EL AMANTE DE MAMÁ

No es una historia triste ni melancólica ¿Por qué han de ser tristes la mayoría de historias donde se asoma la cabecita rubia de un niño entre líneas? El protagonista de este episodio apenas tiene siete años y patalea furioso mientras con su manecita señala hacia ese lugar donde el sol se está poniendo, y el oro se derrama por las nubes y las piedras. Los habitantes del entorno dorados quedaron también como armaduras y así brillaban los cabellos sueltos con reflejos de henna de la mujeres. En ese oro pálido, la brisa adquiere una ascención de espada desenvainada. Os preguntareís por qué. Pues porque es África y porque es así como es la silueta ecuestre del amante en la dulzura del ocaso.

Padre e hijo parten de viaje hacia esa ciudad rodeada de montañas  donde se encuentra el hospital donde el niño va a ser operado de amigdalitis. Muy de mañana, abajo, en la pequeña ciudad adormecida un gallo volaba y se posaba al borde de una ventana celeste. Las gallinas espiaban. Más allá de las vías del tren había un ratón dispuesto a huir.

El niño lo ve todo, se da cuenta de todo, pero sabe callar y guardar el bendito silencio. La madre lleva un hermoso vestido muy favorecedor de lino blanco ajustado y unas gafas negras. No soporta ver la miseria ni los rostros de los nativos del lugar. Sabe que sus hermosos ojos azules despiertan codicia y admiración. La madre no les acompaña. Fué capaz de una lágrima, sin embargo.

– Tu madre es ciega.

– No, no lo es. Es holandesa y le molesta la luz. El niño lo ha repetido cientos de veces.

Padre e hijo viajan en primera clase desde donde se puede oler el aroma del té a la menta que los nativos están preparando en la estación ferroviaria. Como es primavera  han arrrancado ramas  de azahar para aromatizar aún más el delicioso brebaje, y tras ellos, le siguen enjambres de abejas con sus patas doradas de pólenes. Se oye perfectamente el zumbar de los insectos y el bisbiseo del agua en los recipientes. Un aroma que adormece y acuna.

El padre le cuenta al niño que cuando una abeja llevada por la codicia cae en el interior del vaso y muere ahogada… los hombres la hacen resucitar formando un volcán con las cenizas de sus pipas de kif. Tras sacudir las alas, el insecto revive y alza el vuelo.

– ¿Quieres que vayamos a comprobarlo?

– No.- El niño contesta rotundo, no aparta la vista de la ventanilla de su asiento. Espera ver a un hombre y su caballo en el horizonte. El tren en marcha y postes, malditos postes…. la velocidad se come los postes cuando se viaja en tren.

– Papá, ¿vendrá Pierre como nos prometió? – ese “nos” le dolió en el alma y le hizo sonrojar hasta la raíz del pelo. Había desvelado su secreto. Un terrible secreto.

– ¿Pierre? no, es imposible. Estará con sus asuntos de hípica por T…, o incluso aún más lejos. ¿Por qué lo preguntas?- El niño no contesta, no va a decir nada pero lo sabe todo. El padre le acaricia el cabello liso ante la mirada bobalicona de los viajeros de los asientos contiguos.

El niño es una criatura hermosa a pesar de su corta edad, rasgos delicados heredados de la madre, pero de una dureza distante y diamantina. El niño piensa. ¿Creéis que los niños no piensan? El niño piensa en Pierre y dice: “no, no puedo dejar de ir si él me llama. Y sé que de noche cuando él me llame iré”. Un niño es capaz de pensar esto y mucho más cuando ha visto que su madre se pone una gota de vaselina en los lóbulos de las orejas, muñecas, codos y escote para que el perfume quede mejor impregnado como el ámbar de esos insectos que oye zumbar por todas partes. Sabe que su madre está con el jinete por eso no se atreve a mirar a su padre.”Quiero todavía que sea un caballo quien conduzca mi pensamiento.”

El niño salta de su asiento y grita: ¡Papá, Pierre está ahí! ¿Lo ves en aquella loma? Justo donde “nos” prometió a mamá y a mí que vendría. El jinete es un hombre hermoso, joven, y valiente. Sus ropas, cabellos y sombrero adquieren a esa hora de la tarde una tonalidad dorada verdosa como sus ojos. Pierre es francés, la madre del niño holandesa. El padre mientras piensa saca demasiadas cosas de sí mismo y siente el vacío. Es en el vacío donde se pasa el tiempo. El padre está abandonado, pierde el contacto con la tierra, con el cielo. Ya no vive, y sin embargo, existe.

El niño ve el caballo desnudo, ve a Pierre como la libertad indomable que se torna inútil aprisionarlo para que sirva al hombre. Así verá el niño a los hombres para el resto de su vida como el jinete que somete al potro pero no lo domestica. En otra parte, la mujer piensa que es demasiado tarde para tener un destino, y el suyo no es estar ya con el medio español con quien está casada. Hacía tiempo que no lloraba, pero ahora estaba muy cansada y saciada. Si aquello era llanto, no lo era. Era otra cosa. Finalmente se sonó la nariz. Entonces pensó lo siguiente: que ella forzaría el “destino” y tendría un destino mayor. Se quitó las gafas oscuras y salió a pasear por la ciudad. No volvería a ver nunca más a Pierre.

El niño mira al padre y le oye decir: “Un hombre siempre cumple lo que promete”. La silueta del jinete ya ha desaparecido en la lejanía… el niño abraza a su padre y rompe a llorar en sollozos.

Al día siguiente amaneció Domingo. Mañana azulada, día bruto en esa ciudad vocinglera, caótica y de tranvías. El hospital es un bello edificio rodeado de jardines y balaustradas de estilo colonial y repleto de enfermeras de un blanco inmaculado.

El niño ya está anestesiado y listo para entrar en quirófano. Pero surje un imprevisto: una familia entra en urgencias tras un brutal accidente de tráfico… se impone el protocolo de prioridades.

El padre sostiene a su hijo en brazos para que no pierda calor y no consiente que lo separen de él a pesar de los ruegos de las enfermeras. Se dirije a una ventana: la ciudad, los bloques cuadrados, los mercados de especias, la escalera vacía, la piedra.

Pasan tres largas horas y no consiente separarse de su hijo a pesar del terrible dolor que experimentan sus brazos. El niño comienza a despertar de la anestesia y vomita. Balbucea: Pierre te amo… tan niño y ya sabía lo que era el deseo, aunque no supiese que lo sabía. Lo vío en los ojos de su madre cuando se quitaba las gafas oscuras para mirar a Pierre.

El deseo era así: estar hambriento pero no de comida, era un gusto algo amargo que subía desde el bajo vientre y le alborotaba los delicados y sonrosados pezoncillos y los brazos vacíos de abrazos. Le dolía vivir … “Pierre, je vous aime”

El padre no puede contener las lágrimas al escuchar a su hijo: “No pienso en Dios, Dios no piensa en mí. Dios es de quien logra llegar hasta Él. En la anestesia aparece Dios. Entre tanto, las nubes son blancas y el cielo es todo azul. ¿Para qué tanto Dios? ¿Por qué no un poco para los hombres abandonados? piensa el padre.

– Señor, no debe preocuparse por nada. El niño no corre ningún riesgo. Lo hemos vuelto a sedar. La operación será breve y seguro que todo irá bien.

El padre abandona el hospital. Ha visto cruzar la silueta de su mujer por uno de los pasillos.

Pero hete aquí que surje un caballo. Es un caballo con cuatro patas y cascos duros de piedra, pezcuezo potente, y cabeza de caballo. He ahí un caballo.

Pero ya sólo es una sombra.

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21 comentarios en “EL AMANTE DE MAMÁ

  1. Los caminos de la sumisión son extraños como los designios del Señor. Los acatamos con el deseo latente desde la tierna infancia. Después sin miramientos dejamos que ocurran según los deseos no revelados del Señor. Amen, amor y gozo.

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    1. Las tres primeras frases de tu comentario me encantan. Donde hubo amor siempre habra un suelo sagrado; eso sí, para mí no hay otro dueño y señor que mi amo al que voluntariamente he elegido.

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  2. Las historias que me hicieron engancharme a tu blog fueron precisamente estas en las que recuerdas aquellos años del pasado de esta manera tan preciosa, recordando sentimientos y envolviéndolos en todos esos matices que les prestaban la luz, los aromas, los detalles…es casi como un sueño pero no cuesta nada estar allí contigo viviéndolo como tú lo viviste y alucinando desde el principio, con ese atardecer que andaba derramando oro por todas partes…¡que bonito!
    Un abrazo.

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    1. Me alegro que lo sepas apreciar, unangel36.. como le comentaba a James, sin las vivencias de esos primeros años no se entenderían muchas cosas de mi forma de sentir y de actuar. Es la única vez que yo recuerde (a pesar de la anestesia) una situación parecida, yo en brazos de mi padre el medio-español. Por suerte, él y mi otro hermano desaparecieron de nuestras vidas. De la de mi madre y la mía. Los matices de la luz, los aromas… son característicos del Norte africano.

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  3. Lo que faltaba para estar todavía más enganchado a tu blog, javi: los microcuentos (género literario que me encanta).
    Realmente no sé si lo que cuentas es fantasía, realidad o una mezcla de ambas, pero…acaso importa?
    Una maravilla leerte como siempre.
    Abrazos.

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  4. Sí tienen una base muy real, Pablo – aunque la realidad es tan subjetiva – lo que ocurre es que soy totalmente incapaz de contar nada de manera lineal tipo: era un lunes a las nueve de la mañana, abrí la puerta y salí de casa para coger el metro… porque en ese pequeño trayecto se han entrecruzado diferentes planos desde diferentes ángulos. Tengo una percepción muy poliédrica de los hechos.
    En otras entradas como por ejemplo aquí https://esclavodetusexo.wordpress.com/2016/03/13/probar-tus-besos/ ya daba pinceladas de mi estancia en aquellas latitudes.
    En esta ocasión, el pretexto es un simple viaje que hago con mi padre para operarme de amigdalitis. Pero quien en verdad iba a acompañarme era mi madre pero a última hora se cambiaron los planes. Obviamente mis padres ya estaban a punto de separase por razones obvias. Un niño es capaz de observar y darse cuenta de muchas cosas que los adultos ni se imaginan.
    Gracias por comentar
    Un abrazo

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  5. Me ha encantado el relato, la verdad!!! No lo voy a ocultar, me emocionó.
    Describes con tanto detalle todo, tomas el pulso tan fresco y vital del ambiente callejero, los aromas, el viaje en el tren y describes con tanto amor a la madre vestida de blanco y ojos claros ,y a Pierre, que ……..
    Verbalizas sus pensamientos tan, tan bien, que es muy fácil entenderte Javi.

    Si tuviera que acotar el texto empleando el Thesaurus emplearía: Africa. Holanda. Niño Javi. Amor. Luz .Despertar. Humanismo .Ruptura. Inicio. Descubrimiento.

    Abrazo cálido.

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    1. Ya te echaba de menos, Juan..
      Si recuerdas, ya en tu primer o segundo comentario que dejaste por aquí, percibí por tu parte eso que ahora llaman inteligencia emocional.. es tu propia sensilibilidad la que da cuerpo y forma a lo que lees.
      ¿Sabes? me encanta que emplees el término “verbalizar”, eso significa que estoy haciendo bien los deberes yendo a consulta de mis psicólogas. Después de probar con vari@s he dado con l@s adecued@s. He tenido que trabajar mucho, no basta con acudir y sentarte en una silla… pero ahora las piezas comienzan a encajar, y yo a saber discernir.
      Abrazo emotivo.

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  6. Te entiendo perfectamente, aunque un niño no tenga el discernimiento de un adulto se da cuenta de las cosas. A mí también me pasaba eso de percibir cosas que con el paso del tiempo vas hilando y entendiendo más las cosas, y encima lo has contado de una manera preciosa. Eres un niño muy especial.

    Abrazotes.

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    1. Sí, Christian, estoy convencido que es en esos primeros años de nuestra infancia donde crea nuestro yo más íntimo al igual que la impronta dejada en un negativo fotográfico. Luego, puedes editar, iluminar, retocar, resaltar la imagen respecto al paisaje, etc… o perderte en las sombras. Tú hiciste muy inteligentemente el trabajo: el proceso paulatino de ir hilando y entendiendo las cosas, como bien dices. Afortunadamente, al niño que fui nunca le abandoné ni le solté de la mano, de lo contrario, me hubiese convertido en un monstruo.
      Besotes

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  7. “Nosotros somos nuestros recuerdos, si no tuviéramos recuerdos desaparecería la persona” dice Antonietta Zeni, escritora que pasó su niñez entre italia, España y (mira casualidad) Marruecos.
    Hermosa la forma de trasmitir tus recuerdos; una luz, un olor, una persona, o una caricia tienen una dimensión solo apreciada por nosotros en ese momento.
    Beso

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    1. Hermosa frase. No conozco a la autora pero la buscaré. Quizá la vida no se trate más que eso: lo que somos capaces de recordar, desear y pensar durante veinticuatro horas seguidas, y así, día tras día.
      Ayax, creo haberlo ya comentado contigo, “nosotros” por la naturaleza de nuestra condición, es muy posible que tengamos una sensitividad sobreexpuesta, una geografía hiperdesarrollada ¿no crees? es como estar permanentemente en carne viva. La piel tiene memoria, ríos y afluentes por donde circula la emoción independientemente del cerebro y sus leyes de la sincronía. Para mí, palabras como hambre y devoradora sed, no las percibo sólo en la lengua ni en el estómago… una caricia me puede herir en lo más profundo, y al mismo tiempo, sólo un leve roce sobre una herida me puede proporcionar la más dulce de las caricias.
      Un beso.

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  8. Me dejas maravillado con el brillante uso que haces de adjetivos y formas literarias que convierten tu historia en un cuento al que podemos poner imágenes sin pensar demasiado. Siempre diré que últimamente estamos tratando a los niños como pequeñas criaturas que no se dan cuenta de las cosas y a las que hay que proteger de todo, cuando en realidad saben mucho más de lo que creemos.

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  9. Gracias, Marcos. Interesante lo que dices acerca de la idea errónea que nos hacemos de los críos. Los niños tienen sexo, curiosodad, interés por el mismo por mucho que les demos juguetes, muñecos, y peluches asexuados. Saben sonreír, coquetear y cuales son sus zonas de placer. Lo que más daño le hacen y casi nunca perdonan es la mentira. Con sobreprotegerlos lo único que se se consigue el efecto contrario: creen que su opinión no cuenta, que por ser niños se les debe tratar como medio tontos. Lógico que llamen la atención y se rebelen ajjjajajj… totalmente de acuerdo contigo.
    Un abrazo.

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  10. “Someter pero no domesticar”. Esa frase resume y dice entrelineas muchas cosas. Habla de sometimiento y donde se traslucen sentimientos de dominacion y control. Existieron en ese niño, otros sentimientos propios de la “domesticacion” en estos casos? Sintio ese niño esos sentimientos de sometimiento? O simplemente los intuyo?

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  11. Hola, By-pass… muy agudo tu punto de vista recalcando esa frase. La relación caballo – jinete (la viví muy de cerca) ,además de tener unas connotaciones sexuales para mí más que evidentes, despertó mi interés desde muy niño:el potro se somete y adiestra, pero nunca se domestica porque es libre por naturaleza. Basta con quitarle la montura y las bridas para cerciorarte de ello.
    Mi relaciones con los hombres (un tipo determinado de hombres) obedecen al mismo patrón de contucta: Nunca son domésticas, siempre inesperadas e imprevisibles.
    Intuyes muy bien, de niño si experimenté a nivel muy alto sentimientos de sometimiento e intentos de domesticación.
    Gracias por pasarte.
    Un saludo

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  12. Solo a modo de apunte en referencia a los recuerdos, que alude Ayax,
    Me adhiero a la reflexión de Antonietta Zeni y propago la reflexión de Eduardo Galeano.
    ” Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias”

    Saludetes!!!!.

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  13. Buen aporte, Juan. No deberíamos dejar pasar ni un sólo día de nuestras vidas sin protagonizar o participar en una historia. A veces, basta con cambiar de itinerario, de calle (ésa que vamos y volvemos cada día), de bar, o simplemente asomarnos a los ojos de alguien.
    un abrazo.

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  14. Qué tal Lucky? me sucede lo mismo contigo y tu brillante modo de escribir.
    Este es mi primer blog (en el sentido de manejar textos y tener que escribir y tal) lo abrí con la unica intención de que fuese un pequeño habitáculo donde entrar a reflexionar en soledad y a poner en orden mis ideas. No tenía en mente ningún formato a seguir. Y al no ser un diario ni algo por el estilo, cometí el error de no seguir un orden cronológico… resumiento, el resultado es un tanto caótico y disperso tal cual soy yo en la actualidad. Supongo que acabaré clasificando por categorías y ordenando los posts cuando tenga un poco de tiempo.
    No me resulta nada fácil desprenderme del Javi Dubois niño, porque en cierto modo no cesa a día de hoy reclamando mi atención con sus continuas dudas y preguntas. 😀
    Un abrazo
    .

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