CONFESIÓN 3

J.V. presumía de su pequeño esclavo ante sus amigos y compañeros, yo era su juguete, el ser cálido y sumiso con el que se desahogaba y le hacía sentirse poderoso y seguro de su masculinidad y liderazgo. Por mi parte tenía bien claro que jamás podía exigirle nada ni crearle problemas, acudir a él sólo cuando por una seña o mirada me lo ordenase. Me aconsejó y aleccionó como comportarme con mis padres y hermanos, así como con el resto de mis compañeros de curso. Me fue apartando de todo y de todos los que pudieran ejercer cierta influencia sobre mí. Él decidía mi tiempo, mis horas de estudio y deporte, así como con quien o no debía relacionarme.

Teníamos nuestros lugares secretos a los que me llevaba cuando sentía ganas de pajearse o, si estaba cabreado por algún motivo… decidía entonces descargar su furia conmigo. El ritual casi siempre empezaba con insultos, forcejeos, para luego agarrarme el cuello por detrás con su brazo derecho y estrangularme hasta la asfixia. A continuación me calentaba a bofetadas y cogiéndome por el pelo me obligaba a arrodillarme ante él para besar y lamer su paquete. Apretaba y refregaba mi cara contra su entrepierna sintiendo claramente como le iba abultando el paquete y rodear el cilindro de su polla con mis labios. Aspiré bajo la tela de sus vaqueros ese olor a macho alpha que embriaga, anestesia y te hace perder la razón y la voluntad. 

Arrodillado a sus pies veía su saliva apuntar hacia mi boca abierta que él sujetaba con fuerza con su mano y obligándome a tragarla sin rechistar. Aunque sus embestidas mientras le hacía una mamada eran cada vez más salvajes y frenéticas, poco a poco fui aprendiendo a controlar las arcadas y la respiración.

– Traga mientras chupas, maricón. Abre bien la garganta para que entre toda mi polla.

Cuando llegaba el momento de correrse, las primeras sacudidas de esperma las recibía sobre mi cara y, a continuación, el resto de su semen se derramaba sobre mi lengua y garganta. Ver tan cerca brotar su leche caliente y espesa del orificio de su glande húmedo y de aquel grosor tan enorme, me excitaba hasta la desesperación. Con la polla aún en su mano recogía los restos de su corrida y me los hacía lamer cuidadosamente para no desperdiciar ni una gota. Me encantaba esa mirada lasciva que me dedicaba desde lo alto.

– Mi pequeño maricón cada día lo haces mejor. Perdóname si me he pasado con los golpes ¿vale?. 

Rodeándome con sus brazos me daba un beso profundo e intenso… con su lengua lamía las heridas de mis labios y con mucha ternura volvía a besarme hasta tranquilizarme. 

– Javi, si alguien se pasa contigo o te hace daño, me lo dices ¿me oyes?. Si alguno de tus colegas tiene huevos de tocarte o insultarte, lo mato.

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2 comentarios en “CONFESIÓN 3

  1. De entre los posts que leí el primer día que entré en este espacio tuyo, he estado buscando este porque en parte ha sido el único -de los que he leído- en el que encuentro algo parecido a una justificación o una explicación a que pudieses dejarte arrastrar a una relación tan dura como esta.
    Y la explicación son esas últimas líneas: el abrazo lleno de ternura, el beso, la promesa de su protección. Quizás no eran más que una trampa para enredarte más en su red y asegurarse de que no ibas a salir corriendo, pero es de lo más bonito que he encontrado en tu relación con J.V.
    Nada de aquello estaba bien ni era -creo yo- saludable para tí, pero cuando leo eso me suena terrible pero hermoso.

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    1. Muy agudo tu análisis, amigo… ya sabes, si ya de por sí es dolorosa (según que caso) vivir una vida, más difícil aún es explicarla 😉
      Sin adelantar mucho sobre como acabó el asunto con el hermano claudio (colegio marista) puedes imaginar que aquello no tardó en hacerse público y, más aún, tratándose de una comunidad pequeña de personas que viven en un país extranjero. Me dejaron solo, señalado, sin el apoyo de nadie ni siquiera mi propia familia, marcado y estigmatizado para siempre… ahí es donde comienza mi relación con J.V.

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