LA VISITA AL MÉDICO

Al contrario de lo que pudiera pensarse J.V.  llevaba muy bien el curso con excelentes resultados en todas las asignaturas. En aquel país donde viví hasta los 16 años, la comunidad europea no era muy grande y nos conocíamos prácticamente todos. J.V. estudiaba en un colegio para mayores, en cambio yo, aún estaba en la escuela para niños de los cuatro hasta los 12 años. Desde que le conocí no podía concentrarme en los estudios, mi rendimiento bajó considerablemente a pesar de que hasta entonces no había sido mal estudiante. Pero hubo algo peor, algo que hizo saltar todas las alarmas: estaba perdiendo mucho peso a pesar de que mi constitución siempre fue atlética y bien proporcionada. El poder de dominación tanto físico como mental al que me sometía J.V. hizo que perdiese el apetito y todo interés por la comida. Tengo que confesar y admitir que él controlaba mi dieta 

– “Quiero que estés siempre hambriento, pero hambriento sólo de mí. Como me entere que comes a mis espaldas de la paliza que te doy lo vomitas todo del tirón.¿Te queda claro? a las nenas como tú hay que controlarlas hasta en la comida, porque si comen lo que les gusta se vuelven desobedientes y caprichosas. Te traeré un bote de vitaminas, y te iré dando una cápsula que tragarás  cuando yo te lo ordene ¿De acuerdo? Además con mi leche ya estás bien alimentado.”


En efecto, sus órdenes surtieron efecto: no podía tragar nada, ni siquiera los platos favoritos que cocinaba mi madre. El truco que ideé consistía en colocar estratéticamente una bolsa de plástico en mis rodillas y y volcar en ella casi todo lo que había en el plato aprovechando un descuido de mis padres cuando estábamos sentados en la mesa viendo la tele a la hora del almuerzo o cena. Si por algún motivo no lograba mi objetivo y tenía que comer, al acabar y levantarme del asiento me iba al baño para vaciar el estómago. Me sentía indigno si comía algo sin el consentimiento de mi macho, sólo pensaba en él, quería obedecerle en todo. También me pidió que me mantuviese en absoluta castidad.


– Javi, no te hagas pajas cuando estés en tu habitación o en el baño. Te lo repito: nada de pajas ¿Me oyes? mírame: Aunque no te lo creas yo me daría cuenta si te has pajeado, así que ni se te ocurra engañarme. Te correrás sólo cuando yo te lo ordene, te digo desde ya que normalmente no me gusta que mis putitas se desahoguen a su voluntad. Tienes que aprender a controlar eso, o si no, te coloco en la pilila una goma elástica hasta estrangularte esos huevecillos de paloma que tienes. Quiero a mi maricón siempre ansioso y hambriento como una perra en celo. Además, si tú aún no te has desarrollado todavía, cabrona. Pareces una niña sin ningún vello en todo el cuerpo, y ni tan siquiera te sale leche del pito sólo un chorrito transparente como un pegamento ¿Para qué necesitas tú hacerte pajas
?

En eso también le obedecí pero algunas noches mientras dormía no pude evitar mojar la cama. Me despertaba asustado y cambiaba las sábanas para que mi madre ni mi hermano se enterase de que me había corrido en sueños. J.V. tenía razón:  yo aún no tenía leche en mis testículos, tan sólo me salía un líquido infantil y transparente. Sin embargo a él cuando yo estaba arrodillado a sus pies, veía como le brotaba del capullo en cada sacudida de su corrida, un surtidor de semen blanco, espeso, y abundante. Me encantaba esas últimas gotas de leche desbordándose desde la punta de la polla, para luego descender por el grueso cilindro de carne y acabar cubriéndole los huevos. Yo se lo lamía todo sin desperdiciar ni gota. Era mi alimento, y me sentía plenamente feliz por tener el gran privilegio de alimentarme de mi macho alpha, el dios supremo al que entregaría mi vida si me lo pidiese. Como él no estaba circuncidado, al bajarle la erección le chupaba delicadamente el prepucio subiendo y retirando la piel y acariciándolo con la lengua. Eso le encantaba.

Mi madre al ver mi delgadez optó por llevarme al médico para un reconocimiento completo. Me negué varias veces hasta que no me quedó más remedio que acompañarla. Estaba muerto de miedo por si el médico al desnudarme para su análisis viese algo raro sexualmente en mí y se lo dijese a mi madre estando ella presente conmigo en la consulta. El doctor no encontró nada fuera de lo normal, le dijo que me parecía a ella y que había sacado los rasgos típicos del país de mi madre que es holandesa.

– Javi, estamos muy preocupados por ti, hijo. Ya sé que estás en la edad de dar un estirón pero es que no comes nada, tu padre y yo siempre tenemos que obligarte a sentarte a la mesa. El doctor te ha recetado un complejo vitamínico y unos sobres con sabor a batido de fresa como complemento a las comidas.– Ya estoy tomando vitaminas en cápsulas. No necesito nada de eso. – ¿Qué vitaminas estás tomando, Javi? Ahora me estoy enterando, no me habías dicho nada.Me puse rojo hasta la raíz del pelo. Yo mismo me había delatado… empecé a temblar sin control y acabé llorando.– Javí ¿a ti qué te está ocurriendo? – insistió mi madre.– Nada, de verdad. No me ocurre nada, mamá. Me refería a las vitaminas que hay en la fruta.El médico que presenció toda la escena, obviamente al hacerme el reconocimiento le llamó la atención las muchas heridas, cortes, moratones, y marcas que tenía por todo mi cuerpo. Al referírselo a mi madre, ésta le respondió que me las hacía jugando al fútbol, Correteando en el acantilado de la playa o en las peleas de chicos propias de la edad. 

 Dime, chaval ¿Seguro que todas esas marcas y magulladuras se deben a todo eso que dice tu madre?

Asentí cabizbajo. No me creyó pero lo dejó pasar. Mis padres y el doctor se conocían lo suficiente como para saber que las heridas no eran producto de un castigo paternal o familiar. – Vigílalo por si acaso – le dijo a mi madre,. Y habla con sus profesores, ellos son los que mejor deben saber algo al respecto.La paga semanal que mis padres me daban los sábados, así como el dinero diario para comprar chuches, bocadillos o algún refresco, se lo entregaba íntegro a J.V para sus gastos y cigarrillos. Y si íbamos a un burguer, sólo me permitía comer de los restos que dejaba en su bandeja. También me apartó de todos mis amigos y compañeros. A la salida de clase debía ir directamente a mi casa, o esperar a que él viniese a recogerme en la puerta de la escuela que no estaba lejos del colegio donde él estudiaba. Yo vivía en un continuo estado de pánico por temor al duro castigo si desobedecía o incumplía alguna de sus leyes.En una ocasión, mi compañero de curso me ofreció su lata de cocacola para compartirla conmigo… J.V. me pilló desprevenido bebiendo cuando se acercaba a mí. Ante la mirada que me lanzó me oriné en los pantalones de puro terror.

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8 comentarios en “LA VISITA AL MÉDICO

  1. Triste que haya sido así. Espero que ahora estés en fase de recuperación y hayas acabado o casi hayas acabado esto. Yo también alguna vez me he sentido como un “objeto” cuando he quedado con algún tío. Mi “problema” (si es que fuera un problema) que tengo es que pocas veces he conseguido sentirme a gusto con un hombre mientras follábamos. Siempre era el otro quien se corría mientras yo “no podía” me quedaba a medias porque se me iba la excitación. A día de hoy, sigue pasándome, y tengo 20 años. Me he dicho a mi mismo que no debo irme, debo concentrarme y disfrutar del momento, ya que cuando siento “miedo” es cuando se me van las ganas de continuar.

    James

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    1. Hola, James… si sientes miedo y no estás relajado es prácticamente imposible que mantengas la excitación y disfrutes del momento. Deduzco que te sucede sólo durante la penetración, es eso? o ¿te pasa lo mismo durante “todo” el tiempo que estás con un tío? De todos modos, cuanto más te obligues y digas a tí mismo “debo concentrarme” “debo disfrutar” más te va a costar relajarte y disfrutar del momento, pasa lo mismo que cuando nos vamos a la cama nerviosos e intranquilos por algún problema y nos decimos: “tengo que dormir y descansar” “me quedan pocas horas para dormir” etc… ¿no te pasa que en ese estado es imposible conciliar el sueño?
      Ese “sentirse como un objeto” que dices me da a entender que te gustaría que el encuentro sexual con un tío no fuese algo tan mecánico y frío ¿no?

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  2. Sí, casi durante la penetración me pasa. Cuando empezamos a besarnos y eso siento mucha excitación pero cuando pasan los minutos, nos desduamos y pienso en la penetración ya se va :/. Y alomejor tienes razón, cuanto más me diga que debo concentrarme menos lo consigo. No me he dado cuenta si me ha pasado durante el sueño xD, me fijaré más la próxima.

    Y sí, es todo muy predemitado y no es algo que surja, sino que está planeado el encuentro con el tío y pues ya te imaginas lo que sucederá. Aun no he vivido algo que sea con alguien que “me guste” y que de verdad los dos nos sintamos agusto, no por ganas/falta de sexo, si no porque los dos queremos compartir “nuestro cuerpo”. Por eso me hace sentir que yo mismo quiero dar placer y no recibirlo (aunque sea yo el pasivo) xD.

    Eso sí, cuando el tío se va y yo me quedo solo, sino me he corrido, al momento puedo volver a ponérmela erecta mi pene y poder hacerme una paja, jajajaja. También lo he asociado a la incomodidad de compartir mi pene, no me acostumbro a que un hombre me la chupe así por así.

    James

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    1. Vaya por delante que yo no soy psicólogo, sexólogo, ni urólogo ¿Ok? jajjajjajajj… y doy por hecho que no tienes nigún problema manejando tu peneobjeto ni tu objetopene para disfrutar cuando estás solito en casa y meneártela.
      A ver, hay algunas frases tuyas que me desconciertan: “está todo premeditado, planeado el encuentro” “no he vivido algo con alguien que me guste”…. me llevan a pensar que te gustaría que el encuentro con un tío no fuese sólo una especie de desahogo mecánico sino que tuviese algo más de “emoción” y complicidad ¿no?. En mi caso si la situación no me resultase excitante ni morbosa te aseguro que me pasaría igual que a ti.. necesito que haya un estímulo, un chispazo de emoción no algo rutinario , pum pum yastá 😀
      Pero lo que me parece ya más significativo es cuando dices: me hace sentir que yo mismo quiero dar placer “y no recibirlo” y sobre todo lo de “la incomodidad de compartir mi pene”… dime una cosa: ¿disfrutarías en el caso de que te obligasen a actuar y a sentirte como “un simple objeto”? ¿Que “el otro” te usase únicamente para su propio placer sin importarle nada de lo que tú puedas sentir?
      James, sinceramente, me da muchísimo pudor hablar de todo esto (sin conocernos) y públicamente. Si acaso ta te paso mi mail ¿Ok?

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    1. Bueno, soy de los que piensan que el infierno siempre está en uno mismo. Digamos que estoy aprendiendo a convivir con las llamas y hogueras jajajjaj… también te digo que me he encontrado con algún que otro peasso de demonio que me ha llevado al puro éxtasis. 😉

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