EL HERMANO CLAUDIO

Mi relación con J.V. – aunque mayoría de la gente aún no sabía muy bien de qué iba el tema-, poco a poco se fue haciendo pública en la ciudad y en el colegio de los H.H. Maristas donde yo estudiaba. Era mi último curso con ellos ya que al año siguiente pasaría a formar parte del grupo de mediana edad en otro colegio situado a 150 metros del primero.

El hermano Claudio era el profesor encargado de impartir Educación física y el entrenador del equipo de fútbol de los Maristas. Era moreno, atractivo y de complexión atlética, pero lo que más destacaba en él aparte de unos inmensos ojos negros era su carácter jovial, su porte masculino, y una entusiasta afición por los todos deportes en general y el fútbol en particular. Era un verdadero líder para nosotros que veíamos en él un modelo a seguir. Nuestras madres y el resto de las chicas de la colonia europea no tardaron en comentar lo atractivo y encantador que era el joven hermano Marista. Mis compañeros de clase también le adoraban porque podían comentar con él el desarrollo de la liga de fútbol europea y discutir sobre las excelencias de los equipos favoritos de unos y otros. El hermano Claudio (al igual que el resto de los profesores) durante el horario de clases vestía con ropa sobria y discreta, pero para sus clases y entrenamientos se ponía un chándal gris claro.

Despeinado y con ese atuendo deportivo, parecía más joven aunque no debía tener más de 25 años. La primera media hora la dedicaba a ejercicios de gimnasia, aparatos de saltos, etc y el resto del tiempo a atletismo. Se colocaba frente a nosotros dispuestos en semicírculo para que repitiésemos con él la tabla de ejercicios. Me resultaba imposible apartar la vista de su entrepierna ya que bajo el chándal se le insinuaba perfectamente el volumen de sus genitales. Era algo espectacular, imposible no reparar en ello. Incluso mis compañeros de curso ( que ya empezaban a ejercer y alardear de machitos) hacían comentarios al respecto: “Vaya paquetón que tiene el hermano Claudio” decía uno, “el otro día cuando se sentó en el banco para amarrarse los cordones de las zapas cuando encogió una pierna, le vi por debajo de la calzona un huevo que era así de grande” comentó otro que mascaba chicle, y tras hacer una pompa exclamó: “ Os lo juro por mi madre que era así de grande”.

 

Todos estos comentarios no hicieron más que aumentar mi interés y atracción sexual por el hermano Claudio aunque por mi parte tenía muy claro que yo pertenecía en cuerpo y alma a J.V. Tanto mis compañeros de curso como los chicos mayores del otro colegio ya sospechaban de nuestra relación; de algún modo se había corrido la voz por la ciudad que yo era uno de ésos “que se dejaban” de los que la chupaba y se dejaba dar por el culo.

– Javi, ten cuidado. Como te pille el hermano Claudio a solas y le pongas cachondo, con el pollón que debe tener seguro que te parte ese culito que tienes y te lo destroza. – Bromeaban los chicos a mi costa.

Tengo que aclarar que tanto mi comportamiento, gestos, y modales no eran ni han sido nunca afeminados ni delicados. Mi aspecto en nada difería del resto de los niños de mi edad exceptuando que a causa de mi origen holandés (por vía materna) era muy rubio, tez blanca con ojos claros, delgado aunque bien proporcionado y sin nada de vello en el cuerpo. Eso sí, era muy tímido, vergonzoso, y bastante reservado. Cuando comenzó mi relación con J.V me volví aún más distante y desconfiado con los demás chicos que para ofenderme y humillarme me llamaban “el chico de la voz rubia (cantaba en el coro) y con el mejor culito de la escuela”.

 

El hermano Claudio que representaba para mí y el resto de los alumnos un ejemplo de virilidad tanto por sus gestos, manera de andar, y cuerpo atlético, así como por su facilidad para el deporte, no tardó en reparar sobre mi personita.

– Javi Dubois., no eres mal deportista, pero podrías dar mucho más de ti si te esforzaras lo suficiente. Tienes buena constitución aunque todavía no has empezado el desarrollo, pero seguro que cuando des el estirón dejas al resto de tus compañeros por debajo de tus hombros. Tu madre y hermana mayor son altas, y tu padre también. No juegas mal de defensa pero te falta, además de confianza en ti mismo, que le eches más garra y seas más competitivo. Ah, y una cosa quería decirte: no te conviene andar con chicos mayores del otro colegio porque aún eres muy niño para relacionarte con ellos.

Por la forma en la que me miró mientras me hablaba, me hizo pensar que “sabía o sospechaba algo” de mi relación con J.V. o tal vez, se había dado cuenta de la forma tan descarada con la que le miraba el paquete durante las clases de educación física, el modo con el que sus enormes bolas se movían y rebotaban dentro del chándal en cada uno de los ejercicios. Los días lluviosos y de mucho frío, cambiábamos el  enorme campo de fútlbol por el salón de deportes. Con el fin de hacer más dura la disciplina deportiva y conseguir mejores resultados, los alumnos en complicidad con el hermano Claudio, establecieron una tabla de castigos para los más torpes, tantas flexiones de brazos por tal prueba no superada, carreras alrededor de la sala por no saltar la mínima marca estipulada, etc.. hasta llegar al castigo que se consideraba más duro: 15 azotes si aún no se superaba el mínimo exigido, y 15 azotes más a calzón bajado si el alumno se rendía y abandonaba la prueba.

Al principio, los azotes tenían bastante de pantomima, el hermano Claudio apenas empleaba fuerza alguna, y servían más para hacer reír que como verdadero castigo. Para mí, en cambio, aquella situación lejos de hacerme reír me excitaba enormemente cuando el profesor de gimnasia se sentaba y colocaba sobre sus rodillas a un alumno torpe y empezaba a azotarle el culo. Algo dentro de mí despertaba ese ardor sexual que ya había experimentado anteriormente con mi macho dominante, pero ver la escena desde fuera y ser testigo directo del castigo sobre alguien que no fuera yo, me hacía temblar de miedo y me provocaba placer al mismo tiempo.

Los ejercicios físicos que requerían contacto físico y la ayuda de un compañero para realizarlos, me resultaban incómodos y desagradables, y para colmo de mi desgracia, aquella mañana me tocó un compañero al que detestaba por las continuas ofensas y bromas que me gastaba a diario. Me negué en rotundo y me aparté del grupo.

– Javi, regresa a tu sitio y continúa con los ejercicios. No te puedes saltar la clase por simple capricho. ¿Qué te pasa?

Negué con la cabeza y me dirigí a una esquina de la sala. No quise explicar el motivo para no quedar como un chivato ante los demás.

– Si continúas con esa actitud soberbia tendré que castigarte.

Mis compañeros empezaron a aplaudir y alentaron al hermano Claudio a que aplicase en consecuencia el castigo estipulado. Me condujeron al entarimado donde estaban las sillas junto a las espalderas y colchonetas. Él se sentó en una de ellas y me tumbó sobre sus rodillas. Primero me azotó con la palma abierta de una de sus manos.

– ¿Qué has decidido, Javi? ¿Te incorporas o no al grupo de tus compañeros?

Continué negando con la cabeza.

Le pasaron una vara y continuó azotándome. Entonces sí, mis nalgas comenzaron a calentarse… el dolor aún no era muy intenso, (yo ya estaba acostumbrado a recibir golpes aunque J.V. era mucho más cruel y despiadado) cuando uno de los chicos exclamó:

– Profe, Javi está haciendo trampas. Está apretando el culo y protegiéndose con las manos bajo el pantalón.

El hermano Claudio me bajó primero el short de deporte y a continuación mis calzoncillos blancos hasta dejar al descubierto mis nalgas enrojecidas por los azotes. Oí a mis compañeros gritar eufóricos al ver mi culito desnudo e indefenso. Por algún motivo la visión de mis redondos glúteos contribuyó a que mi verdigo aumentara la intensidad de los cachetes. A partir de ese momento el dolor se hizo más agudo, me agarré a uno de sus muslos y aplasté la cara en uno de ellos para ahogar mis gemidos. Alternaba para los azotes tanto la vara como su mano izquierda puesto que era zurdo –  ¿vas a continuar empeñado en tu soberbia?

No respondí. Tumbado sobre sus piernas, arqueaba la espalda cada vez que me azotaba… aferrado a uno de sus muslos, noté claramente sobre mi vientre aumentar su abultado paquete hasta que su pollón alcanzó un poderosa erección.

– Está bien, vamos a parar porque como siga no vas a poder sentarte durante todo el día. Y vosotros dejad de reír, se acabó la clase por hoy. Y a usted, señorito Dubois le voy a dar un masaje para que no le queden moratones.

 

Con las dos manos manoseó mis nalgas como quien trabaja una masa de pan, hundiendo los nudillos en ellas, estirando los músculos y abriendo las dos mitades de mi dolorido culete. Al ver el rosado y estrecho agujerito entre los dos hemisferios de mi culo, noté que su erección se hacía aún más fuerte y poderosa.. disimuladamente deslizó uno de sus dedos por la hendidura de mis nalgas hasta rozar el pequeño y apretado orificio Tenía las manos húmedas por el esfuerzo que empleó en azotarme, una gota de sudor se descolgó de su frente yendo a parar directamente al canal que ardía como un volcán. Sus manos húmedas y ese dedo mojado refrescó mi ojete e hizo que me relajara. Tras una leve presión lo introdujo dentro de mí colocando la mano encima para disimular la penetración. Gemí y me arqueé sobre sus rodillas.. aprovechando que los chicos no miraban en ese momento ( estaban vistiéndose y recogiendo las prendas de deporte), escupió sobre mi ojete e introdujo primero un dedo y luego dos. Agarró una de mis manitas y se la llevó a la entrepierna para que comprobase el tamaño de sus genitales. “¿Te gusta tocármela, verdad? Te aseguro que te van a faltar manos para cogerla entera, pero ya veremos como lo haremos en otra ocasión. Vaya  culo que tienes, chico. Está para lamértelo, follarlo con la lengua y comértelo a bocados.

No me atreví a decir nada

– Bueno, Javi, ya ha sido suficiente castigo por hoy. Levanta y vístete. Sabes que no te conviene decir nada de esto porque con lo que ya sé de ti tienes todas las de perder. Así que esa boquita mantenla bien cerradita ¿de acuerdo?. Ya hablaremos más detenidamente sobre esto. Si eres discreto y confías en mí, ganarás un amigo y un buen protector para que nadie se pase contigo en clase ni te haga daño.

 

Cuando me incorporé, él continuó sentado. Dirigí la mirada descaradamente a su paquete para darle a entender que me había dado cuenta de que había estado empalmado todo el tiempo. Se incorporó un poco del asiento tensando los muslos para que viese una vez más su paquetón; aún la tenía morcillona al tiempo que una mancha (tal vez de líquido preseminal) humedecía su chándal gris de algodón. Me guió un ojo y sonrió diciéndome en voz baja:

– Llevas el diablo en el cuerpo, Javi. Sabes como tentar y poner caliente a un hombre.

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12 comentarios en “EL HERMANO CLAUDIO

  1. Espero que la historia continúe porque como dice Christian el asunto tiene muchísimo morbo y me ha calentado muchísimo la cabeza ( por decirlo fino ). En mi colegio también había curas pero el único que me resultó un poco mete-mano era viejete, barrigón y con cara de psicópata sexual, de manera que cuando se me echaba encima cual aguilucho ratonero en vez de dolorosas erecciones lo que me provocaba eran ganas de salir corriendo en dirección contraria… pero vaya, que la historia ha estado muy bien. Solo espero que J.V. no llegara a enterarse nunca de la existencia del hermano Claudio porque con los antecedentes que tengo de las entradas previas no quiero ni imaginarme su reacción…

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    1. Un-angel, “El asunto” puedo contarlo ahora porque con la ayuda terapéutica que recibí en su momento y más tarde, he podido con el tiempo tomar distancia. Algo así como cuando tienes la nariz pegada a un cuadro colgado en la pared y no puedes ver nada hasta que te retiras unos metros, tomas realidad del mismo y, consigues verlo en su conjunto. Indudablemente, el relato está cargado de erotismo (como ya he comentado en otro post, mi cabecita empezaba a pensar que mi naturaleza era “así” y que para obtener afecto debía dejarme tocar) y tengo que confesar que yo me prestaba “voluntariamente” (esto es lo terrible) e esos juegos porque me gustaban, si dijese lo contrario no estaría diciendo toda la verdad.
      A J.V. (como ya os contaré) este asunto le vino de perlas porque le facilitó bastante el camino….
      Vaya tela como me enrollo, eh? cómo se nota que tengo necesidad de explicarme y complacer siempre “al otro”…

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      1. Antes de leerme la segunda parte te tengo que pedir perdón: ¡que bestia soy! Es verdad que a fin de cuentas lo que estás narrando aquí es un abuso sexual de un adulto a un menor, te prometo que cuando lo “visualizaba” no era del todo consciente de la situación real, es decir, que tu eras como mucho un “pre-adolescente” todavía…y por supuesto aclararte que si empleo algo de “sentido del humor” en mis comentarios nunca es con la intención de frivolizar ni quitar hierro a lo que cuentas. El lenguaje escrito a menudo se presta a malas interpretaciones y esto es algo que por desgracia he tenido que decir más de una vez. Muchas gracias por la prudente respuesta a mis imprudencias 🙂

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      2. No, no … de verdad, no tuve la sensación de que tu comentario fuese imprudente. Para nada. Soy consciente que el tema que trato es muy delicado (pero no por ello menos real) y habrá reacciones de todo tipo. Pero no me refería a ti en concreto. El sentido del humor es siempre bien recibido. Un abrazo.

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  2. Pensé que con lo de “hermano Claudio” ibas a hablar del hermano de J.V. o algún otro hermano xD. La verdad que contando esto me… dejas :O porque no sabía que ibas a un colegio religioso. Y así “me confirmas” las cosas que se pueden llegar a hacer algunos profes, tal y como han anunciado en las noticias de colegios religiosos en Barcelona :S :'(.

    Espero con ansia lo que viene después, si le sigue algo claro porque alomejor esto solo es un relato más que no tiene continuación.

    P.D. ¿Te puedo dar mi email?

    James

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    1. Ay, James…. te estoy liando mucho, no? 😀 no me extraña si el primero que no tiene las cosas clara soy yo jaajjja.
      Estuve en Los Maristas hasta lo doce años, al curso siguiente me matricularon en otro colegio que no era religioso.
      Pues sí, es terrible que “estas cosas” hayan sucedido y, más terrible aún, que continúen sucediendo. De todos modos, hay que ser justos y no meter a todo el mundo en el mismo saco… El colegio Marista tenía muy buenos profes, un excelente plan de estudios y el nivel de enseñanza era bastante alto y completo.
      Lo del Email (ya sé que fui yo quien espontáneamente te hablé de ello) he estado pensando que a lo mejor no es muy buena idea ¿que opinas? me refiero a lo que aconsejan sobre no dar darlo públicamente, no sé tío…tú mismo.

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  3. ahora es cuando me siento un poco raro al decir que yo me enamoré del de filosofía, no porque fuera especialmente guapo sino porque me ponía cachondo su mente y me fascinaba. Eso sí, el pobre era más hetero que otra cosa y como se pasaba algunas clases empalmado gracias a alguna compañera que el mostraba sus encantos me deleité la vista y retroalimenté algunas pajas en casa ante aquel portento del saber.
    Cuando nos decía “esto os lo tengo que meter en la mente” con su libro (que nos regaló el libro de texto a todos los alumnos por cierto) yo pensaba “ay, si sólo fuera eso” jejeje

    Espero el desenlace pero vamos que esta mañana ya veo que no soy el único que ha hizado el mastil.

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    1. jajajjaj.. tu profe (quien le mandaría ser hetero, mecachis) por lo visto no era consciente ni de su portento ni del alcance de sus regueros filosóficos 😀 Me encantó la escena que describes.
      El otro día me comentaste que una de las cosas que más te ponían era la inteligencia, la mente de un tío… me quedé pensando un poco en eso ¿tiene que ver con la sapiosexualidad, no?
      Ah, me encantan el libro de recetas de María Moliner (es que tiene nombre de eso) es especial la de pollo a la pepitoria. 😉

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  4. Es un diccionario muy salao jajaja es que en el cole mi profesora le daba mucho más patín que al de la RAE. Posiblemente algo de sapiosexual hay, siempre he dicho que lo que me pone más cachondo son las palabras y los cerebros, de hecho el de mi marido me hace plantearme hacerme zombie.
    Este profesor abultaba tipo plátano y siempre me imaginaba que en el departamento me hacía suyo jejeje

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