CAR-di-NAL

 

 

Yo haré de ti un continente

un sólido territorio sobre el cual

nuestras voces

mecerán las copas de los árboles,

y dibujarán simulacros de nubes

en el aire.

 

Nubes que semejarán a cuerpos

de amantes perfectos.

– Ven sin equipaje, no lo necesitas –

Yo no te voy a pedir ni exigir nada.

Tampoco te asustes,

llevo bastante tiempo ensayando

ser tu fiel durmiente.

Conozco el peso exacto de tu brazo

la curvatura de tu hombro

el fluctuar incesante de tu respiración

y ese dulzor pegajoso de tu esperma.

 

“Me da la impresión de conocerte desde siempre

y sin embargo,

tu encuentro ha hecho saltar mi vida

en mil pedazos.

Yo sabía que tarde o temprano

íbamos a coincidir.”

 

Tu cuerpo

una estrella de cinco puntas imantadas

una brújula

de la que no puedo escapar.

 

El Norte es frío

pero propicio para susurrar sobre tu hombro

palabras de amor,

mi verdad más honda y mis confesiones más sinceras.

Siempre habrá noche en el Norte

y en tu frente

crecerá el musgo aterciopelado de azul.

Te amo Norte

te amo desesperadamente.

 

El Este lo señala tu pecho amplio

trenzado de músculos y sierpes

que aprisionan mis cabellos.

Es el reino del sol, evidencia absoluta

voz de leones machos

ante los cuales, me gusta permanecer callado.

 

El Oeste, en cambio

es un desierto de arenas movedizas

que se deslizan por mi espalda

hacia los muslos.

No se oye nada excepto tu respiración

que levanta tormentas de arena y polvo,

lágrimas capaces de hacer brotar oasis

lagos inmensos

y vergeles frondosos.

 

El Sur

lo marcan nuestros pies como agujas imantadas

que vibran

con el calor de soles negros

y carbones encendidos,

moscas pegajosas

que nos impiden conciliar el sueño.

Nunca jamás te pediré una prueba de amor

en el Sur

y menos aún, que camines descalzo

por el fuego, por el aire.

 

Javi Dubois

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CUENTA ATRÁS (un poco impertinente, bastante nervioso por el viaje hacia el Hielo Norte )

HABITANDO ESPERAS Y ESCALERAS

Me estrello a menudo con la realidad, con la vida de los otros. Pero ¿cúal es mi propia realidad? no veo lo mismo que los demás, no presumo que sea mejor o peor, pero no es lo mismo. A estas cuatro fotografías nada les une ni nada tienen en común y, sin embargo, para mí pertenecen a una misma melodía, una especie de jazz urbano ¿por qué? las he pasado a blanco y negro porque lo que me transmitían sus colores era algo insufriblemente hermoso. Os juro que nada invento, de alguna manera todo está dentro de mí. Cuando saboreo y me trago el esperma de un tío me llevo todos sus minerales, amores y victorias, pero también sus miedos e inseguridades. Al fin y al cabo, la vida no es más que una digestión tras otra. No me juzguéis, cada cual busca donde puede y desea las proteínas necesarias.

– ¿Por qué sabes tantas cosas de mí si apenas te he contado nada de mi vida?

– Por tu sabor.

¿Le estaba hablando a ella? Nunca lo supe. Mientras tanto, él fingía canturrear, así hace el viento a través del marco de una ventana.

– ¿No dirás nada, verdad?- le dijo él antes de marcharse.

A ella le entró ganas de reír porque había días que después de follar toda la noche con él, amanecía sin conocer las palabras. Mejor así. Decir ¿qué? y ¿a quién? si en el fondo él deseaba que todo el mundo lo supiera. ¿Por qué si no finge que me espera al final de la escalera?

La última vez que le alejé de mi vida, me estrechó contra su abrigo.

Es un milagro haberme desnudado de su vida. Pensó ella mientras le observaba desde la ventana del séptimo piso.

Es elegante en su espera. No tiene prisa. “Yo era el muchacho más apuesto de la escuela”, me cuenta, impasible, a sus casi setenta años. “Si el corazón tiene música, se es joven para siempre.”

Está tanteando la lluvia y escuchando un leve acento áspero que ladra como la tetera de té que su mujer coloca sobre la estufa. Son dos lluvias las que escucha pero su oído experto las descodifica.

– No te lleves el paraguas, no lo necesitas- le dice su esposa cuando le ve salir de casa.

Él sabe esperar y ser elegante sin su paraguas…

El sol

será hoy

un blanco suplicio en el cuello de su camisa.

Como su abuelo le enseñó, no demuestra  impaciencia, prefiere exhibirse, mostrarse… iluminarse en su espera.

Aquí empieza tu música, chaval.

La memoria insegura de tus ancestros reúne el ritmo de las notas como a un rebaño tembloroso.

Pero sabe contenerse no mueve sus inmaculados zapatitos blancos. Y el estrépito de la calle, las estúpidas bocinas de los coches y las sirenas de los bomberos, se convierten en lamento.

La ciudad se burla de los pasos nuevos, de los zapatos de charol, por eso él no quiere moverse y sabe esperar como una fuente a la que gota a gota le falta la voz.

Éste es tu momento, chaval, extiende los brazos: una lluvia clara lavará tus heridas aunque tu abuelo no traiga hoy paraguas. Que empiecen a bailar tus zapatitos blancos como el pespunte de una maquina de coser sobre el asfalto. Suelta los hilvanes y cósete a mi corazón de lino.

 – Un hombre solo. Un hombre libre – canta la mujer ligera y leve, la mujer plumón de ave.

La oscuridad se retira, el teatro se enciende.

Sobre el escenario urbano, iluminado, soliloquia el príncipe mientras los cortesanos escupen sus frustraciones y envidias en la sombra.

Así como se apresura el viento por estrechas calles y parques.

Así como las lechuzas reconocen los campos por la noche.

Un hombre solo. Un hombre libre. ( la letra de la canción la escribí para ella en una noche de borrachera).

La espera desnuda. Los dos sabemos qué es eso. Y si hay soledad, algo mágico destilarán esas lágrimas púrpura en el mejor bourbon.

La imagino actuar. La veo brillar, yo cosí una a una todas las lentejuelas en su vestido, las recorté de una lámina de acetato. Parecen escamas de jurel y lágrimas de sirena.

Sobre el anillo, el mechón de pelo, surje la voz melancólica y ronca,  la sonrosada dentadura de la protagonista cuando abre la boca para cantar la letra que escribí para ella.

Al amanecer, los gorriones seguirán ensuciando los aleros de las ventanas y el martirio de ella será lento y hermoso.

El abrigo sigue colgado en el perchero de la puerta. Él no se fue, le dejamos que se fuera. A ella y a mí nos ponen y excitan los hombres libres. Nos dejó su abrigo, sin embargo. En el bolsillo hay una nota para nosotros que el bourbon nunca nos permitió leer de regreso, de madrugada.

Las dos somos putas y estamos casi siempre borrachas.

UN GRAN FRÍO, UNA ATROZ ABSTINENCIA

 El ojo queda fascinado por las cualidades del color, se excita como el paladar con un manjar picante. Del mismo modo que al tocar el hielo sólo se siente el frío físico y esta sensación se olvida cuando se calienta de nuevo el dedo, así se olvida también el efecto físico del color cuando el ojo se aparta. Pero a mí me pasa algo extraño: el cielo me fluye por las narices como una leche nutritiva y azul. De niño ví la llama, el resplandor del fuego puro, me sentí atraído por la llama, quise tocarla, me quemé, sentí miedo y respeto por ella. Y el fuego se quedó dentro, en la carne. Por eso se me da mejor calentarte las manos que decirte te amo.

El fuego que aleja la oscuridad, alarga el dia, calienta los cuerpos, prepara la comida y hace gozar a los amantes.. Tuve la suerte y el privilegio de nacer y vivir en una tierra donde crecí al calor y abrigo de diferentes culturas y religiones. Aprendí a respetarlas y admirarlas de la mano y el cariño de sus gentes. Somos hijos de nuestro paisaje y él nos dicta nuestras emociones para siempre.

Sabor del color, el sol con un traja de lamé dorado,las nubes de especias, los dulces en las ventanas.

Calor, tu mirada, bajo la ropa, el aire templado del Atlántico, tu polla clavada en la arena.

Olor, el recuerdo vivo de tu ausencia.

El sonido estridente del amarillo duele a la vista más que que el tono estridente de una trompeta al oído. Cierro la boca para imaginar el sol de mediodía… mi lengua sabe a cúrcuma ácida y asfixiante. Es esta necesidad interior la que me lleva a ti: pura intuición. Pura superficie.. ¿Pero hay algo más profundo que la superficialidad? debajo de este colorido flotante nuestros pies pisan la ciénaga.

El verde es como una vaca, gorda, sana e inmóvil, que rumiando contempla el mundo con ojos adormilados y bobos. Puedo oler sus excrementos sobre los helechos del acantilado. Han comido tantos lirios silvestres, tienen las ubres tan hinchadas, que van dejando un sendero lácteo sobre la hierba violeta. A través de la mezcla de amarillo ha entrado en juego una fuerza activa, adquiere otro matiz: se hace grave y pensativo… se hace azul. Y celeste: ese cielo del que no quiero nunca más desprenderme.

Mis ojos descansan.

El color rojo no tolera el frío, pierde su sonido y sabor. El color rojo arde, pero en sí mismo, le falta el carácter demente del amarillo

Cierro los ojos. Oscuridad. La nada anterior al comienzo, al nacimiento. quizá la tierra sonaba así en los tiempos blancos de la era glacial. Allí quiero ir en agosto…a un país de hielo, a ofrecer mi culo pequeño y redondo, imberbe y rubio, al guerrero Norte. Que me lo destroce y haga sangrar como un bebé foca sobre la nieve

El color negro suena como la nada sin posibilidades, como la nada muerta después de apagarse el sol, como un silencio eterno sin futuro y sin esperanza.

Quítame ese hilo de agua de tu lengua, te he abierto ya mis dos hemisferios, injúriame por dentro.

GOOD BOYS ALWAYS LOOK FOR APPROVAL

Llego a casa, enciendo el televisor y oigo fugazmente la noticia: “el chico adolescente disparó contra su hermano también menor de edad causándole la muerte”. No me ha dado tiempo a pillar el hilo argumental del programa. Estoy ante una historia sin principio como lo han sido la mayoría de mis encuentros. Creo deducir que el hermano mayor sometía a su víctima a severos castigos llegando incluso a la agresión sexual. Me sobresalto cuando suena inoportunamente el fijo de casa, lo que me obliga a bajar el volumen del televisor. Al parecer, el chico asesinado – sin decir nada a su hermano mayor – había conocido a su amigo en un chat y tras hacerle cómplice de su situación familiar mantuvieron durante un tiempo una relación virtual, y  posteriormente, tras largas conversaciones telefónicas se enamoraron.

– ¿Estás ahí? 

– sí, si.. perdona. Me has pillado haciéndome la cena. Tengo un filete al fuego.

Habían concertado su primera cita para ese sábado. El ilusionado joven se había imaginado a su salvador como un héroe porque le había dicho que para la ocasión se pondría unas Nike de la talla 48. Saber que su amante tenía los pies grandes le daba confianza al pobre chico.

– Estás haciéndote una tortillita ¿no?

– sí , si.

– ¿Con una sola mano?

-¿Qué ciencia hay que tener para batir dos huevos?


Cuando en el juicio le preguntaron al agresor por qué disparó contra su hermano, sólo se limitó a contestar frío e impasible: “No lo sé. Mi hermano buscaba algo, un destino. Somos negros, en mi familia no tuvimos nunca nada de eso. Además se había enamorado de un extraño”. La conversación me aparta de la historia. Me pierdo el final si es que puede tener final una historia que llegó a mí sin principio. No tengo ganas ya de cenar ese filete que se ha cocido como la suela de un zapato. Y la tortilla nunca existió porque eran mis impacientes dedos tamborileando el bolígrafo.

La historia ya estaba en mí, inevitable: ¿Quíenes eran esos dos chicos? Los dibujo en un trozo de papel e intento imaginar algunas de sus conversaciones. Grabo un audio locutando las dos voces del diálogo, pero siento la presencia del enfurecido hermano en busca de los amantes. Viene hacia mí con la polla negra en una mano, y en la izquierda un calibre 22 aún humeando. Los Alfas son ejecutores, lo sé, pero éste paulatinamente muda de piel y se va convirtiendo en blanco hasta parecerse a mi propio hermano. Detengo la grabación, y tras unos instantes de angustia, decido borrarla.

Ese día, entre los dos el aire tenía gusto de sábado. Era su primera cita, nunca se habían visto antes. Y de pronto los dos eran raros, la rareza en el aire. Ellos se sentían raros, no formando parte de las mil personas que iban por la calle. Ahora, los dos a veces eran cómplices, tenían una vida secreta que nadie comprendía. Y también porque los raros son perseguidos por la gente que no tolera la insultante ofensa de los que se diferencian. Dos chicos negros disimilando su amor para no herir a los otros con la envidia. Para no herirlos con una estrella demasiado luminosa para los ojos de los vecinos.

Y de repente, un disparo. Se acabó. Sorprendentemente sólo unas gotitas de sangre sobre las enormes Nike del gigante que no tuvo tiempo de detener al agresor y salvar a su amante…..en el último suspiro, la víctima quiso aferrarse  a aquellos pies grandes como quien besa un suelo sagrado.

CRISTINA MECA – “BY MY ANGEL”

Tras varios años inmersa en tierra yerma y cuarteada por la sequía emocional, bastaron cuatro gotas para que la semilla sonmolienta iniciara el despertar del árbol. Hambriento devoro ahora cualquier poema que me licúe el alma. Es por eso que Cristina Meca me acojona, me acojona de verdad. Su poesía me sesga el cuello de lado a lado con las afiladas agujas de una brújula instalada en el corazón. Curiosamente, no es hacia afuera sino hacia dentro, toda esa sangre que emana de sus versos; y yo – que me lo trago todo – saboreo con deleite hasta la última gota. Cristina Meca me mata, me mata de tanta verdad.

La puedes encontrar AQUÍ

BY MY ANGEL

Regálame flores, hazme llorar, que me sienta bien la tristeza que me traes. Dame besos en los dedos, no quiero mojarme en esa saliva dulce que has comprado en otra boca. Méteme ese dedo por debajo del alma, deja que compruebe a qué día de la semana hueles. Me gusta esta versión de ti en la que todo parece tragedia.

Tócame el pelo. Trae contigo ese elegante color granate, trae tus manos, devuélveme mis vestidos.

Hay algo de angelical en tus charcos, algo de oscuro en tus luces, hay algo de dolor en tu belleza y hay armonía en tus miedos.

Rózame esta tela que cubre lo que soy; decórame. Prepárame un baño de ideas, de cosas dulces, háblame de lo perverso, de la lluvia y el oro; háblame de todo lo que tienes, arráncame lo que te falta.

Quiero que cosas tus dedos a los míos con hilo color carmesí, quiero que escribas enredaderas encima de mi.

Mi ángel, lléname el cuerpo de naturaleza, que hace un día horrible, que hoy no brillo nada. Cúranos de esta belleza que nos duele tanto dentro, cúranos de tanta humanidad.

¿Sabes? No recuerdo qué colores tenía el mundo antes de ti. Léeme una novela en la intimidad, una que hable sobre ratas, ratones y gotelé.

Yo quería ser una obra de arte pero sin dolor, y eso no es posible; ahora lo sé.

Por eso tú dueles tanto, por eso me muero contigo con tanta intensidad. Me muero tan de verdad…

RESPIRACIÓN Y VIDA

“Algo grande está a punto de pasarme: voy a amar mucho a alguien…”
– Jack Kerouac

Mamá y su novio se fueron muy de mañana a Grazalema para huir de este puto calor asfixiante; cuando fui a mear a eso de las seis y media, les vi desayunar en la terraza. No me llamó porque me viera ir desnudo al baño, sino porque los dos, tanto mi madre como Eliah, saben que Ales y yo hemos follado en mi habitación. Toda la noche. Ella es tan escandalosa como yo follando, así que no se le ocurra decirme nada. De una rápida ojeada, ha visto que no llevo marcas, mordiscos en el culo, sangre ni heridas visibles.. y se tranquiliza.

– good morning, sweet boy

– morning, Eliah

– Javi, tienes que sacar al perro

– Vale.

Ocurre que es domingo y salgo a pasear con Tíbet, mi fiel y amigable perrito. Yo en bici y él a un gracioso trote, llegamos al parque aún desierto e inamimado a estas horas de la mañana. Tras jugar y corretear un rato con él me tumbo sobre el césped. Para miticar el vapor sofocante bajo la copa de los árboles, una fina y encantadora lluvia de riego humedece una gran parte de la superficie vegetal . Tíbet se extraña de verme tendido sobre la hierba húmeda y decide averiguar si estoy dormido. Noto su patita golpeándome el brazo; sonrío con disimulo con esa felicidad tonta de quien saca a pasear su ropa de domingo. Está muy cerca de mi oído y le escucho jadear. Una respiración vibrante y alegre que me contagia de euforia con su compás, es simplemente ritmo.

La mayor parte de las cosas que hacemos, y de las cuales depende en buena medida nuestra felicidad son sólo una cuestión de ritmo, esto es, de pulso, de respiración. Por ese motivo resultan tan acertadas expresiones del tipo perder el pulso de la vida, respirar con el mundo, frases hechas que además del lugar común encierran una honda verdad espiritual. Hay que tomarle el ritmo a cualquier asunto, y hasta que no lo conseguimos hacer estamos listos. Una mirada, un poema, tienen su respiración, y si no acompasamos nuestra respiración a la suya, por lo que sea, lo abandonamos o nos abandona. Sucede lo mismo con una ciudad, un clima, o un amor. Al regresar de un viaje nos sentimos deshabitados por la ruptura violenta de un ritmo que ya habíamos adoptado como propio, y durante los días posteriores necesitamos respiración artificial, aire idéntico al anterior bajo la especie de conversaciones que relaten lo vivido en el viaje, fotografías, hasta que de nuevo el aire habitual de nuestra ciudad nos hace sobrevivir sin melancolía, o con melancolía, porque de algunos viajes como de ciertos amores uno ya no se recupera nunca, de ciertos viajes y amores se permanece esclavo para el resto de la vida. Lo único que me gusta de esta ciudad es el carril bici

Todo es cuestón de ritmo y, si perdemos el compás, la vida nos convierte en pobres diablos. Así de sencillo, así de claro y así de triste. Hay quien no lo alcanza jamás , y por ello la vida se le hace insoportable, como un baile estúpido al que nos obligan y en el que alguien estúpido y molesto nos pisa continuamente.

Es la respiración y el ritmo de Tíbet quien me hace levantar del suelo y a bromear con él. Se trata de un baile simple y primitivo, irracional. De una palabra a la otra, de un gesto a otro, lo que digo se desvanece. Sé que estoy vivo entre dos paréntesis… la danza de un hombre con su perro.

.- illo, a ver si cambias de camello.. te va a dar un jamacuco…¿me dejas darte un paseo en tu bici tú delante y yo detrás?  jajajaj. qué guapo el perrito. – escucho decir a un grupo de chavales.

Pero no pierdo el compás, no quiero perder el ritmo de la vida. Dios me libre de desacompasar mi respiración a la de la vida, de perder el pie en el estribo de la existencia, y, por consiguiente, el equilibrio; de olvidar el pie forzado que debemos cantar para no volvernos locos, porque es la contraseña de la puerta de la alegría.

Aquí, quien no hace pie se ahoga.