LOS SONIDOS DE MI GARGANTA, MÚSICA SUBLIME PARA SUS OÍDOS

Se levanta y al poner los pies en el suelo, se exhibe en todo su esplendor. Busca mi mirada mientras gateo aún somnoliento por las sábanas hasta llegar al borde de la cama embriagado por su olor a macho, y ante la visión de su poderosa erección matinal. No me atrevo a mover ni un solo músculo hasta que él ejecute una orden, chasquee sus dedos o me haga una señal con la mano. Estoy en ayunas pero sé que debo tragármela toda, es mi deber como subordinado beta obedecer a mi guerrero jefe y proporcionarle toda la devoción que se merece antes de irse a trabajar.

Es una auténtica lucha la que se produce en mi mente por controlar el reflejo del vómito por una parte y la desesperación por complacerle al mismo tiempo. Fuerzo al máximo la apertura de mis mandíbulas para introducirme su glorioso vergajo a la vez que empiezo a salivar profusamente. Con la succión se produce una especie de música al compás del golpeteo de sus huevos contra mis labios. Os aseguro que él no necesita emplear ninguna fuerza mientras folla mi garganta, sino que es mi propia hambre la que me empala directamente en su verga presionando el rostro contra su vientre y aspirando el delicioso aroma de su vello púbico. 

 

Estoy tan entregado a él que podría dar la impresión de que me está follando el cerebro ya que mi concentración es tal, que sería incapaz de pensar en otra cosa que en emplear mi boca, garganta, y lengua, para chupar, lamer y acariciar esa polla que entra y sale de mí llevándome al borde de la asfixia. Me he entrenado a conciencia durante muchas horas diarias con un dildo de silicona para aprender a respirar, a abrir al máximo mi garganta y aplicar fuertes y delicados movimientos de succión con mis labios. Pero a veces no puedo evitar que me broten lágrimas por el esfuerzo de tragar, y que mi cavidad bucal se desborde de saliva caliente… llegado ese momento, me agarra por la cabeza y la aprieta con fuerza contra su vientre; desea escuchar los sonidos guturales de mi garganta cuando empala su polla en ella. Es música sagrada para sus oídos, la agonía placentera de su chico beta que se asfixia entre sus manos, el canto de cisne que tiene lugar mientras me ahogo en un inmenso y delicioso lago de esperma.

– Javi, mírame.. abre bien la garganta no quiero hacerte daño. Esa vocecita dulce y rubia la tienes que conservar muchos años. Mírame, no dejes de mirarme, gatito.

Le entran ganas de mear. Me lleva asido por el pelo y gateando hasta el baño. Quiere que vea desde la posición en la que me encuentro arrodillado a sus pies, como brota su orina por el orificio del meato; es hermoso observar como se dilata por unos instantes para a continuación brotar de él, un surtitor de orina caliente y hormonada. Abro la boca dándole señales explícitas de mi sediento deseo, pero él me ignora mientras desahoga su vejiga… al final poco antes de vaciarse del todo, se apiada de mí y permite que saboree las últimas gotas en las que aún percibo rastros de esperma.

OLOR A MACHO

 No le hace falta amordazarme ni encadenarme para cerciorarse de que soy su siervo; él es un tío seguro de sí mismo y ello implica confiar plenamente en su “chico”. Algunas noches incluso me permite que me quede en su apartamento como estos días atrás que ha hecho bastante frío. Después de follar y quedar exhausto, le veo relajarse de las tensiones acumuladas durante la jornada de trabajo; es un momento crucial porque espero ansioso una señal o una orden suya… entonces, sonríe e interpreto que no quiere separarse de mí cuando extiende el edredón y me hace un hueco en su cama.

Mi piel pegada a su piel – ¿No es éste el mejor lenguaje? – no caben engaños ni mentiras, sobran incluso las palabras cuando me concentro en transmitirle bajo las sábanas el calor que desprende mi admiración por él, me aferraría desesperadamente a su cuerpo para salvarle si estuviésemos perdidos en un desierto de nieve y hielo. 

– ¿Tanto me quieres?

– No te imaginas cúanto..

Soy su perro fiel, y como tal, soy capaz de percibir sus feromonas y embriagarme aspirando su olor a macho. Es una facultad que tienen los animales muy desarrollada y que nosotros, por desgracia, hemos ido perdiendo evolutivamente. Una verdadera lástima porque lo más misterioso, lo más humano, lo más animal es el olor. Significa que tu físico corresponde al “otro físico”. En esa alquimia tampoco caben mentiras ni engaños porque a través del olor personal se establece un vínculo más allá de los confines de las palabras. 

Llenas mis entrañas de su esperma me tiene a su lado desnudo y en castidad ya que sólo él puede correrse, en cambio yo debo mantenerme hambriento y lleno por dentro. Me mira y sonríe; me nota indefenso y temeroso por eso permite  que busque la protección de sus brazos. Al fin y al cabo soy su esclavo ¿no? sabe que le pertenezco y.. ¿existe mejor prueba de servidumbre por mi parte que mostrarle mi debilidad y buscar desesperadamente su protección? 

 

Él pronto se duerme, es un guerrero fuerte y seguro de sí mismo que no se avergüenza de su rostro contaminado de sueño. Yo le observo y navego en su respiración como un pequeño barco en dirección a buen puerto.

 

RECUERDO ENCRIPTADO

El caballo es la belleza al desnudo, nació desnudo. Es la perfección de sus líneas y volúmenes lo que le hace parecer aún más desnudo, libre e indomable. Y fué el galope salvaje de un caballo quien despertó a Adán en la primera mañana del mundo con el trotar cadencioso de unos cascos sobre la hierba fresca y húmeda del paraíso. El sexo aún dormido del recién creado era como un niño que no sabía aún mentir ante el padre. No se puede mentir sobre lo que no se conoce y la forma del caballo contiene todo cuanto de divino le falta al ser humano. Aquel primer hombre quiso ser caballo – así se lo hubiese pedido yo al creador – antes de vencerle el sueño y la ignorancia. Un caballo dentro de mí se agita como el dibujo prehistórico de este animal en una gruta. Sólo cuando veo a otro caballo dibujado en el muro que con la luz trémola de una hoguera parece cobrar vida.. el mío revive y se inquieta. Pero tiene que ser un caballo alfa.

Es un lenguaje que sólo yo conozco. Tu piel junto a mi piel, sin signos ni alfabetos, eso es lenguaje.

Cuando era niño y vivíamos en África, mi padre nos trajo un caballo. Apenas se dejó domesticar pues con sólo agitar su salvaje cabellera nos recordaba a todos que su naturaleza rifeña era rebelde e indómita. Mi caballo no veía. Tal vez una furia incontrolada en su galope le hizo perder los ojos en las ramas profundas de la Gabba. Siempre alerta al menor rumor provocado por el viento en las hojas, al ululú de los chacales, a mis pasos y a mi manita temblorosa, mi caballo veía de alguna forma misteriosa.. veía fuera de sí lo que estaba dibujado dentro de sí, en esa gruta donde se crean y toman cuerpo y forma las palabras. Yo me relacioné de modo perfecto con mi caballo ciego. Me acuerdo de mí, niño, montado sobre su grupa o de pie con la misma altivez del caballo y pasando la mano por su agreste crin salvaje. Me sentía como si algo mío nos mirase de lejos. Son las miradas de “los otros” las que, finalmente, dan realidad a nuestros actos y emociones como las fotos que nos hizo mi madre con su polaroid. Así: “el niño y el caballo. Norte de África”.

Algunas noches era como un asombro en la oscuridad, un relincho de súbita cólera nos advertía. Me despertaba sobresaltado de la cama y me asomaba por la ventana que daba al cobertizo. Podía ver el aliento azul que salía de los ollares trémulos de mi caballo en esas madrugadas frías del Magreb. Me hubiese gustado nacer caballo porque más fácilmente hubiese encontrado lo que tanto necesitaba. Por los signos y por la pureza de las formas. Me hubiese gustado haber conocido a Marcus y corretear ambos en pos de mi caballo salvaje por la vastedad de la pampa argentina… Marcus sabe de animales, de tormentas y  lluvias. Otra vez hablo de lenguaje que sólo mi dedo escribe sobre tu piel con signos de escalofrío.

Mi caballo se volvió agresivo y violento con todos excepto conmigo. Mi caballo ciego asumió su vida y su arco de lluvia bajo ese sol africano. Un día desapareció. Agradezco a mis padres que no me mintieran con falsas excusas y cuentos estúpidos. Al igual que yo estaba llamado al sacrificio. Yo sabía que mi caballo era “peligroso” pero igualmente supe desde entonces que todo ser humano, al igual que un equino, es salvaje y arisco cuando manos inseguras le tocan.

PAJOTE EN EL METRO

Una de las muchas formas que él tenía de castigarme en público era entrar juntos en el Metro a hora punta .Me conducía al final del vagón donde el espacio era un amasijo de cuerpos apretados, anónimos y sudados tras una larga jornada de trabajo. Me obligaba a disimular ante los pasajeros que no nos conocíamos de nada, y si alguno de ellos (a veces sucedía) se me insinuaba y me metía mano, no debía oponer resistencia. Eso a él le daba morbo y le excitaba. 

– Si veo se trata de un buen macho como yo estás obligado a complacerle, siempre y cuando yo lo ordene y permita.

Antes de salir los dos de su apartamento con dirección al Metro, me introdujo en el culo un plug que aumentaba progresivamente de tamaño a medida que se apretaba una perilla que lo llenaba de aire. El plug estaba estratéticamente colocado en mi cuerpo al igual que una especie de arnés formado con cadenas de pinchos cubriendo mi vientre, caderas, ingles y muslos. Le oí susurrarme al oído:

– Te voy a follar aquí, puta, delante de todos éstos. Te voy a clavar la polla del tirón después de sacarte el plug que llevas puesto. Tienes que estar ya bien dilatado y caliente. Dime mariconazo ¿te follo aquí dentro? ¿lo estás deseando, verdad? y no te atrevas a gritar ni a insinuar algo porque sabes muy bien que llevo una navaja en el bolsillo. Me conoces bien.

Se apretó más contra mí y con una mano se cercioró de que el plug seguía dentro de mi agujero. Sentí su cuerpo aplastando contra espalda y refregándose como si me estuviese follando allí delante de todos. Apretó la perilla y el aparato aumentó de tamaño dilatando considerablemente mi ojete.

– Ahora, mírale los paquetes a los tíos. Disimula pero míralos imaginando qué se esconde debajo de esos pantalones… ¿Te gustaría ponerte de rodillas y comerle a polla a todos éstos, verdad maricón? Díme ¿te morirías por sacarles la polla y mamárselas, eh? Contesta: sí o no?

Yo estaba muerto de miedo, no me atrevía ni siquiera a asentir. La tensión y angustia que me provocaba el no descubrirle ante el resto viajeros y disimular al mismo tiempo que lo tenía pegado a mí, a él le excitaba muchísimo. Me metía mano, respiraba en mi nuca y seguía aumentando el tamaño del plug…. Apenas podía soportar el dolor en mi ojete.

 

Introdujo una de sus manos libres por debajo de mi chaquetón hasta alcanzar una de msi tetillas. La agarró y comenzó a manosearla para después pellizcar el pezón con fuerza. Gemí sin poder controlarme. Clavó el puño en mi costado para que callase y no hiciese ningún sonido a pesar de que él sabía que esa era una de mis zonas más sensibles y erógenas. Apretó aún más las caderas y muslos sobre mi culo y continuó pellizcándome los pezones.

Los esclavos como tú tenéis tetas ¿lo sabías? os van creciendo día a día porque generais hormonas para complacernos a nosotros, vuestros machos. A ti se te están poniendo como las de una niña en pleno desarrollo, y los pezones cada día los tienes más grandes y rosados. Estás deseando que te desnude ahora mismo y te folle a lo bestia, ¿a que sí puta?

Me costaba controlar la respiración y el pulso. La sangre bombeando mi cerebro me encendía la cara y los labios. Mi excitación comenzaba a ser evidente. Un chico de unos veintitantos años con aspecto de estudiante y mochila al hombro, el más cercano a nosotros en la parte trasera del vagón, se dió cuenta de lo que sucedía. Con un recorrido rápido y veloz de sus ojos sobre mí, me dió a entender que sabía lo que me sucedía. Sonrió disimuladamente y desvió la mirada.

– Roza disimuladamente con dos dedos su paquete. Si se cabrea o monta una escena ya sabré yo como echarle la culpa a él y cortarle en seco.- susurró mi amo al oído.

Cuando le acaricié levemente el paquete, el chico quedó paralizado por unos instantes pero no se inmutó. Tras su asombro inicial, noté que se acercaba aún más a mí y con una de sus manos condujo la mía hasta su polla que ya la tenía gruesa y turgente.

– Sácale la polla del pantalón y pajéale como sabes hacerlo- ordenó mi amo.

El estudiante se acercó aún más e intentó tocarme el culo, pero mi dueño se la apartó de un manotazo.

– Tócale los huevos, acaríciaseos suavemente. Como tendrás la mano húmeda por el fuído de su nabo, llévatela a la boca y haz como si bostezaras. para disimular. Lámete la palma para que él lo vea, y luego sigue pajeándole.

Así lo hice. El chico se estremeció al sentir que mi mano ensalivada le lubricaba la polla y le proporcionaba más placer  aún. Arqueó el cuerpo y tras unas sacudidas vació toda su leche en mi mano. Quise llevame la mano a la boca para saborear ese semen caliente y espeso, tragármelo… pero la voz a mi espalda me amenazó:

– Como hagas eso te mato aquí mismo. Tú sólo tragas mi leche no sé ya como decírtelo. A ti únicamente te toco y te follo yo ¿entendido? Te uso para mi placer y para humillarte ante los otros porque eres una puta, un objeto que uso a voluntad. ¿Tienes ganas de correrte?

Asentí con la cabeza.

– Mírale a los ojos y córrete para que él se de cuenta.

Busqué su mirada y me dejé ir.. tuve un orgasmo intenso desde la nuca hasta la punta de los pies mientras una corriente de placer hacía vibrar eléctricamente mis pezones. Durante mi corrida miré al chico para que contemplase cómo se me abultaban los labios y se me encendían las mejillas hasta sentir mi esperma fluir dentro de mi pantalón.  El chico estaba extasiado sin dejar de mirarme,

y aunque ya se había corrido antes en mi mano, me la condujo de nuevo a su paquete para demostrarme que otra vez estaba excitado. Cuando lllegó su parada descendió al andén, giró la cabeza y me sonrió. Creí leer en sus labios un “muchas gracias” y desapareció entre los viajeros. Me hubiese encantado – de ser libre – bajar también al andén y correr tras él para besarle. Era guapo y de mi edad, me hubiese gustado ser su amigo y tomar un café con él. Mirarle a los ojos y sonreñirle, con eso me hubiese bastado para ser feliz. En esos momentos sentí unas ganas inmensas de llorar con esa energía propia de los esclavos.

CONFESIÓN 7

 

Como esclavo sé que además de trabajar y cuidar mi cuerpo, debo cultivar mi imaginación e ingenio. La imaginación es el aguijón de los placeres, ella lo dirige todo, es el móvil de todo ¿No es a través de ella como experimentamos las más excitantes voluptuosidades?. Pero para que esto se produzca, mi mente hambrienta y deseosa por complacer a mi dueño debe estar libre de prejuicios, sólo una cosa rige mi pensamiento: hacer feliz a a mi amo y complacerle al máximo.  Y lo que es más sucio, infame y prohibido es lo que más le excita y le hace eyacular del modo más delicioso.

 

Él es el único hombre superior capaz de apagar con olas de esperma el divino fuego que inflama mis adentros. Sentirse libre del riesgo de procrear (para ello ya tiene su novia, su chica o la madre de sus hijos) y contrariar de este modo lo que los ignorantes e imbéciles llaman “las leyes de la naturaleza”, el sexo es algo que está lleno de encantos y excitación para el macho alpha que necesita dominar y llevar una vida sexual muy activa.

 

Algunas veces  (cuando mi pene está enclaustrado y reducido en la jaula de castidad) mis muslos cerrados sirven también de refugio para acoger su grueso cipote  ofreciéndole un suave y cálido reducto  donde su semen se derrama sin ningún riesgo. Cuando lo hace suele mirarme fijamente a los ojos mientras siento su cálido mananatial de semen esbalar por el estrecho canal que forman mis muslos apretados. Su mirada amenazante me avisa: “yo soy aquí el único hombre, por eso he encerrado con llave tu pollita dentro de una jaula de castidad y la he convertido en un abultado clítoris permanentemente hambriento de mí, de tu macho que controla tu mente y voluntad  para mi único placer”. Las prácticas y métodos que un sumiso como yo, enamorado hasta la desesperación de su amo, son variadas e infinitas. Diez mil noches, diez mil días… la eternidad entera no bastaría para llevarlas todas a cabo.