ATRÉVETE, SI PUEDES

Un día el-moi (el artículo es otro de sus hermosos apéndices) y yo fuimos a comer. El primer plato me gustó, pero con el segundo, que era congrio guisado, tuvimos problemas. Era la parte cerrada del congrio y ya se sabe que esa parte está llena de espinas. Claro, no pudimos tomarlo. Las espinas lo llenaban todo caóticamente, y cada bocado exigía una labor interminable de selección que acababa con nuestra paciencia. Yo disfrutaba mirándole. Sabía que las espinas eran una de las manías de mi acompañante, y que le bastaba con localizar una en el interior de su boca para palidecer en público. Lo que más me fastidiaba era que por una tacañería suya – esa parte del congrio es mucho más barata que la otra, dijo – nos estuviera amargando la comida.

– Atrévete si puedes, le reté.

Me vió rebullirme en la silla y, como me conocía, trató de quitar hierro al asunto. La sola idea de que pudiese llamar al camarero y armarle una bronca por ese pez lleno del alfileres me ponía los pelos de punta. Hizo el ademán de llamarle.

– ¿No serás capaz de formar el numerito? por favor… le supliqué en voz baja.

El sabe muy bien que soy una de esas personas que por pura delicadeza podría renunciar a vivir. “¿Te imaginas, dije con intención de distraerle, que también las bocas en los besos pudieran tener espinas como las de los pescados?” Su fantasía se desbordó. Le hablé de esas escenas tan terribles como cómicas, en medio de su entusiasmo creciente, hasta que logré que se olvidase del congrio. Era yo quien estaba ahora en su plato. No había conocido a nadie como yo con un poder así. Soy capaz no sólo de resolver sobre la marcha todo tipo de situaciones, sino de referirme a ellas como si fueran naturales, y se dieran en continuidad con los hechos del mundo. Si hubiese tenido un lápiz a mano – me encanta dibujar – le hubiese trazado allí mismo una rama, y estoy seguro que esa rama habría terminado por florecer sobre el mantel, por llenarse de pájaros, por confundirse con las ramas de los árboles reales. Le hice ver todas esas escenas, de la misma forma que yo estaba viendo su rostro maravilloso, encendido de sorpresa y asombro, mientras se las contaba.

– ¿Te imaginas a los amantes juntando los labios, y dedicados a esa labor sutilísima de retirarse de la boca las espinas impertinentes? le sugerí. He aprendido que en el mundo hay amantes burdamente espinosos, como nuestro congrio, y otros cuyos labios son como la carne blanca de la merluza.

– ¿Y a qué grupo perteneces tú? me preguntó con una pícara sonrisa.

– Mis besos son como un platito de angulas. Se abren en el interior de la boca, inician por ella el largo y oscuro viaje a las profundidades acuosas. Tienen que ver con el océano, con ese viaje indescifrable hacia el remoto mar de los sargazos. Besarme es como estar nadando con ellas, como viajar por el interior del agua formando parte del decidido grupo, en medio de una fogosa y gozosa migración de deseos…

– No quiero cortarte el rollo, Javi, pero no eres mi novia. Y es una putada que no seas una tía, lo sé, porque serías “la perfecta casada” jajjajjajaj…siempre discreta, sabiendo estar en tu sitio, sabiendo qué decir en todo momento sin perder la compostura ni el encanto, se puede presumir de ti en público, etc, etc.. pero illo, en verdad no eres más que un puto maricón a mi servicio.


Llegó el camarero a servir al comensal de al lado un plato de congrio como el que nos había servido a nosotros. Nos entró la risa, y nos dispusimos a ver cómo se las arreglaba en aquel difícil menester. Cogió el primer trozo de congrio se lo metió en la boca y, ante nuestro asombro, se lo tragó sin pestañear, extrayendo una única espina. De vez en cuando se veía que tropezaba con algo. Entonces cogía un gran trozo de pan y se lo engullía a la vez que el congrio, las espinas y los guisantes. No dábamos crédito a lo que veíamos.

– Mira, me dijo sonriendo, uno de tus amantes espinosos.

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7 comentarios en “ATRÉVETE, SI PUEDES

    1. Moisés (el-moi) es un tío con el que estuve hará unos dos años y medio.
      Ay, James… ya sé que te estoy liando con mis continuos saltos en el tiempo, pero soy así de caótico y disperso. Todavía no he dado con la plantilla del blog, ni la cabecera, la descripción, y más cosas…

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      1. Pues sí, no veas cómo me liaste :'(. Ya me iré acostumbrando. Y ya vi que el comentario de ayer ya no está, jejejeje, gracias. Mañana más, supongo.

        Cuídate, Javier.

        James

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    1. Anda que no se te escapa una, eh? jajajajj… Tienes razón, hay besos que más que tóxicos acaban siendo letales por el daño que llegan a producir.
      Me viene a la cabeza una canción cubana (ahora no recuerdo quien la canta) un trozo de la letra decía algo así:
      – Voy, a mojarme los labios con agua bendita
      para borrar esos besos
      que un día me dio
      tu boca maldita

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  1. Yo siempre he sido más de merluza, el congrio cerrado hay que dejarlo para hacer caldo 😉 pero vaya, también me ha parecido una metáfora muy eficaz esta de los besos espinosos para intentar explicar en parte lo que tú has estado viviendo con esta manera tuya de relacionarte.
    No sé, a mi el Moi este no me gusta un pelo…

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    1. Que envidia me dais los de los besos merluceros tan carnosos, suaves, y sabrosos… jejeje
      Nunca he tenido una relación afectiva correspondida con un hombre, no sé lo que es eso.
      El Moi es un cani de mi barrio, hace pocas semanas que ha sido padre de su primer hijo, un mamífero precioso.

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