EL INICIO

Yo tenía tan sólo doce años y él, – mi verdugo – dieciséis. Hacía todo por esquivarlo y huir cuando le veía a cierta distancia rodeado de sus colegas. Un día, me esperó a la salida de clase y no pude escapar a tiempo a pesar de que siempre estaba en alerta; torciéndome el brazo me condujo a un recodo apartado de la calle. Agarró mi cara apretando el puño y tras acercarse lo suficiente como para ver sus ojos enfurecidos y sentir su aliento, me dijo: “como vuelvas a escapar de mí, te reviento a patadas. Desde hoy me perteneces y eres sólo mío. Si te portas bien y me obedeces, te protegeré.”

 

Él era, sin duda, el jefe de su pandilla, el chulo que ganaba todas las peleas y al que todos respetaban. Al igual que la mayoría de sus colegas, él también tenía “su chica” a la que trataba y protegía con cariño y afecto. En cambio, yo debía estar siempre a su sombra y comportarme de modo discreto y sumiso para no provocar su ira y violencia. Pronto empezó a pedirme favores y conseguirle dinero para sus cigarrillos, bebidas, y caprichos. Todo lo que me daban mis padres para mis gastos diarios se lo daba a él. Estaba obligado a obedecerle ciegamente. No era capaz de mirarle a los ojos sin ponerme a a temblar.

– “No eres chico ni chica, eres un ser inferior a mí y a todos los que hemos nacido verdaderos machos. Si de ahora en adelante quieres sobrevivir tendrás que someterte por completo a mi voluntad”. Una noche en un rincón apartado del parque, me obligó a que todos sus colegas ensayasen conmigo como se debe besar en la boca a una chica, y también a manosear las tetillas pellizcando los pezones. 

– “Compórtate como una de ellas, puto maricón” .

Cuando llegó su turno me agarró por el cuello y me abofeteó delante de todos sus amigos. Luego, apretando mi mandíbula con su puño me dijo: “ Abre la boquita y relaja los labios”. Del dolor pasé al placer cuando sentí su boca abarcando mis labios y su lengua entrando húmeda y caliente… cerré los ojos porque era incapaz de sostener su mirada.

– Disfrutas con esto ¿verdad maricona? ya te iré enseñando cosas para tener contento a tu macho. ¿Quién besa mejor de todos éstos? le dije que él. Después, me abrió la boca para escupir dentro y me arrojó al suelo de un empujón.

 

Cuando llegué a mi casa fuí directamente a mi habitación y cerré la puerta. Me arrojé sobre la cama y enterré la cara en la almohada para que nadie pudiese escuchar mi llanto entrecortado y angustiado. Me dolía la garganta y aún notaba el sabor de su semen en mi boca. Me costaba tranquilizarme, no cesaba de temblar incapaz derespirar con normalidad. Estaba asustado por la experiencia que acaba de tener y por el miedo a que mi familia se diese cuenta de mi nerviosismo y empezasen a preguntarme qué me pasaba.

Fui al baño para comprobar que no hubiese nada en mi aspecto que levantase sospechas. Tenía los labios doloridos y un poco irritados por la fuerte mamada a la que me sometió J. V. y los pómulos enrojecidos por las bofetadas que me propinó.

– Dúchate antes de cenar. Le escuché decir a mi madre.

Recordé que J.V. me dijo al despedirnos: “Cuando llegues a casa no te laves ni te duches. Quiero que te metas en la cama oliendo a mi con la mezcla de tu saliva y mi leche que se ha derramado sobre tu cuello y camiseta. Quiero que te acostumbres a mí y me huelas como un perro fiel.” 

Abrí el grifo de la ducha y dejé correr el agua. Me pasé un dedo húmedo por mi cuello y saboreé el rastro poderoso de mi amo.

 

 

 

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