CONFESIÓN 5

J.V. no perdía ocasión de humillarme delante de sus amigos – que al igual que él, eran cuatro años mayores que yo-  cuando al salir de clase me veía pasar frente a ellos. Aprovechaba la ocasión para mandarme a comprar cigarrillos, refrescos, y bocadillos que debía pagar de mi bolsillo. Cuando se los entregaba, me daba una patada para alejarme de él y sus colegas.

– Largo de aquí puto maricón. Nos das asco.

Mis compañeros de curso también se reían cuando me veían en esas situaciones, entendían que el comportamiento de J.V. para conmigo era el modo más “natural” que podía esperarse de un macho alpha respecto a su “chico”: los sumisos siempre deben mostrar respeto a los chicos mayores. Olmo, uno de mis amigos más cercanos, no cesaba nunca de repetirme: ”No entiendo por qué le consientes todo eso. Si se lo digo a mi padre seguro que puede hacer algo por ayudarte”.

– No, por favor… no le digas nada. Si se entera me matará a puñetazos.

Una tarde, casi anocheciendo, me llevó a uno de nuestros lugares secretos donde practicaba conmigo sus rituales de dominación. Se trataba de un rincón apartado del parque de los leones en el que unos matorrales servían de parapeto junto a la muralla del castillo. En esta ocasión le acompañaron tres miembros de su pandilla. J.V. me obligó a desnudarme y a arrodillarme ante ellos que tras sacarse sus respectivas pollas, empezaron a pajearse ante mis ojos.

-Ponte a cuatro patas y enséñanos ese culito, marica.

Él, como líder del grupo manejaba perfectamente esa situación de ordeno y mando. Se sentía poderoso ante sus colegas presumiendo de esclavo ante ellos. Colocó su zapas de deporte sobre mí, una pisándome la cabeza, y la otra sobre mi espalda.

– Dobla la columna y arquea el cuerpo, puta. Queremos verte bien ese coñito de perra que escondes entre las piernas. Fijaos en ese culito tan redondito y apretado que tiene. El día que lo viole va a sangrar como una cerda.

Escupió sobre mi agujero y con la punta de su zapa me pateó el culo ante las risas de sus compinches que seguían pajeándose y lubricando sus badajos con saliva.

– ¿Veis como tengo enseñada a mi putita? ven y chúpamela para que mis amigosvean como disfrutas  mamando, perra.

Cuando me acerqué a él a cuatro patas me agarró la cara la mano, forzó mi mandíbula hasta abrirme la boca de par en par y escupió dentro. Con su saliva cubriendo mis labios introdujo su enorme capullo, lo lubricó y desenfundó, y a continuación introdujo todo el cilindro de carne hasta el fondo. Me atraganté y tosí por la brutal embestida. Me abofeteó sin piedad.

– ¿Qué coño es esto, maricón? ¿ Acaso no te he enseñado ya cómo debes comerle la polla a un tío sin babear ni toser? me tapó la nariz y empezó a follarme la boca con movimientos rápidos y precisos. Sentí que me asfixiaba, tenía los ojos llorosos y me subía la sangre a la cabeza por la falta de aliento. Sus amigos disfrutaban con aquella escena de dominación animándole y jaleándole para que ejerciese sobre mí más crueldad y sadismo.

– ¿Qué pasa, eh? ¿Te gustaría chuparle la polla también a éstos, no? Dime, ¿Te gustaría tener cuatro pollas en tu boca? contesta, puta.

– Sí

¿Qué has dicho?

– Sí, amo.

Comenzó a darme puñetazos y patadas hasta que le supliqué que parase porque temí que me partiese una costilla.

– Te he dicho mil veces que a ti sólo te toco yo. ¿Te queda claro? sólo a mí debes mostrar obediencia y respeto. Con esta prueba a la que te he sometido me has demostrado que eres una puta capaz de irse con cualquiera. Con esta actitud has perdido todos los puntos que habías ganado.Te juro que lo vas a pagar caro en los próximos días.

Mientras me decía todo eso vi como su excitación sexual iba en aumento.. les dijo a sus colegas que se acercasen a mí y se fueran corriendo uno a uno sobre mi cara.

– Debes mostrar respeto y sumisión a estos tíos que son machos superiores a ti. Pero cierra la boca porque como te tragues una sola gota de sus corridas te aplasto la cabeza contra el suelo de una patada. Tú sólo tragas mi leche ¿entendido puta?

Asentí con la cabeza. Y pronto empecé a sentir sobre mi rostro los chorreones de semen caliente de cada uno de los presentes..con cada corrida, se me enturbiaron los ojos que ya los tenía llenos de lágrimas; me cubrieron todo el rostro con sus lefadas al tiempo que les oía gemir mientras se vaciaban por completo. Cuando le llegó el turno a mi macho Alpha, retiré de mi cara la capa espesa del semen vertido con las manos y le ofrecí la boca abierta de par en par…

– Ahora sí, perra. Ahora puedes tragar todo lo que quieras.

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