aléntalo verbalmente mientras está utilizando su boca para darte el máximo placer. Habla de tu polla y que él te escuche. Hazle saber  lo bien que se siente un tío cuando está siendo bien atendido. Deja que sus oídos se hagan eco de lo mucho que te gusta tu pene, la mayoría de los hombres les encanta hablar de su valioso miembro. Pregúntale si tiene buen sabor y qué se siente entrando y saliendo de su boca. Oblígale a que te diga lo hermosa que le resulta tu cipote y lo mucho que lo quiere. Ni te imaginas cuanto ama tu polla. Juega con tu gatito, hazle rabiar quitándole el biberón de su boca, ya verás como suplica hambriento y va tras de ti desesperado y con lágrimas. Yo he llorado de desesperación, no me avergüenza reconocerlo.

Si no sabe mamártela bien díselo, pero si está haciendo un buen trabajo comunícaselo también. Es importante darle instrucciones verbales y comentarios. acerca de cómo utilizar sus labios, lengua, mejillas y garganta, cómo cuidar y tratar  tu nabo con el más valioso de los tesoros. A veces un pequeño golpe en la cara es todo lo que se necesita para centrar su atención. Deja que practique y consiga buenos resultados en ello , o simplemente agarra su cabeza y muévela de la forma que desees; rápido o lento, sólo la cabeza de tu cipote o todo el camino que va desde el tallo hasta la bolsa que contiene tus hermosos cojones. Bombea dentro de su garganta de cualquier forma que quieras y desees, no te preocupes por si se cansa o no, él realmente lo único que quiere es complacerte.

No sois amigos, no sois iguales… La naturaleza establece siempre una jerarquía. Tú eres un hombre Alfa. Él es un tragón hijo de puta. Los dos tenéis vuestros roles y vuestros puestos de trabajo en busca del placer. Puedes ser más firme o más suave, más dominante o más comprensivo con tu pussyboy, pero en cualquier caso, manténlo concentrado en tu polla y en tu placer. Disfruta con el brillo de tu poder como macho dominante mientras él se baña en la gloria de tu virilidad. No te preocupes pensando si tu tragón espera tener relaciones sexuales ‘mutuas’ contigo. Los auténticos Cocksuckers están recibiendo exactamente lo que quieren cuando te están adorando, independientemente de si te los follas o no.. sólo quieren ser utilizados, hacer todo lo posible para proporcionarte placer, adorar  tu polla, y enaltecer tu masculinidad.

Por eso te pido que seas agradecido con tu gatito, eres el hombre al que realmente admira y venera como líder. ¿No ves el hambre y la gratitud en sus ojos, entre gemido y gemido, perdido en la adulación ciega y la sumisión? todo ello amplifica tu poder y refuerza tu dominio sobre él. Oblígale a que te diga a quien sirve y reconoce como único amo, mírale directamente a los ojos hasta que diga: eres tú. Haz que se use tu nombre con verdadero respeto o simplemente que te llame “Amo” o “Papi”.

A la mayoría de los hombres os encanta dominar, y puedo asegurar que pocas cosas os hacen sentir más dominantes que la gratificación sexual que sentís con vuestra polla en la boca de un/a Tragón/a. Así que tómate tu tiempo para extraer cada bit de placer de su servicio. Debe ser una aventura. Prueba todas las posiciones imaginables. Yo he adorado la polla de mi Alfa literalmente durante varias horas seguidas. Es jodidamente increíble!

Cuando estés a punto del orgasmo, retrásalo todo lo que puedas.. deja que se impregne todo tu cuerpo desde tu cabeza a los pies del inmimente gozo sexual, que se acumule y disperse por todos tus órganos antes de correrte. La mayoría de los hombres se ponen un poco tensos y ansiosos cuando esto sucede. Flexiona tus músculos poderosos, empuja tus caderas masculinas hacia adelante orgulloso de tu polla, y siente tu corazón latiendo con la fuerza de cien caballos.

Cuando finalmente te corras, que sea el mejor y más potente orgasmo que has tenido nunca y bombea hasta la última gota de tu semilla. Haz que dure lo máximo posible. Cuando pienses que tus pelotas están  completamente drenadas, te aseguro que puedes correrte un poco más! Da todo lo que tienes! Debes sentirte completamente vaciado cuando termines. Tu pussyboy estará absolutamente extasiado con el esplendor masculino que derrocha todo tu ser. Tu semen es simbólico y precioso para él, por eso le resulta tan codicioso

Asegúrate de que tu gatito lleva algo de tu semen en su cara con orgullo,; mírale a los ojos y disfruta con esa sonrisa de satisfacción plena que te dedica y oblígale a que se trague y saboree cada gota de tu néctar. Si  no lo hace de forma automática, enséñale. Si quedan rastros de tu esperma por el suelo, en su cuerpo o en la ropa, haz que lo lama  con respeto y devoción. Un auténtico Alfa pronto se da cuenta que  puede conseguir una buena tragona para servirle de cualquier forma que desee y sin demasiado esfuerzo. Los Cocksuckers esperan y desean ser utilizados de esta manera. Ellos sólo quieren hacerte la vida lo mejor posible. Es por esto que los alfas me han buscado y usado. Es simplemente el orden natural de las cosas.

FASE LACTANTE

Fotografía y texto reblogueados de:  http://germanayax.blogspot.com.es/2015/12/fase-lactante.html?zx=618b9fff2541625c

mysamamantarcachorro

Desde su iniciación y hasta el primer mes más o menos, lo ideal es que el cachorro se alimente de la leche del Amo.Se trata de la llamada fase de lactante.
Además, tomar la leche de su Dueño le ayudará en un futuro en temas de relaciones sociales, ya que el primer vínculo social de un perro se establece con su Amo.
El tipo de leche que consumimos los humanos no es válida para un cachorro, como tampoco es válido cualquier tipo de biberón.
Tanto uno como otro deben ser específicos para cada cachorro.
Por suerte, ambas cosas las posee su Señor.
Señor Germán

MI RAZÓN DE SER: I am a very horny pussyboy

La locución me salió bastante mal porque la grabé con el móvil, y luego no había manera de hacer coincidir los clips de audio.

 

Ya escribí en otra ocasión y quisiera insistir en ello: todo lo que aquí narro no es producto de mi imaginación ni un mero desahogo de fantasías sexuales que pudiese tener. Obviamente, al relatar los diferentes episodios vividos se esilizan y depuran un poco (tampoco tengo pretensiones literarias) prestando un mínimo de atención a la gramática y sintaxis, pero son vivencias reales que tuvieron lugar a la temprana edad de mis doce años con un chico cuatro años mayor que yo. No decidí convertirme en el esclavo sumiso que soy ahora por capricho; tampoco decidí mi destino, sino que otros episodios que sufrí cuando era aún más niño, fueron los que determinaron y marcaron mi vida para siempre. No voy a analizar ni a profundizar en aspectos psicológicos (ya he pasado por varias terapias y continúo aún) sobre este tema porque no es el objetivo de este blog. Escribo lo que siento, porque de este modo disminuyo mi fiebre de sentir, sin más.

No es nada fácil expresar lo que un subordinado como yo siente por un macho alpha, esa veneración absoluta que llega a anular mi mente y voluntad por completo. En manos de mi verdugo me convierto en una especie de interruptor eléctrico. Me enciendo a golpes. Él hace que obtenga placer como quien enciende la luz de una bombilla: me azota para que me lance, para que me detenga, para que vaya más rápido, más suave, más lento, más prieto…

No, no es fácil describir la mirada de súplica que un esclavo le dedica a su macho convirtiéndolo en el hombre más poderoso y dominante de la tierra. A los ojos del subordinado, su amo es el hombre más hermoso que pueda existir, el dios supremo al que entrega su vida. Ante su presencia y a cuatro patas, mis manos sólo sirven para sostenerme o caminar como un perro ante mi dueño. Sin piedad, como un buen semental que cubre y preña a su hembra, siento como me la clava hasta lo más profundo mientras oigo como golpetean sus huevos en mi agujero. Al principio el dolor es inmenso, insoportable mientras me invade, me revienta, me anula hasta rendirme por entero a sus feroces embestidas. Oigo como mi dios crece en autoridad y dominio, escucho su respiración amplia y poderosa propia de un macho alpha que da rienda suelta a su masculinidad. Los azotes que recibo en la cabeza y nalgas me calientan y relajan, hacen que arquee la espalda y le ofrezca mi culo como el más hermoso sacrificio de amor que una perra pueda entregar a su amo. Siento el gotear de su saliva desde lo alto y resbalar por el canal de mis nalgas hasta llegar a mi ardiente agujero, lo refresca, lo lubrica.. él sigue azotándome y clavándome los dedos como si fueran mordiscos sobre la superficie temblorosa de mi trasero ya lubricado y receptivo. Noto su grueso capullo abriéndose paso, partiéndome en dos, hasta invadir esa zona interna de mis entrañas (la próstata) que provoca en mí un placer tan intenso y cercano al orgasmo que hace que derrame líquido preseminal continuamente. Soy una puta que chorrea de gusto ante su amo. Se lo digo, se lo hago saber, gimo de dolor y de placer sin poder distinguir donde empieza uno y acaba el otro, o viceversa.

Entonces, cuando mi macho alpha está cerca de correrse y su excitación va llegando al grado máximo se tiende sobre mi espalda, me embiste con más fuerza y mayor ritmo, pellizca duramente mis pezones con sus manos al tiempo que me clava los dientes en el cuello. Sus embestidas ahora son salvajes y brutales, necesito gritar, pero él me tapa la boca hasta llevarme  casi a la asfixia… nota los estertores de mi agonía, con la cara roja por la falta de aire estoy a punto de perder el conocimiento. Ahora, su posesión es total, mi entrega máxima.

He aprendido a dilatar y contraer el esfínter  como si fuera mi boca al hacer una mamada o como los músculos vaginales de una buena zorra. Muevo las caderas, me arqueo, me retuerzo, hago vibrar rítmicamente los dos hemisferios de mis nalgas.. escucho la respiración agitada de mi macho en el cuello, me tiene estrangulado con uno de sus brazos, ¡Sé que va a correrse! y entonces abro aun más los muslos, me dilato todo lo que puedo hasta recibir ese surtidor de leche caliente que invade mis adentros. Mi orgasmo comienza primero en el interior sintiendo plenamente su semen cuando se vacia en mí, y luego con sólo moverme un poco comienzo a correrme sin necesidad de tocarme ni pajearme, sólo dando rienda suelta a toda la tensión acumulada y el goce enorme que me provoca su lechada.

Continúa por unos segundos tendido sobre mi espalda recuperando el aliento con la polla aún dentro de mí.. Luego se retira y me abre por completo las nalgas. Mi agujero está ardiendo y dolorido. Me hace arquear la espalda para separar las dos mitades de mi culo, un hilo de su esperma brota de mi agujero y se desliza hacia mis testículos. A él le gusta verme así, lleno de su leche… con la punta de su polla aún en erección recoge los restos de su espema y los introduce de nuevo en mi agujero.

JEU à Deux “sweet and wet pants”(Koldo.IN & YO)

En esta ocasión, nuevamente colaboramos Koldo.IN y yo imaginándonos en una situación diferente. Obviamente ya tenemos mayor sintonía entre ambos y nos resulta más fácil interactuar entre nosotros. Al igual que la vez anterior, la idea la construimos conjuntamente y yo me he encargado de hacer las costuras y arreglos para darle cuerpo al asunto.

Estoy atravesando estos últimos días un estado de ánimo muy especial, así que tuve mis dudas y reticencias a la hora de subir este post que ya teníamos en construcción Koldo y yo antes de mi nuevo encuentro… así que no quería por nada del mundo faltar a mi compromiso con Koldo.

Hacía pocas horas que regresé de currar del taller de mi padre y estaba medio adormilado en el sofá viendo un documental de Discovery channel, cuando oí un golpe en la puerta del salón:

– ¿Sí?, Pregunté, sin apartar los ojos de la pantalla por un segundo. 

Él asomó la cabecita pero sin atreverse a abrir la puerta del todo; me encanta cuando veo esa mirada tímida en su rostro. 

– Koldo, Marga me ha enviado un whatsap y .. bueno, está en la cafetería con unos compañeros..puedo..

Tartamudeaba y no se atrevía a dar su opinión. Le miré con cara de enfado.

– ¿Qué coño quieres, Javi? Abre esa maldita puerta cuando hables conmigo.

Apareció desnudo en el umbral del marco con el pelo aún húmedo tras salir de la ducha, al tiempo que un haz de luz solar que entraba en oblicuo desde la terraza, proporcionaba un precioso tono rojo dorado sobre en su escaso vello púbico… parecía una pequeña llama ardiendo entre aquellos muslos tan blancos y bien torneados. Me excita verle tan indefenso. Trató torpemente de cubrir sus pelotas con su manos, pero pronto se dió cuenta de que no tenía ningún sentido. Habitualmente lo tengo todo el día desnudo por el apartamento porque además de disfrutar mirándole, me gusta tocarle y comprobar si está receptivo. Me pone a mil el sabor de sus pezoncitos rosados y un poco en punta; cuando se los chupeteo y morisdisqueo un poco, tengo la sensación que de un momento a otro va a brotar de ellos unas gotitas de néctar blanco.

– Es que me han dicho que si puedo bajar a tomar un café con ellos y luego darnos una vuelta. Y yo, yo he..

No le dejé acabar.

-¿Te he dado permiso para salir? ¿Me has pedido permiso acaso?

– No. Es que yo tampoco lo sabía, Koldo. Te lo prometo, no lo sabía..Me han avisado ahora..

– Tú estás viviendo en “mi” apartamento. No pagas  alquiler ni los recibos de la luz , ni el gas, ni ningún otro. Esto no es un puto hotel ¿me oyes? ¿Qué carajo te hizo pensar que puedes entrar y salir cuando quieras? 

– Perdóname, por favor.. no te enfades conmigo. Te lo suplico…

– Aquí el único que tiene llave del apartamento soy yo, porque soy el único dueño de ti y del apartamento. Tú no. Y tienes el descaro de decirme que quieres salir con tus amiguitos para acabar en un puta botellona bebiendo como un cosaco, refregándote con todos los tíos que puedas para luego regresar a las tantas de la madrugada y despertarme para abrirte la puerta. ¿Eso es lo que quieres, no?

Agachó la cabecita y unos mechones húmedos le cubrieron los ojos. No se atrevía a hacer ningún comentario.

-¿Recuerdas lo que te dije cuando decidí te podías quedar aquí?”, Le pregunté. 

– Sí

Sí qué

– Que sí lo recuerdo, Amo. Respondió tartamudeando

¿Tú eres un puto esclavo sí o no?”, Le levanté la voz. 

– Sí, sí lo soy, soy tu pussyboy.

Bueno. Pues ve al dormitorio y tráeme los vaqueros blancos que te compré.

Jajajjaja.. me río porque Javi odia esos pantalones, no le gustan nada los vaqueros blancos, pero a mí me encanta como le quedan porque le hacen un culito precioso y muy apetecible. Soy yo el que se encarga de comprarle la ropa, de vestirle, peinarle, y darle el visto bueno antes de salir y coger la bicicleta para ir a la universidad. Con su ropa interior soy muy exigente: Le quedan muy bien los boxers (parece un hombrecito) y también los culottes de lycra porque le marcan la curva de los glúteos de una manera muy sensual. Pero mis preferidos son los slips blancos de algodón porque le hacen parecer más niño e indefenso. y le puedo ver los muslos por entero. Aunque delgatidos, los tiene muy bien formados y torneados. Me vuelve loco el chasquido que produce el elástico del slip sobre sus caderitas estrechas y simétricas. Me tomo mi tiempo para ajustárselos bien y colocaler los huevos en su lugar, La polla uncut y blandita en medio de las dos bolas, para terminar ajustando el slip por detrás para que la raja del culito quede bien centrada ;y cada momento, chas chas chas …jugando con el elástico hasta dejarle una pequeña marca sobre esa piel tan blanca recubierta por una pelusilla rubia y muy suave, casi imperceptible.

Le vi llegar con expresión alegre y más relajado. En su inocencia pensaba que ya se me había pasado el cabreo y le iba a dejar salir.

– Muy bien, ahora acércate que te los voy a poner. Pero sin nada debajo, así que quítate los calzoncillos.

Me senté en la silla y él de pie frente a mí. Es una gozada vestirle porque de alguna manera con esa acción siento que es algo que me pertenece, que es de mi exclusiva propiedad, y porque el pobrecillo al perder el equilibrio mientras se enfunda la prenda se ve obligado a colocar su manita en mi hombro. Pero lo hace con un tacto y delicadeza tan grandes que me enternecen. Me tiene miedo y respeto, eso es evidente. Pero no penséis que soy un cabronazo que quiero hacerle daño y humillarle todo el tiempo. Nada más alejado de la verdad. Quiero a este chico con locura, es mi pussyboy y mi naturaleza dominante me obliga a enseñarle, cuidarle, protegerle .. porque por nada del mundo permitiría que alguien le hiciese daño. Quiero que aprenda y espabile. Es un juego, un aprendizaje, una camaradería entre hombres que llega a convertirse en algo fascinante. No os podéis hacer una idea cuando él me mira con esos ojitos como si yo fuese el único hombre de la tierra… es una sensación que si no se vive y siente, es imposible poder describirla. Adopté de nuevo el rol de Amo.

– ¿Quieres salir? Multa. Tienes que ganártelo primero. De rodillas y con las manos atrás ve acercándote a mis piernas, una vez entre ellas y empleando sólo la boca me tienes que quitar el chándal y los calzoncillos. luego, me tienes que hacer una mamada de ésas de las tuya,s pero de campeonato. Ese tipo de mamadas que cuando estoy en el taller y las recuerdo me tengo que ir al servicio y hacerme un pajote. Así que esmérate.

Qué gustazo da sentir su cabecita hurgando entre mis muslos, y sus suaves labios  (él ya sabe que al mínimo roce de sus dientes se gana una hostia) bajarme el chándal y los calzoncillos hasata abalanzarse sobte mi polla como una fiera hambrienta.

– Hoy quiero que te esmeres chupándome los huevos. Primero uno completamente dentro, luego el otro.. y por último los dos dentro. Sabes hacerlo muy bien, los dejas flotar sobre la lengua y luego presionando muy delicadamente con los labios los engulles y los chupas. Así que no quiero oír ninguna queja ni muestra de cansancio ¿entendido?

Él pobrecillo pensaba que al terminar la mamada podría salir del apartamento a reunirse con sus amigos. Qué seductora es la inocencia!

– Oye Javi ¿qué tienes ahí?

– ¿Dónde?

– En el lado derecho de la bragueta. (hizo ademán de levantarse) Ehhh.. ¿Donde crees que vas? ¿te he dado permiso para levantarte?

El cerco que el líquido preseminal había creado en el pantalón hacía que se le transparentase y apreciase perfectamente la cabeza turgente de su polla bajo la tela blanca.

– Quiero que mojes toda esa parte hasta que se te transparente todo. Insisto, quiero verte todo mojado.

Le agarré la cabeza y le introduje la polla para follarle a tope la boca. Quería hacerle un buen gagging para que salivara como una buena perra y humedeciese aún más el pantalón. Quiso agarrarme el tronco de mi cipote pero le dí un manotazo.

– Las putas manos atrás de la espalda. No hagas que me cabree. Hazme ver cuanto disfruta una buena puta mamándole la polla su macho y lo que un pussuboy sabe hacer para complacer a su Amo si quieres salir esta tarde. Te lo repito: quiere verte mojada y babeando como una perra en celo.

Se esforzó todo lo que pudo para que me corriese cuanto antes y poder terminar su trabajo. Pero yo tenía otros planes.

Empecé a darle pequeñas patadas en los huevos.. pero como es un buen gatito entrenado, a pesar del dolor, vi que estaba a punto de correrse, incluso disparó una de sus cargas lo que humedeció aún más sus vaqueros que a estas alturas eran ya casi transparentes.

– ¿Qué coño estás haciendo, Javi? ¿Te he dado permiso para que te corras?

Tuve que contener la risa cuando se levantó y pude ver como el líquido blanco se filtraba a través de la tela y goteaba sobre sus muslos.

– Excelente, lo has hecho de puta madre. Ahora sólo falta que te coloque la camiseta celeste y te ponga las zapas. Ve a por ellas.

Me miró sorprendido con una expresión en la carita que me entraron ganas de besarle.

– Koldo, no puedo salir así

– Ah, que no puedes.. claro claro, estás aún tan caliente que necesitas correrte de nuevo ¿no? me había olidado que eres multiorgásmico, Pero eso tiene fácil solución.

Lo levanté a pulso y lo senté al borde de la mesa. Me acerqué a él abriéndole las piernas y encajé mis caderas entre ellas. Me bastó apenas refregarme dos veces para comprobar como su polla entraba en erección. Con los pantalones blancos y húmedos puestos, le sobé el paquete pero sólo con dos dedos como cuando se quiere estimular un coño… le oí gemir y echar la cabeza hacia atrás. A continuación le fui bajando muy lentamente la cremallera de los vaqueros hasta crear un hueco lo suficientemente grande por donde entrase mi grueso cipote. Quería follármelo como una tía, como un pussyboy que es capaz de adaptarse y amoldarse perfectamente a mis necesidades sexuales con esa entrega absoluta y pasión que él sabe poner cuando está con un macho Alfa. El interior del pantalón estaba bastante lubricado y muy cálido… como su polla estaba erecta, la mía se deslizó sobre ella hasta llegar a su frenillo. Le bajé la piel del prepucio y dejé su capullo al descubierto. Me lo estaba follando como si él tuviese un coño dentro de la bragueta y al refregar mi polla sobre la base de su prepucio le estaba obligando a sentir como si tuviese un clítoris sobredimensionado

No tardó mucho en gemir y respirar entrecortamamente..

– ¿Te gusta que te lo haga así?

– Koldo, no puedo más.. por favor, por favor, déjame correrme.

Había tanto fluido en el interior de su bragueta que no me costó nada lubricarle el ojete con dos dedos hasta dilatárselo un poco porque Javi es muy estrechito . Me saqué de repente la polla y la volvi a meter hasta llegar a la cabeza de su glande para seguir frotando… y  de repente, hice una de las cosas que más morbo me dan y me producen un gustazo bestial. Empecé a mear dentro de la raja de la bragueta inundándole la polla y lo huevos. Al sentir mi orina caliente empezó a gemir de nuevo.

-Koldo, estoy muy excitado, no puedo más.

Apreté con fuerza su capullo con el índice y pulgar para impedir su eyaculación, y sin perder tiempo y con mi polla erecta como la de un caballo  goteando orina.. le bajé los pantalones levanté sus piernas, y le penetré hasta el fondo. Seguí meándole dentro lo que me proporcionó un placer tan enorme, que no podría describiros de lo intenso y extraordinario que fue. Mearle a Javi dentro de su culo, estimulándole la próstata con mi polla e inundando las paredes de pussyvagina con mi meo, lo hacía aún más mío y de mi propiedad hasta el nivel máximo. Yo continuaba presionando su capullo con la pinza de mis dedos para evitar que se corriese, aunque este gatito (os lo juro por lo más sagrado), es capaz de correrse varias veces en diferentes tiempos. Está entrenado desde chico. Una vez que vacié mi vegija seguí follándole hasta que necesité expulsar toda la leche de mis huevos. Solté la presion de los dedos, y mi pussyboy por fin pudo correrse a gusto al tiempo que yo hacía lo mismo disparando varias cargas dentro de su pussy-vagina.

Bueno, ahora.. ya puedes irte con tus colegas.

–  No puedo salir así, Koldo.

Ah claro.. qué estúpido soy. No puedo dejarte salir sin dinero en plan gorrón, necesitas pagar lo que consumas ¿verdad?

Fui y cogí ocho billetes de 10 Euros de mi cartera,  me acerqué a él y los fui metiendo uno por uno en su entrepierna húmeda y pegajosa. 

–  No. No quiero salir. Quiero quedarme contigo, por favor.- Estaba a punto de llorar

–  A ver, niñato ¿Qué quieres de mi? te he dejado que me chupases la polla, te he follado como nunca hasta ahora. ¿Qué más quieres? Recuerda chico: Eras tú el que quería salir a beber con tu colegas, pues ahora vete a divertirte con ellos. 

– Pero es que ya no quiero ir, lo que en verdad quiero es acurrucarme en el suelo y lamerte los pies.

– Me temo que no me estás escuchando. Dije. No es  cuestión de lo que tú quieras. Se trata de lo que yo te ordene: vete a divertirte con tus putos amigos. 

Intentó forcejear y luchar, pero de un empujón le saqué del apartamento

–  Y recuerda esto –. Le dije antes de cerrar la puerta detrás de él. – Si te preguntan qué te ha pasado, les vas a decir exactamente lo que has hecho para ganarte el premio para salir de marcha con ellos. Entré a casa dando un portazo.

Dejé pasar unos minutos y escuché que alguien lloraba en el exterior. Me asomé por la mirilla de la puerta y vi a mi pussyboy sentado y acurrucado en un peldaño de la escalera llorando desconsoladamente. Os lo vuelvo a repetir no soy ningún sádico ni tampoco un mostruo, soy un alfa que quiere a su chico pero necesita formarle, luchar cuerpo a cuerpo con él, adiestrarle en la batalla, hacerle fuerte y seguro de sí mismo… y todo ello sin caer en el engaño de creernos novios y prometernos amor de pareja. Todo eso lo obtengo y disfruto con mi chica.

Abrí la puerta, lo cogí en brazos y lo metí dentro del apartamento.

– Mírame, Javi… ehhh, te he dicho que me mires.

Tuve que hacer un esfuerzo para no desarmarme cuando le vi la carita llena de lágrimas y haciendo pucheros. Continué sosteniéndole en mis brazos.

– Si yo ahora te dijese que puedes cumplir un deseo ¿qué me pedirías? ¿un beso quizás?Negó con la cabecita.

– Entonces ¿qué me ofrecerías para que yo me pusiese muy muy contento? ¿Qué me darías?

– Mi obediencia.

– Buen chico. Eres un pussyboy muy inteligente.

Le llevé al baño. Le desvestí y lo bañé con mucho mimo y delicadeza. Le sequé con la toalla y me lo traje al sofa donde le permití acurrucarse sobre mi pecho.

Al poco rato se durmió como un niño.